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La Pistola de Chejov en las Transiciones Democráticas: ¿Quién Liderará el Cambio en Venezuela?

La Pistola de Chejov en las Transiciones Democráticas: ¿Quién Liderará el Cambio en Venezuela?

Las transiciones hacia la democracia, como el drama, tienen un momento de incertidumbre y resolución que casi nadie puede prever. Y casi siempre viene del lugar menos esperado, si no del menos deseado.

Cuando Pinochet perdió el referendo, su impulso natural fue robárselo. Y fue uno de sus generales aliados quien le dijo que no.

La transición de Trujillo a la democracia fue llevada a cabo, nada más y nada menos, que por su más cercano colaborador.

En Venezuela, quien aseguró que el destierro de Pérez Jiménez nos llevaría a la democracia fue un militar.

En las telenovelas, muchos malvados se redimen al final, y el bien aparece desde el origen más sorprendente.

El indicio —como se le dice a los personajes u objetos que han formado parte del paisaje de la historia y luego tienen una aparición estelar e inesperada— está sembrado desde antes y nadie lo sabe.

En técnica dramática se le conoce como la pistola de Chéjov: si usted ve una que parece irrelevante en la parte inicial de la película, ponga atención; en algún momento esa pistola hará la diferencia.

Lo mismo aplica con los personajes. Basta con leer a Agatha Christie y las miles de historias construidas a partir de esa lógica.

En política, y sobre todo en las transiciones, pasa igual.

Siempre hay alguien —el que menos se piensa— que vira la tortilla (para el lado que la vaya a virar).

En 2015, Padrino parecía el garante de que los resultados electorales fuesen respetados. Luego fue el gran represor de los venezolanos. Ha pasado algo similar con Trump, un actor que se pensaba expirado en la política venezolana. Y si a eso le sumamos a los hermanos Rodríguez, que disfrutan del poder y aspiran a quedarse ahora que a su jefe lo llevaron preso, ni te cuento.

Para que una transición ocurra —no es que se me vaya a explotar el cerebro, ya lo hemos leído y aprendido de la Historia hasta el cansancio— quien está en el poder tiene que saber, o al menos creer, que al salir no lo van a joder. Así de sencillo. Y desconfiado como es —y debe ser— cada autócrata, cada sátrapa, no va a encontrar mejor manera de garantizar su inmunidad que manteniendo parte de ese poder. Ergo, sapos es lo menos que hay que tragar.

¿Quién es capaz de conducir un proceso así, en el que se garantice que criminales salgan ilesos? Alguien que tenga cola de paja. Alguien a quien le importe sobrevivir en ambos mundos. Alguien que tenga la capacidad de haber estado en una orilla y la ironía, el caradurismo y la psicopatía para cruzar a la otra.

No va a ser alguien que nos guste.

Nuestros líderes democráticos tendrán su turno cuando la democracia exista. Ahora su labor es presionar, exigir que las cosas pasen, accionar su polo de poder. Pero para que los secuestradores renuncien a sus rehenes necesitan garantías: impunidad, dinero y un puesto en el poder, por si los otros se arrepienten.

¿Quién va a jugar ese papel? ¿Quién va a cuidar la casa con los ladrones adentro para hacerla convivir con quienes fueron torturados, maniatados, asesinados, silenciados, expatriados, robados?

No va a ser uno de los nuestros.

Va a ser un anfibio. Y anfibios en Venezuela hay muchos. Lo que no sabemos es quién será el indicado cuando la oportunidad se presente. Quién va a ser la pistola de Chéjov.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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