El mar sigue lleno de pescado, pero los pescadores de La Guaira enfrentan crisis económica tras los terremotos
Dos meses después de los terremotos, el mar sigue dando pescado, pero la economía alrededor de la pesca se quebró. Los compradores y negocios desaparecieron, los costos aumentaron y muchos de los pescadores en La Guaira apenas logran recuperar lo que invierten para salir a la faena.
Fotos: María de los Ángeles Graterol
«Aquí sí hay pescado. Lo que no hay es quien lo compre».
José Gómez no tarda ni medio minuto en resumir cómo cambió la pesca después del doble terremoto del 24 de junio. Lleva más de 30 años viviendo del mar y conoce muy bien los ritmos del muelle, los días buenos y los malos.
En el muelle de La Zorra, en Catia La Mar, todavía hay pescadores. Algunos remiendan redes bajo un techo de zinc; otros empujan carretillas con pimpinas de gasolina hasta las lanchas. El mar sigue dando pescado, incluso más que antes. Lo sienten casi como una compensación de Dios por haberles sacudido la tierra. Sin embargo, todo lo demás cambió.
Las pescaderías están casi vacías. Ya no hay cavas repletas de roncadores, parguitos o atunes recién sacados del agua. Tampoco compradores esperando que lleguen las embarcaciones. Mucho menos quien grite «¡rueda a dólar, dólar!» mientras espanta las moscas del pescado fresco.
Hace apenas dos meses el movimiento era otro, pero en La Guaira el doblete sísmico no solo destruyó edificios y descompletó hogares. También rompió la cadena económica de quienes viven del mar.
«Ahorita será un 50% o 60% lo que vendemos. Las lanchas que están aquí casi no salen porque no da para el sustento. Los caveros no quieren comprar mercancía. ¿A quién se la venden? Hay quienes compran 200, 300 o 400 kilos, pero después no más. Ya estamos atiborrados de tanto pescado», cuenta Gómez.
Parte de esos compradores perdieron sus negocios, otros abandonaron temporalmente el estado, algunos murieron durante el desastre. Los pescadores los recuerdan por nombre.
«Nosotros teníamos un proveedor que siempre nos apoyaba cuando la pesca estaba mala. Luis Stalin nos ayudaba con carnada y con los gastos de las embarcaciones. Murió en Tanaguarena», recuerda Luis, capitán de una lancha pesquera.
Después, José también piensa en otro: «Se nos murió un cavero que siempre venía a comprarnos pescado».
Los caveros son quienes compran la pesca en el muelle para distribuirla en mercados, pescaderías y comercios. Sin ellos, vender se volvió mucho más difícil.
José, por ejemplo, pescó 100 kilos de atún. Apenas ha logrado vender cuatro, uno por uno. Los cargamentos de 100 o 200 kilos que antes salían completos ya no tienen comprador.
«Esperar, esperar y esperar», dice. Pero tampoco pueden dejar que el pescado se dañe. Lo congelan, lo venden poco a poco o se lo llevan para sus casas. Al final del día, explica, a veces apenas les quedan 15 o 20 dólares.
En la pescadería La Zorra el pescado que pusieron en el exhibidor a tempranas horas de la mañana no se logró vender todo, pese a la poca cantidad que era.
Naciones Unidas ha advertido que, después de un desastre como el ocurrido en Venezuela, recuperar los medios de vida de las familias será tan importante como reconstruir las viviendas. Sin ingresos, la recuperación se vuelve mucho más lenta. Y eso es justamente lo que sienten los pescadores de La Zorra.
«Uno pelea para salir, pelea con los gastos y después pelea para vender», resume Daniel Villegas, pescador de 28 años que aprendió el oficio siendo niño.
Daniel vivía en el urbanismo Hugo Chávez, en Playa Grande, uno de los conjuntos residenciales que quedó en el piso por el terremoto. Para él el problema no es encontrar pescado. El problema empieza cuando regresan al muelle.
Solo una jornada de pesca puede costar entre 80 y 100 dólares entre gasolina, aceite para el motor, hielo, carnada y otros insumos.
«A veces traemos 20 kilos de pescado. Si lo vendes a tres dólares el kilo haces 60 dólares. Ni siquiera cubres lo que gastaste para salir. Y entonces también tienes que esperar una semana para que te paguen. De verdad, a mí me tiene deprimido la pesca».

Muelle agrietado y bahía cerrada
El terremoto también complicó algo tan básico como salir al mar. Durante varias semanas el canal de acceso al muelle quedó parcialmente afectado y sacar las lanchas implicaba remolcarlas entre varios pescadores. El problema era viejo, sí, pero el sismo lo agravó. Ahora la preocupación es la máquina de dragado que permite despejar la entrada.
«Necesitamos que la reparen. Si eso no funciona, la bahía se cierra y no podemos salir de faena. Hemos tenido que arrastrar las lanchas entre varios compañeros. Eso lleva trabajo», explica Luis.

La máquina de dragado necesita aceita y nuevas piezas para poder funcionar al 100%. Es el requerimiento más urgente de los pescadores: apoyo para repararla.
Y el concreto del muelle tampoco resistió.
«Mira esto», dice mientras señala una grieta que atraviesa buena parte de la caminería. «Esto se abrió unos 10 centímetros y hay partes que tienen hasta 15 centímetros de desplazamiento».
Aun así, entre tantas dificultades, decidieron ayudar a otros. Cuando las jornadas de pesca son buenas, una parte de la captura no se vende.
«Nos ponemos de acuerdo entre los compañeros y donamos el pescado a Corpesca (Corporación de Servicios Pesqueros de Venezuela). Ellos lo distribuyen en casas de abrigo, hospitales y comunidades que lo necesitan. Ese pescado no tiene ningún valor comercial. Lo donamos», cuenta Luis.
Mientras ellos intentan sostener su propio oficio, también ayudan a alimentar a familias que, igual que ellos, todavía siguen intentando levantarse.

«Nosotros también fuimos afectados»
Lo primero que piden los pescadores de La Zorra no son grandes promesas, sólo piden apoyo para poder seguir trabajando.
«¿Con qué nos pueden ayudar? A abaratar los costos. Con carnada, con aceite, con equipos. Porque todo sigue igual o más caro que antes del terremoto, pero el pescado nuestro vale cada vez menos», dice Daniel.
José coincide con él, pues cree que muchas personas todavía ven a los pescadores como un sector que no necesita apoyo.
«Sí necesitamos. Somos afectados del terremoto igual que cualquiera. Hay compañeros que perdieron familiares, otros perdieron sus casas y otros, aunque no se les cayó la vivienda, se quedaron sin cómo mantenerla. Todos necesitamos una ayuda».
Cuenta que, durante estas semanas, recibieron bolsas de alimentos y apoyo con combustible gracias a la Gobernación.
«Gracias a Prico y a Mike, que nos trajeron una bolsa de comida. Con eso y con el poquito real que uno hace es que estamos sobreviviendo».
Prisco Ávila está a la cabeza de la Dirección de Pesca y Acuicultura en La Guaira, una oficina adscrita al Ministerio de Pesca y Acuicultura. Mike Palma es el coordinador regional de la Corporación de Servicios Pesqueros de Venezuela (Corpesca), organización encargada de planes de distribución de proteínas del mar y jornadas sociales del oficialismo para vender alimentos a comunidades.
Además del respaldo institucional, destacan el trabajo del Consejo del Poder Popular de Pescadores y Acuicultores (Comppa) de La Zorra, que dicen ha servido para organizar la respuesta entre los propios trabajadores pesqueros.
«Nos han apoyado con gasolina, con aceite, con equipos. Cada 15 días o tres semanas hacemos una asamblea extraordinaria para ver qué hace falta y cómo nos ayudamos entre todos», explica Luis.
En esas reuniones no solo hablan de motores o embarcaciones sino que también discuten cómo garantizar la alimentación de las familias y qué hacer con los compañeros que perdieron sus hogares o se quedaron sin ingresos.
«Mucha gente piensa que porque somos pescadores siempre tenemos para resolver, pero no es asì», dice.
Mientras el mar sigue proveyéndoles con peces, ellos siguen esperando que también vuelva quien los compre, pues al final, el problema ya no está en la pesca sino en todo lo que se rompió alrededor de ella.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Post Views: 48



Publicar comentario