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El asesinato del esposo de Aída Quilcué: un acto de perdón del Estado colombiano y su impacto en la política actual

El asesinato del esposo de Aída Quilcué: un acto de perdón del Estado colombiano y su impacto en la política actual

El Estado aceptó responsabilidad en el crimen ocurrido en plena Seguridad Democrática de Uribe, convirtiéndola en una de sus críticas más duras, como lo es Cepeda.

En una ceremonia breve en el resguardo indígena de Monterilla en el municipio de Caldono, centro del Cauca, realizada por orden judicial en los primeros días de abril de 2018, seis militares del Ejército y el exviceministro de Defensa Aníbal Fernández de Soto con Luis Carlos Villegas a la cabeza de la cartera en el gobierno de Juan Manuel Santos, el Estado pidió perdón a Aída Quilcué por el asesinato de su esposo Eduin Legarda, ocurrido en diciembre de 2008.

Frente a ella estaban quienes dispararon: un sargento viceprimero, un cabo tercero y cuatro soldados del batallón José Hilario López de Popayán en el Cauca. El acto se realizó años después del crimen y mucho después de que la justicia los condenara. Para entonces, Quilcué ya era una de las dirigentes indígenas más visibles del país. Hoy es la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, el candidato que encabeza las encuestas de intención de voto al comenzar la carrera presidencial con 15 candidatos más.

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La tragedia para la familia Quilcue ocurrió casi una década antes de aquel evento de perdón, en el segundo gobierno de Álvaro Uribe: el 16 de diciembre de 2008, cuando Eduin Legarda recibió dos disparos por parte de soldados del Ejército en una carretera del Cauca.

Aída Quilcué conoció a Eduin Legarda en 1994, cuando ella tenía 22 años. El encuentro ocurrió en medio del desastre natural que marcó la región del suroccidente del país. El 6 de julio de ese año un terremoto sacudió la zona andina del Cauca y del Huila. La emergencia provocó el desbordamiento del río Páez, que desencadenó una avalancha arrasando poblaciones enteras y dejando más de mil personas muertas.

La mayoría de las víctimas pertenecían a comunidades del pueblo Nasa que habitaban en las orillas del río. Entre quienes se vieron obligados a abandonar sus casas estaba la joven Aida Quilcué. Vivía en el resguardo de Vitoncó, pero el caserío donde había crecido desapareció con el desastre. Como miles de indígenas, emprendió una larga marcha en busca de un refugio.

Los indígenas que quedaron sin hogar caminaron durante cuatro días. Fue durante ese recorrido que conoció a Eduin Legarda, dos años menor que ella. El encuentro tuvo lugar mientras avanzaban hacia el lugar donde las comunidades serian reubicadas. Cuando finalmente llegaron, después de cuatro días de caminata, ya estaban juntos.

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La vida en los años siguientes fue sencilla. Formaron una familia y tuvieron una hija. Mientras Quilcué se involucraba cada vez más en la organización indígena de su región, Legarda trabajaba para mantener la casa. Durante años, atendió un pequeño negocio de harina de plátano, vendiendo el producto principalmente a escuelas de la zona y a vecinos de los resguardos cercanos.

Ese equilibrio cambió en marzo de 2007, cuando Quilcué fue elegida Consejera mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca, el CRIC. La organización es la más grande del movimiento indígena en Colombia y agrupa a once pueblos originarios del departamento. El cargo la convirtió en una de las voces principales del movimiento indígena en el país.

Con el nuevo rol de Aida Quilcue también cambiaron las rutinas de la familia. Quilcué empezó a viajar con frecuencia por el Cauca y otras regiones. Participaba en reuniones, movilizaciones y encuentros nacionales e internacionales sobre los derechos de los pueblos indígenas. Legarda decidió entonces dejar su negocio y asumir otra tarea: se convirtió en el conductor del vehículo que usaba el equipo de trabajo de su esposa. Su trabajo consistía en acompañar los desplazamientos del grupo del CRIC y manejar la camioneta asignada a la dirigencia. También se encargaba de recogerla cuando regresaba de sus viajes.

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A finales de 2008, el ambiente político en el Cauca era tenso. El país estaba bajo la política de seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe. En ese contexto, se habían registrado enfrentamientos entre comunidades indígenas, la fuerza pública y otros actores armados. Quilcué se había convertido en una figura visible después de la Minga Nacional de Resistencia Indígena, una movilización que recorrió varias regiones del país para denunciar la situación de los pueblos indígenas.

En diciembre de ese año, la dirigente había viajado a Europa. Participó en una sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, donde habló sobre la situación de las comunidades indígenas en Colombia.

El 16 de diciembre regresaba al país.

Esa madrugada, Eduin Legarda salió en la camioneta del CRIC para recogerla en el aeropuerto de Popayán. Era un trayecto que ya había hecho muchas veces. Conducía por la vía que conecta el municipio de Páez con la capital del departamento. Eran alrededor de las cuatro de la mañana cuando el vehículo llegó a un sector rural conocido como San Pedro del Bosque, en el municipio de Totoró. En ese punto se encontraba una cuadrilla de soldados del batallón José Hilario López de Popayán.

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Lo que ocurrió en los siguientes segundos fue reconstruido después en investigaciones judiciales. Los militares abrieron fuego contra la camioneta. El vehículo recibió 17 impactos de bala desde varios ángulos. Eduin Legarda fue alcanzado por dos disparos en el pecho.

Los soldados justificaron su defensa en que habían disparado porque el conductor no se detuvo en un puesto de control militar a pesar de las advertencias. Según esa versión, el vehículo pasó por el lugar sin obedecer las señales de alto. Sin embargo, un testigo que presenció el hecho declaró que no hubo advertencias previas y que los soldados dispararon de manera indiscriminada contra la camioneta.

Después del ataque, Legarda logró salir del vehículo todavía con vida. Las heridas eran graves. Fue trasladado al hospital San José de Popayán, donde murió horas después, hacia las ocho de la mañana. La noticia llegó rápidamente al movimiento indígena del Cauca. Quilcué había aterrizado poco antes en la ciudad cuando se enteró de lo ocurrido.

Durante los años siguientes, el caso avanzó en los tribunales

El 14 de junio de 2010, un juez civil condenó a seis soldados del batallón José Hilario López de Popayán por el asesinato de Eduin Legarda y absolvió a otro militar que también estaba procesado. Ocho años después, en 2018, se realizó el acto público en el que el Estado colombiano pidió perdón a Aída Quilcué por el asesinato de su esposo. Aunque la escena cerró formalmente un proceso judicial largo y se hizo algo de justicia, Aida Quilcué quedó golpeada para siempre y se radicalizó en su crítica a las posiciones de Álvaro Uribe, una postura que comparte y que la ha acercado a Iván Cepeda, a quien acompañará en la búsqueda de la presidencia de Colombia.

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