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Negociaciones 2025: Claves para Elecciones Credibles en Venezuela

Negociaciones 2025: Claves para Elecciones Credibles en Venezuela

Ante el próximo inicio de las negociaciones entre la comisión de la Asamblea de 2015 y la de 2025, corresponde proponer algunos criterios orientadores. Son bastante obvios, si bien se les mira, pero nunca está de más traerlos a colación. Todo ello en el entendido de que el objetivo de esas negociaciones es la realización de unas elecciones creíbles, en un plazo válido para la colectividad venezolana, mayoritariamente deseosa de un cambio político democrático y legítimo.

Un primer y cansón punto a traer a escena es que el objetivo de las autoridades interinas es retardar cuanto puedan el logro de acuerdos concretos relativos a la realización del objetivo mencionado. Distracciones, dilaciones, desvíos, adición de puntos de discusión, puntos previos, puntos de orden… todo es válido a los efectos del retardo de marras. En cierta forma, y para decirlo bruscamente, mientras más puntos tenga la agenda, para ellos mejor.

De allí deriva una consecuencia: la agenda que hay que poner sobre la mesa debe estar, en lo posible, reducida a los puntos esenciales que hagan posible la realización de unas elecciones en condiciones, seguramente no ideales, que aseguren su credibilidad. Este es un punto delicado. Se han ido amontonando insatisfacciones y demandas colectivas referidas a las irregularidades acumuladas en los procesos electorales que hemos vivido. Esto conduce a una agenda muy amplia, cada uno de cuyos componentes es perfectamente legítimo, pero cuya suma le daría a las autoridades interinas amplias ocasiones para ejercer sus estrategias dilatorias. De esa cabuya los venezolanos tenemos un rollo.

Lo delicado del punto está en lograr un equilibrio entre una agenda práctica, que reduzca las ocasiones de dilación, y las aspiraciones establecidas en la opinión vigente de las mayorías democráticas del país. Es posible que haya que dejar de lado algunas de esas aspiraciones, digamos «máximas», en aras de llegar, en plazos prácticos, a los acuerdos necesarios y a su realización. En todo caso, no debemos olvidar el telón de fondo: mediante organización propia, en las elecciones de 2024, en las peores condiciones posibles, se ganó por paliza.

Hay otro punto delicado que manejar. La forma en que el gobierno estadounidense ha puesto en marcha estas negociaciones ha implicado decisiones que han colocado en una posición incómoda a factores determinantes de las mayorías democráticas del país. Hay, pues, que manejar esas tensiones —sean reales o aparentes— con realismo, contando con que las realidades fundamentales están del lado del cambio y de la principal dirigente que lo encarna, y que no sería de perdonar que el no saber manejar tensiones circunstanciales echara por la borda un intento que, hasta nuevo aviso, ofrece posibilidades para el cambio democrático, para alegría grande y burlona de quienes hoy detentan el poder.

Los riesgos están ahí: hay susceptibilidades en juego, hay reacciones a flor de piel listas para expresarse sin remilgos, seguramente hay impacientes aspiraciones al protagonismo. Es cosa de ponerlas en su sitio y darles su lugar. Pareciera que procede establecer mecanismos de comunicación entre la comisión y, por ejemplo, la Plataforma Unitaria. Sobre todo, la principal lider del país, cuyo protagonismo real es inamovible, tiene una nueva ocasión para mostrar la altura de visión y la seguridad en sí misma de que ha hecho gala todo este tiempo.

Hay otra cosa que vale la pena recordar. A diferencia de otros procesos de negociación que hemos vivido, el que comienza el primero de agosto tiene detrás un potente actor que posee un interés directo y propio en que ese proceso conduzca a resultados tangibles en plazos prácticos. No se trata del impresentable Zapatero, ni del bienintencionado Reino de Noruega. Se trata de una potencia que, a estas alturas, debe tener muy claro qué está buscando y quién, en verdad, puede hacer posibles, en mayor medida, sus objetivos de largo plazo.

El país está atento a todo indicio. A todo «viraje a primera» por parte del pitcher. Se quiere franqueza, firmeza, claridad, espíritu práctico. Es lo que se pide de Figueras y sus acompañantes, de cara a la contraparte y, sobre todo, de cara a las mayorías democráticas, ante las cuales son responsables, aunque sea por los azares de las decisiones del Departamento de Estado.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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