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La lucha por el control de Velotax: la historia de una empresa icónica en el Tolima y sus desafíos internos

La lucha por el control de Velotax: la historia de una empresa icónica en el Tolima y sus desafíos internos

La pugna que lleva unos 10 años se agravó con la muerte del fundador Pedro Contreras, a la que la Supertransporte en cabeza de Alfredo Piñeres le tiene puesto el ojo

La empresa que inventó Pedro Pablo Contreras después de haberlo tenido todo, perderlo casi todo y volver a empezar, terminó convertida en una de las marcas más reconocidas del transporte terrestre en Colombia. Pero, tras su muerte, ese mismo proyecto que creció durante décadas bajo su liderazgo único, quedó en manos de sus asociados, y con ellos llegó una disputa interna que lleva una década sin resolverse y obligó a que la Superintendencia de Transporte de tres gobiernos sucesivos interviniera.

La historia de Velotax empieza lejos de las carreteras. Pedro Pablo Contreras, su fundador, nació en 1920 en el seno de una familia campesina acomodada de Calarcá. Su padre, un hombre con propiedades y autoridad en el pueblo, sostenía una economía familiar que permitía lujos poco comunes para la época, como tener vehículo propio. Sin embargo, todo cambió con la muerte del patriarca. El patrimonio que el campesino había amasado con el negocio de tierras y animales empezó a diluirse entre malas decisiones, gastos y la falta de una dirección clara. El joven Pedro Pablo Contreras asumió la responsabilidad temprana de ser el hombre de la familia, pero no logró contener la caída. La familia terminó vendiendo sus bienes uno a uno, hasta quedar al borde de la ruina.

Con lo poco que quedó, incluida la venta de la última finca familiar, Pedro Pablo decidió empezar de nuevo. No lo hizo con una gran empresa, sino con una idea básica: moverse. Compró un par de taxis Studebaker y fundó una pequeña compañía a la que llamó Veltax, una abreviatura de velocidad en taxi. El negocio arrancó en Ibagué con recorridos urbanos y algunos trayectos hacia municipios cercanos. Era una operación pequeña, sostenida por el trabajo directo y una red de relaciones personales que el propio Contreras había cultivado con disciplina.

Ese modelo le permitió crecer. La demanda aumentó y el servicio ganó reconocimiento por su regularidad. Con el tiempo, dejó de ser solo una empresa de taxis. La incorporación de buses marcó el punto de quiebre. Ya no se trataba únicamente de movilizar personas dentro de la ciudad, sino de conectar regiones. Así nació Velotax, formalmente fundada el 13 de abril de 1953 en Ibagué, y que pronto amplió su operación al transporte intermunicipal en el Tolima.

 - La pelea por el control de Velotax, la empresa que lleva 70 años mandando en el TolimaVelotax fue fundada en 1953 por Pedro Pablo Contreras, quien la convirtió en Cooperativa y la gerenció hasta su muerte en 2015.

El crecimiento fue progresivo y constante. A medida que se consolidaba la marca, la empresa salió de su territorio natural. Llegó a Bogotá, donde competía con compañías ya posicionadas, y luego extendió sus rutas hacia Caldas, Valle del Cauca, Boyacá, Meta, Santander y Norte de Santander. Velotax se convirtió en una presencia habitual en el centro y nororiente del país, con una oferta que incluía transporte de pasajeros, encomiendas y carga. Para los años ochenta, ya operaba bajo un modelo cooperativo que integraba automóviles, buses y camiones, ampliando su alcance y sumando asociados.

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Ese cambio jurídico no modificó el control real de la empresa. Durante décadas, Contreras mantuvo la gerencia y la dirección estratégica. Su liderazgo fue central en todas las decisiones, desde la expansión de rutas hasta la relación con el Estado y otros actores del sector. Bajo su mando, Velotax se convirtió en una de las empresas más importantes del Tolima y una de las más reconocidas del país.

Sin embargo, ese mismo modelo comenzó a generar tensiones internas. Con el paso del tiempo, y en un intento por fortalecer financieramente la operación, Contreras promovió la creación de tres sociedades anónimas vinculadas a la cooperativa: Sociedad Contreras, Compañía Nacional de Representaciones y Exportaciones y Compañía de Insumos para el Transporte. Estas empresas prestaban servicios a Velotax y funcionaban como soporte logístico y comercial. Pero no todos los asociados estuvo de acuerdo.

Un sector cuestionó esas relaciones comerciales y financieras entre las tres compañías hermanas. Consideraban que podía ser una vía para trasladar recursos desde la cooperativa hacia intereses particulares del propio Pedro Pablo Contreras. La discusión no fue menor. Se convirtió en una disputa interna que fue creciendo hasta romper la estabilidad que había caracterizado a la organización durante años.

En 2011, esa tensión llegó a un punto critico. Un grupo de asociados logró tomar posiciones dentro del consejo de administración y promovió la salida de Contreras de la gerencia. La decisión se concretó, pero estuvo rodeada de errores en el procedimiento. Las instancias judiciales terminaron ordenando su reintegro y Contreras volvió al cargo y se mantuvo allí hasta 2015, cuando falleció en su casa en Ibagué. Su muerte no cerró la crisis. Por el contrario, dejó en evidencia que el equilibrio de poder dentro de la cooperativa había cambiado.

Sin la cabeza fundadora y líder natural de empresa, Velotax quedó completamente en manos de sus asociados. La empresa continuó operando, mantuvo sus rutas y siguió siendo una de las más importantes del sector. Diferentes gerentes asumieron la dirección y lograron sostener el funcionamiento del negocio. Hoy, bajo la gerencia de Diego Alonso Amaya, la cooperativa cuenta con cerca de mil afiliados y asociados, y genera alrededor de 1.500 empleos directos e indirectos. En términos operativos, sigue siendo una compañia relevante en el transporte terrestre colombiano.

Pero la crisis de fondo no desapareció. No se trataba de un problema financiero, como en algún momento se planteó, sino de una fractura interna que se ahondó a partir de la muerte de Contreras. El origen está en dos asambleas, identificadas como las actas 78 y 81, cuyas decisiones fueron declaradas ineficazes por la justicia debido a fallas en su convocatoria. En esas reuniones se tomaron decisiones clave sobre la elección de directivos y reformas estatutarias. Su invalidez dejó un vacío jurídico que dividió a la cooperativa.

 - La pelea por el control de Velotax, la empresa que lleva 70 años mandando en el Tolima - La pelea por el control de Velotax, la empresa que lleva 70 años mandando en el TolimaLa Supertransporte ha tomado cartas en el asunto en la pelea de Velotax y nombró un gerente que reemplaza la gerencia que nombró la junta directiva.

A partir de ese momento, Velotax quedó partida en dos visiones. De un lado, quienes consideran que todo lo actuado después de esas asambleas carece de legitimidad. Del otro, la administración actual, que sostiene que los errores fueron corregidos mediante nuevas reuniones y que la empresa opera con normalidad. La discusión dejó de ser un asunto técnico y se convirtió en una disputa por el control de la organización.

En una cooperativa, donde el poder depende directamente de sus miembros, esa diferencia no es menor. La junta define quién puede tomar decisiones, quién tiene derecho a participar y qué tan válidas son las estructuras de gobierno. La tensión escaló al punto de involucrar a las autoridades. La Superintendencia de Transporte intervino no por un riesgo económico inmediato, sino por posibles afectaciones a la legalidad societaria y a los derechos de los asociados. Entre las medidas consideradas estuvo la reconstrucción del origen del problema, incluso con la posibilidad de convocar asambleas con miembros de años anteriores.

Hoy, Velotax sigue operando, mantiene su presencia en varias regiones del país y defiende la estabilidad de su gestión, pero, al mismo tiempo, permanece atrapada en una disputa interna que no ha logrado cerrarse. La empresa que nació de una ruina familiar y creció sobre el trabajo constante de su fundador hasta expandirse por las carreteras del país, enfrente ahora un desafío distinto. No es el mercado ni la competencia, sino la definición de su propio gobierno. En esa discusión no solo está en juego su administración actual, sino la forma en que decidirá su futuro.

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