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Morgue Temporal en La Guaira: Una Tragedia que Revictimiza a los Familiares de las Víctimas del Terremoto

Morgue Temporal en La Guaira: Una Tragedia que Revictimiza a los Familiares de las Víctimas del Terremoto

Para mitigar el dolor de la espera, Edgar Hernández, dueño de la funeraria del Cementerio del Este, se instaló como voluntario entre el Senamecf de Caracas y los silos de La Guaira. A través de un fondo financiado por aseguradoras y la sociedad civil, su equipo ofrece apoyo logístico inmediato y gratuito para quienes lo necesiten.

Desde la mañana de este domingo 28 de junio, la dinámica habitual de los 12 Silos del Puerto de La Guaira cambió por completo. La emblemática estructura de la avenida Soublette, reconocida en pleno casco histórico por la intervención cromática del artista Carlos Cruz-Diez, dejó de ser un punto de referencia artística. Hoy sirve de morgue improvisada, el lugar donde los familiares reconocen los cuerpos de las víctimas del doble terremoto y el punto de partida hacia su destino final.

A través de la reja principal del puerto se observa la peor parte de la crisis. En el piso, tapados con sábanas, bolsas plásticas y objetos improvisados, están algunos de los cuerpos que ya fueron identificados. Sus familiares esperan bajo el sol a que las empresas funerarias completen los trámites para trasladarlos a los cementerios o crematorios. En el lugar, la burocracia impone una espera que agudiza el daño emocional.

Alvi Jardines Domínguez de 65 años, espera sentado en una silla bajo unos toldos. Él y su hermano mayor son los únicos sobrevivientes de una familia que se vino abajo. La tarde del domingo aguardaba por el servicio fúnebre para trasladar a su hermano, uno de los cinco miembros de su núcleo afectado por la tragedia en Catia La Mar, donde su vivienda colapsó por completo.

“Los rescates los hizo uno mismo como familia”, relata Alvi. “No hubo respuesta de nada porque era muy grande para responder. Respondía la familia ayudando a sus familiares, quitando piedra por piedra hasta llegar. Se rescataron vivos. Incluso, frente a la casa escuchamos vivo a mi hermano Sebastián; feliz y contento todo el mundo, pero falleció mientras realizábamos los rescates.”

La búsqueda manual les tomó 22 horas consecutivas. A Víctor, hijo de Sebastián, lo sacaron primero. “Mi hermano pregunta que si ya sacaron a Víctor, y al anunciarle que sí, en los minutos siguientes ya no respondió más”, recuerda Alvi.

El cuerpo de Sebastián entró inicialmente a la morgue del Seguro Social José María Vargas, pero cuando Alvi fue a buscarlo, no estaba allí. Lo habían trasladado a Los Silos del puerto. “Aquí se llenaron varias planillas para poder entrar y no he podido. Ya tengo dos días en esto. Ya está reconocido, solo falta llevarlo y darle su sepultura.”

Aún le queda el proceso de su sobrina, el cual debe iniciar desde cero: hacer una fila desde la madrugada para ingresar en grupos de diez. El protocolo obliga a los familiares a sentarse al lado de los cuerpos ya identificados mientras esperan la entrevista de los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), quienes cotejan las documentaciones para confirmar el parentesco directo antes de permitir el reconocimiento visual.

La angustia de Alvi se multiplica por una confusión con sus sobrinos sobrevivientes, unos morochos de dos años. “Dicen que uno está muerto, pero no está el cuerpo. Aparentemente hay dos niños con el nombre de Aaron Isaac ingresados en el hospital Pérez Carreño de Caracas, hay que ir a ver si está ahí. Pero no he podido ir porque tengo tres días intentando culminar los trámites para cremar a mi hermano y al resto de los familiares. No he podido con esto en tres días, ¿cómo llego yo hasta allá?, ¿cómo hago?”.

Ante la lentitud, Alvi es tajante: “Pedimos ir mejorando la cosa en cuanto a logística. Procesos rápidos porque nos da miedo que los lleven a fosas comunes, eso es lo que no se quiere: respeto a los familiares de los fallecidos.”

De Barquisimeto a La Guaira en busca de respuesta

A unos metros de la fila, el calor inclemente y el fétido olor que desprenden los cuerpos a cuatro días del sismo marcan la espera de Jesús Méndez, de 64 años. Llegó el viernes desde Barquisimeto con una sola misión: buscar a su hermana Blanca de 78 años, quien vivía sola en Los Corales.

El edificio de Blanca se desplomó. Una sobrina que reside en La Guaira vio el cuerpo entre las ruinas, pero en medio del impacto solo informó del hallazgo a la familia sin retirarlo. Eso obligó a Jesús a viajar de inmediato junto a su hija.

“Siempre le dije que se fuera con nosotros, porque a mí La Guaira no me gusta para vivir. Nosotros veníamos y la visitábamos, pero no me gusta este lugar”, confiesa Jesús sentado en una silla.

Hasta el mediodía del domingo, su búsqueda no daba resultados. “Ya la busqué aquí en el puerto, la busqué en el Seguro Social, en el Cicpc en Caracas, pero nada. Yo tengo que volver a trabajar y si no la consigo ¿qué hago?, ¿lo dejo todo así? Yo quiero solo tener su cuerpo para llevármelo a Barquisimeto, para tener un lugar donde sepamos que ella descansa.”

Dos realidades

El Gobierno nacional habilitó puntos de registro civil para las declaraciones de defunción tanto en Los Silos de La Guaira como en la Morgue de Bello Monte en Caracas. Sin embargo, las condiciones de atención marcan dos realidades opuestas.

En Bello Monte el proceso se muestra más organizado y menos traumático. Las autoridades dispusieron en el estacionamiento un área con carpas, sillas, agua y alimentos para los familiares. El reconocimiento inicial se realiza mediante registro fotográfico para mitigar el impacto.

Una vez identificada la víctima, el protocolo exige consignar cinco copias de la cédula del fallecido, dos del familiar, realizar la entrevista social en Senamecf y procesar las huellas dactilares con el Saime. Posteriormente, los deudos deben retirar el certificado de defunción en físico, registrarlo ante el CNE para el acta y el permiso de entierro, acudir al edificio administrativo del Cicpc y, en caso de cremación, consignar la orden emitida por la Fiscalía del Ministerio Público.

A pesar de que todos los trámites legales son gratuitos, la lentitud administrativa convierte el proceso en lo que los familiares califican como una triple tragedia: el impacto del terremoto, la búsqueda de las víctimas entre los escombros y la burocracia para darles sepultura. En La Guaira, la falta de insumos y el colapso del espacio agravan la situación.

Apoyo gratuito para cremación

Para mitigar el dolor de la espera, Edgar Hernández dueño de la funeraria del Cementerio del Este, se instaló como voluntario entre el Senamecf de Caracas y los silos de La Guaira. A través de un fondo financiado por aseguradoras y la sociedad civil, su equipo ofrece apoyo logístico inmediato.

“Nosotros creamos un fondo funerario, tenemos un cuerpo que está trabajando en eso, tratando de dar la mayor tranquilidad a la familia”, explica Hernández. El programa ofrece de manera totalmente gratuita el servicio de cremación una vez que los cuerpos son reconocidos. “Lo importante es poderle transmitir a la familia que una vez lo identifiquen, cuentan con nuestro apoyo para darles el último descanso.”

Para cumplir con las normas sanitarias y evitar que el caos se traslade a otros espacios, el equipo de Hernández coordina un estricto protocolo de refrigeración en cavas. “Contamos con todo el protocolo para la refrigeración de los cuerpos, administrar los espacios de las funerarias, los crematorios, los cementerios, porque la idea no es trasladar un problema a otros, para garantizar que de alguna manera todo se haga ordenado.”

La iniciativa civil también busca frenar los abusos comerciales en medio de la emergencia. Hernández denunció que algunas funerarias locales en La Guaira están cobrando tarifas exorbitantes aprovechándose de la desesperación. “Hay familiares que lo están cubriendo y otros procesos los garantizamos nosotros. Nuestra iniciativa busca crear conciencia de que los costos no deben ser exorbitantes. Estamos buscando a las funerarias y creando convenios para pagar nosotros lo justo.”

Mientras las familias lidian con los papeles y el sol del puerto, la cifra de fallecidos sigue en ascenso. El reporte ofrecido al mediodía del domingo por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, fija el balance provisional en 1.450 muertos, 3.150 heridos, 12.721 damnificados y 764 edificaciones dañadas, de las cuales 89 colapsaron por completo. Para este lunes, el número de personas que perdieron la vida subió a 1.719. Detrás de las estadísticas oficiales, el calvario de las colas continúa.

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