un llamado urgente para salvar nuestros glaciares
Su nombre proviene del kichwa cari (“hombre”), huaira (“viento”) y razu (“nieve”). Lamentablemente, su nombre ya no le hace justicia. Su muerte no es solo una pérdida para los montañistas o los científicos; es un aviso innegable de lo que nos espera si no actuamos ya.
El Carihuairazo es el primer glaciar que desaparece en Ecuador en el siglo XXI. En el siglo pasado ya habíamos perdimos otros, por ejemplo, en los años 50 teníamos 15 glaciares con una superficie de 97.65 km², pero en 2016 esa cifra ya había caído a 43.5 km², es decir un 55% de pérdida.
El Carihuairazo perdió su glaciar de manera progresiva. Lo que antes era una sólida masa de hielo, con el paso de los años, se convirtió en una laguna que hoy reposa al pie de sus faldas.
Carihuairazo. Tomado de redes sociales
A pesar de que en ciertos momentos el Carihuairazo parece cubrirse nuevamente de blanco, bajo esa capa de nieve ya no hay glaciar, solo roca desnuda. Su desaparición simboliza el destino de muchos otros glaciares tropicales, ecosistemas que, aunque parecen una contradicción geográfica, han existido por siglos en el trópico y cumplen un papel crucial en el ciclo del agua.
De hecho, durante siglos, la existencia de glaciares en los Andes fue vista con escepticismo. Incluso el propio Alexander von Humboldt, el célebre naturalista y explorador alemán, aunque documentó y dibujó los glaciares andinos en su viaje por Ecuador a principios del siglo XIX, no los reconoció como tales.
En su época, se creía que los glaciares solo podían formarse en las altas latitudes alejadas de la línea ecuatorial, por lo que Humboldt atribuyó la presencia de hielo en los volcanes ecuatorianos a fenómenos locales.
No fue sino hasta décadas después que la ciencia confirmó que, en efecto, los Andes albergaban glaciares tropicales, un oxímoron geográfico que demuestra que todo es posible en estas latitudes.
2025: El año internacional de la preservación de los glaciares
En el Museo Nacional de Ecuador, se llevó a cabo un evento clave para nombrar al 2025 como el Año Internacional de la Preservación de los Glaciares. En este evento, con el apoyo de la IRD, científicos, ambientalistas y artistas se reunieron para debatir sobre la alarmante desaparición de los glaciares tropicales.
A través de documentales, charlas y presentaciones de libros, se destacó la urgencia de actuar para frenar esta crisis y la importancia de la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático.
El embajador de Francia en Ecuador recordó un episodio personal que lo marcó profundamente. En 2006, cuando visitó Bolivia, quiso esquiar en el glaciar Chacaltaya, famoso en el pasado por ser la pista de esquí más alta del mundo. Sin embargo, al llegar, se encontró con que el glaciar estaba casi desaparecido. Hoy, Chacaltaya ya no existe. Su experiencia es una prueba tangible de la velocidad con la que el mundo está perdiendo sus glaciares.
Los glaciares son los reguladores naturales del ciclo hídrico. De ellos depende el agua que alimenta ríos, que sostiene la agricultura y que llega a los hogares. En Ecuador, más del 50% de la cobertura glaciar se ha perdido en las últimas décadas. ¿Qué significa esto? Una crisis hídrica que afecta diversos ecosistemas.
Foto Cortesía. Ñan Magazine, fotógrafos, Juan Fernando Ricaurte y Udit Kharka
A partir de este año, cada 21 de marzo se celebrará el Día Mundial de los Glaciares. No es coincidencia. El mundo empieza a entender que salvar los glaciares es, en realidad, salvarnos a nosotros mismos. Francia, por ejemplo, se ha comprometido a reducir emisiones, promover energías renovables y financiar investigaciones sobre la conservación glaciar.
Por eso, la IRD ha sido un actor clave en la conservación de los glaciares andinos y la mitigación del cambio climático en Ecuador. Desde hace más de 50 años, esta institución francesa ha apoyado la investigación científica en la región, formando expertos en glaciología y colaborando con entidades locales para monitorear el retroceso glaciar.
Gracias a su respaldo, investigadores como Luis Maisincho han podido especializarse en Francia y desarrollar estudios fundamentales sobre el estado de los glaciares ecuatorianos, como el Antisana. Además, la IRD promueve la cooperación científica internacional, la difusión del conocimiento y el desarrollo de estrategias sostenibles que ayuden a las comunidades a adaptarse a la crisis climática. Su compromiso es claro: entender, proteger y actuar para preservar estos ecosistemas vitales antes de que sea demasiado tarde.
La cordillera de los Andes nos refrigera
Pero no basta con la acción de los gobiernos. Cada uno de nosotros tiene un papel clave. Desde exigir políticas ambientales hasta cambiar hábitos diarios que reduzcan nuestra huella de carbono, todo suma.
Como dijo el glaciólogo Luis Maisincho, quien ha estudiado el Antisana por más de 25 años: “La cordillera de los Andes nos refrigera”. Si seguimos perdiendo estos gigantes helados, la temperatura del planeta seguirá en ascenso y, con ella, el colapso de ecosistemas enteros.
En el evento se proyectó el documental La Muerte del Carihuairazo, un clip que nos muestra el impacto devastador de esta pérdida. Pero más que lamentarnos, esta información nos debe servir como un grito de advertencia. No podemos permitirnos más despedidas. Salvar los glaciares es salvar el agua. Salvar el agua es salvarnos a nosotros mismos.
foto normal (a) y una cámara térmica (b) del Carihuairazo. pertenece al libro “Un Zorro en la Montaña” de Olivier Dangle” fotos: Sophie Cauvy-Fraunié.
Para cerrar la jornada, se presentó el libro ”Un zorro en la montaña”, del autor Olivier Dangles, una obra que rescata el legado de Humboldt y su visión interdisciplinaria de la ciencia, el arte y la naturaleza. La obra nos recuerda que la curiosidad y la exploración son clave para comprender los cambios del mundo y actuar a tiempo.
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