Diálogo en Venezuela: Oportunidad para una Transición Democrática Sostenible
Este sábado 1 de agosto comienza un nuevo proceso de diálogo entre sectores de la oposición y el oficialismo. La exparlamentaria Mireya Rodríguez considera que no es “realista esperar una solución inmediata”, pero sí exigir “señales tempranas e inequívocas”. Por su parte, el analista senior de Crisis Group, Phil Gunson, piensa que este proceso puede ser el motor que impulse una negociación más amplia que conlleve a una resolución pacífica y democrática de la crisis política venezolana.
Con pedidos de mayor amplitud e inclusión, exigencias de resultados “verificables” que den fe del compromiso, y las expectativas de que se concrete un verdadero cambio político en el país, Venezuela entra en una nueva fase de diálogo que promete “abrir las puertas a la democracia”.
Este sábado 1 de agosto se instalará la mesa de trabajo liderada por la Asamblea Nacional 2015, encabezada por Dinorah Figuera, y el parlamento 2025, presidido por Jorge Rodríguez, bajo el auspicio del gobierno de Estados Unidos.
En la mesa, que aún no está servida, la oposición deja varios planteamientos: libertad de presos políticos, renovación de los poderes públicos, restitución de partidos políticos, cese de inhabilitaciones y elecciones con plenas garantías de participación. Del lado oficialista, el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, afirma que la propuesta es una: La paz, el levantamiento de las sanciones y el respeto a la Constitución.
La nueva instancia de diálogo busca “un acuerdo para recuperar las instituciones y lograr que el voto del pueblo venezolano elija”. Así lo deja sentado la AN 2015 en una publicación en redes sociales.
El comunicado muestra optimismo: “Hay razones para tener esperanza”, señala el documento en el que también se asegura que este proceso “abrirá las puertas a la democracia”.
¿Qué pueden esperar los venezolanos de este nuevo mecanismo? ¿Realmente abrirá las puertas a la democracia? ¿Habrá resultados concretos en esta oportunidad, bajo la tutela de EEUU? ¿Qué hacer para que este proceso realmente sea efectivo?
La exparlamentaria y facilitadora de procesos de diálogo, Mireya Rodríguez, y el analista senior de Crisis Group, Phil Gunson, analizan el tema en entrevistas con TalCual.
Este diálogo carga con el peso de iniciativas similares que generaron expectativas en la población, pero no produjeron los resultados esperados o se incumplieron, por tanto la confianza en este momento dependerá de “hechos verificables”, advierte Mireya Rodríguez.
En la firma de los acuerdos de Barbados en 2023 estuvieron presentes representantes de Colombia, Países Bajos, Argentina, México y Rusia.
En función de experiencias previas, la exparlamentaria plantea que el nuevo mecanismo cuente con una agenda pública, una delimitación clara del mandato de los negociadores, hitos verificables, informes periódicos al país, mecanismos de solución de controversias y consecuencias previamente acordadas frente al incumplimiento para que tenga credibilidad ante los venezolanos.
En esa mirada a procesos anteriores, Phil Gunson resalta la diferencia con este nuevo mecanismo dada la “extraña relación que tiene en este momento Estados Unidos con Venezuela” y que sin duda marcará el desarrollo de las conversaciones. “Hay días en que el presidente Trump habla de Venezuela como el estado 51 y pretende manejar prácticamente todo lo que pasa aquí, desde Washington”, refiere.
Para Gunson, las expectativas ante este mecanismo están limitadas por el hecho de que la oposición mayoritaria no estará participando en estas conversaciones. ¿Hasta qué punto se puede llevar a cabo una negociación que pretende definir los términos de una transición política si la principal fuerza de la oposición no está?, se pregunta el analista senior de Crisis Group.
Los invitados a la mesa
El menú está en plena elaboración y la lista de invitados aún no es oficial. Se ha dicho que son 10 personas las que se sentarán a dialogar, cinco de cada lado.
La dirigencia política ha pedido un proceso inclusivo donde estén representados los diferentes factores democráticos y Figuera ha prometido que garantizarán una participación amplia, pero sin dar detalles.
“Convocaremos a todos los sectores democráticos a participar y aportar propuestas para enriquecer la hoja de ruta. @MariaCorinaYA es muy importante en este proceso”, escribió el 23 de julio en X.
Pese a la mención a Machado -primero por el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, y luego por Figuera- la Premio Nobel marcó distancia aunque se mantendrá vigilante y evaluará el mecanismo en función de los acuerdos concretos que se alcancen.
Para Gunson es esencial la inclusión del liderazgo mayoritario de la oposición en este nuevo mecanismo. Rodríguez coincide y apunta cómo podría incorporarse sin que se convierta en una “asamblea multitudinaria”.
“Puede existir una mesa principal reducida, acompañada por una arquitectura más amplia de representación que incorpore a las fuerzas democráticas, las víctimas, la sociedad civil, los trabajadores, el sector productivo, la academia, las regiones y la diáspora”, señala la exdiputada.
Rodríguez destaca el valor institucional e histórico de la Asamblea electa en 2015, pero considera que una mesa sin la participación directa o sin un mandato explícitamente articulado con el liderazgo político y social surgido a partir de 2015 nace con un severo déficit de legitimidad política.
Corregir esta “insuficiencia representativa”, implica, en opinión de la analista, consultas formales, mecanismos de coordinación y rendición de cuentas.
Gunson se muestra esperanzado en que el diálogo -una vez que se compruebe su factibilidad- pueda ampliarse o derivar en otra instancia que permita dar respuesta a una verdadera transformación.
Desde su perspectiva, estas conversaciones podrían convertirse en “un pequeño motor que encienda el gran motor de la negociación política” que conlleve a la resolución pacífica y democrática de la crisis política venezolana.
“Yo creo que lo que podemos esperar en el mejor de los casos es que esto sea un catalizador de un proceso más largo y más amplio”, asegura.
¿Qué esperar?
Esta nueva fase debe analizarse con apertura, pero también con un elevado nivel de exigencia, afirma Mireya Rodríguez, quien considera que no es “realista esperar una solución inmediata”.
Sin embargo, lo que sí debe hacerse en esta primera etapa es exigir “señales tempranas e inequívocas”.
Entre esas señales, la especialista menciona la liberación de presos políticos, garantías para el regreso de exiliados, cese de la persecución y pluralidad política.
Advierte sobre la “suspicacia” que puede generar un proceso liderado por la AN 2015 y el parlamento 2025 bajo el “tutelaje fáctico” de EEUU, no obstante, considera que puede constituir una oportunidad, aunque por sí solo no garantiza una solución democrática.
“Ya sería un avance si se logra trasladar el conflicto desde la imposición hacia una lógica institucional”, dice.
Gunson insiste en la importancia de la inclusión de la oposición como un todo o la mayor parte de ella para que el proceso tenga progresos en materia de libertades políticas.
El experto de Crisis Group considera que la agenda sobre la mesa debe incluir temas pendientes por resolver como la liberación de todos los presos políticos, el levantamiento de la censura y la revocatoria de leyes represivas que criminalizan la disidencia.
Como temas gruesos, para garantizar un proceso electoral, señala que la agenda debe incluir la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
“Este país necesita una transformación institucional muy profunda y no creo que en estas primeras rondas de conversaciones se pueda abarcar todo lo que se requiere”.
En su opinión, para que este proceso llegue a buen término debe producirse una negociación en la que las partes entiendan que son socios de un nuevo proyecto. “Y yo creo que estamos bien lejos de eso”, puntualiza.
¿Comienza la transición?
Tras la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de fuerzas militares de EEUU el pasado 3 de enero, el gobierno de Donald Trump declaró a los medios que se encargaría del país y posteriormente estableció un plan de tres fases: estabilización, recuperación económica y transición.
Con el anuncio de la mesa técnica y una “agenda conjunta” entre la AN 2015 y el oficialismo, el pasado 14 de julio, las expectativas sobre el inicio de la transición se plantaron sobre la instancia.
Mireya Rodríguez enfatiza que el inicio de estas conversaciones no representan en sí misma el comienzo de la transición en el país.
En el mejor de los casos, dice, marca “la apertura de una oportunidad de comunicación interrumpida por el choque de proyectos políticos irreconciliables”.
Desde el punto de vista académico, Rodríguez diferencia entre diálogo, liberalización y transición. Explica que el diálogo abre un canal de comunicación, la liberalización produce concesiones parciales que pueden ser reversibles y la transición comienza cuando se modifican efectivamente las reglas de acceso, ejercicio y transferencia del poder, de manera que la alternabilidad democrática se vuelve posible y verificable.
De manera que las conversaciones que comienzan este 1 de agosto pueden convertirse en el umbral de la transición sólo si el proceso produce compromisos públicos, irreversibles y verificables, advierte Rodríguez.
Los intereses de EEUU…y los de Venezuela
“Esto no es un juego interno. Esto es un juego internacional o bilateral por lo menos”, afirma Phil Gunson al analizar el inicio de las conversaciones y la representatividad de la mesa encabezada por Dinorah Figuera, por un lado, y Jorge Rodríguez, por otro.
La mesa, a su juicio, es representativa de la realidad política del momento, donde quien pone las reglas del juego y determina en gran medida el curso de los acontecimientos es el gobierno de Estados Unidos.
En este punto, algunas de las preguntas a responder son ¿cuáles son los intereses verdaderos del gobierno de Trump? ¿Coinciden o no coinciden con los intereses de la mayoría del pueblo venezolano que en 2024 votó por un cambio político? ¿Quiere Trump insistir en la necesidad de elecciones o está más interesado en mantener la “estabilidad” con Delcy Rodríguez para continuar beneficiándose de los recursos venezolanos?, reflexiona Gunson.
Las interrogantes aguardan por respuestas, mientras “el nuevo momento político” que domina desde el 3 de enero muestra una imagen: Los resultados van a depender de los intereses de Estados Unidos.
Al respecto, Mireya Rodríguez señala que el papel de Estados Unidos “será constructivo si utiliza su capacidad de influencia para proteger una hoja de ruta democrática definida por los venezolanos; si vincula cualquier concesión a resultados verificables; y si impide que la estabilidad sea utilizada como sustituto de la legitimidad”.
Destaca la capacidad de presión diplomática y económica, el manejo de sanciones, la influencia sobre el reconocimiento internacional y la posibilidad de ofrecer garantías creíbles a las partes, instrumentos que otros mediadores no tuvieron.
Pero al igual que Gunson, Rodríguez subraya los intereses propios del gobierno norteamericano en materia de estabilidad regional, seguridad, migración, energía y geopolítica. “Esos intereses pueden coincidir parcialmente con la democratización venezolana, pero no son necesariamente idénticos a ella”.

Delcy Rodríguez y el secretario del Interior de EEUU, Doug Burgum, acordaron en marzo de 2026 impulsar una reforma a la Ley de Minas de Venezuela para facilitar la inversión de empresas estadounidenses en minerales estratégicos.
Lo que vendrá
Gunson repasa el contexto y se detiene en el apremio por la convocatoria de elecciones presidenciales desde sectores opositores.
“Yo entiendo que todo se resuma, digamos, en una elección libre donde todos suponemos que probablemente María Corina o quien sea que se presente para la oposición gane y de ahí empieza una nueva etapa en la política venezolana, pero y es un gran pero en casi todas las transiciones que no empiezan con una victoria militar o una revolución hay una etapa semi-democrática que precede la recuperación de la democracia.
El planteamiento lo resume de forma tajante en una sola frase: “No vamos a pasar de una dictadura a una democracia plena”.
En su opinión, si el proceso de diálogo prospera y se avanza en la agenda política de recuperación de libertades, lo primero que se verá no es una elección como en cualquier país democrático donde María Corina Machado pueda presentarse y pueda ganar.
Considera más probable que se implemente un gobierno de transición y posteriormente unas elecciones libres.
“Si esto prospera, vamos a tener mayores libertades que en este momento, pero no quiere decir que pasamos el suiche de la dictadura a la democracia”, concluye.


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