Delcy Rodríguez: La cara del deepfake en la democracia venezolana
En 2020, Netflix estrenó la película polaca The Hater, una ficción que cuenta la historia de Tomasz Giemza, un joven dedicado a construir narrativas de odio orquestadas desde las redes sociales, donde Internet no es un espacio de debate, sino un campo de batalla en el cual la verdad es irrelevante y la mentira es la única herramienta eficiente.
Así, a espaldas de su círculo cercano y de la sociedad, Tomasz se vende al peor postor, erigiéndose, a punta de campañas de desprestigio, como un profesional de la infamia cuya victoria era el linchamiento moral del contrario.
Si esta distopía cinematográfica sobre el poder de los laboratorios de opinión resulta alarmante, el caso de Venezuela post Nicolás Maduro merece ser revisado con el mismo lente, pero desde una mirada más patética: un grupo de jóvenes al servicio de la dictadura, autodenominado “guerrilleros digitales”, denuncia que Miguel Ángel Pérez Pirela, Pedro Carvajalino y Roi López Rivas—sus jefes y veteranos propagandistas del chavismo—dejaron de pagarles repentinamente, porque la nueva orden es dejar de hablar del 3 de enero y solicitar el regreso de Maduro. Ahora, el guión pide subirle el volumen a Delcy Rodríguez como si fuese el rostro del progreso del chavismo, y no una figura interina puesta por Donald Trump tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Toma chocolate y paga lo que debes
En Instagram y X abundan capturas de pantalla en las que los “guerrilleros digitales” exigen que se les pague su “trabajo” del mes de febreyo y amenazan con filtrar información confidencial de los denunciados. De hecho, más tarde, durante el fin de semana, la cuenta satírica @rietegobierno reveló parte de una conversación sostenida con un “guerrillero digital”, quien afirmó que la nueva orden era que “se calmaran”, porque ya venía una nueva asignación.
Según el usuario @perdomo_ca46645 —al momento de escribir este artículo, las publicaciones fueron borradas—, son al menos 5000 los “guerrilleros digitales” a los que les cesaron el pago, que, de acuerdo con el “guerrillero” entrevistado, podía ir desde un iPhone de última generacion hasta 50 o 250 dólares semanales. La cifra, de acuerdo con la “guerrillera” citada por @rietegobierno, dependía de la cantidad de seguidores y métricas del usuario.
Un ejercicio matemático rápido en el que a 5000 “guerrilleros digitales” se les paga 250 dólares semanales da un total de 1.250.000 dólares semanales. Casi dos millones a la semana destinados a desprestigiar a políticos y periodistas de oposición, y a exigir el regreso de Maduro y Flores.
Hasta que el grifo se cerró. Si no, que lo diga Mario Silva, veterano otrora insigne de la propaganda chavista, despedido de Venezuela News y reducido a una hora en Venezolana de Televisión, que acabó exiliándose a las redes sociales donde nadie lo escucha.
Delcy Rodríguez es el deepfake de la democracia
Si bien el chavismo ha ido desmontando su propia narrativa, también es cierto que, en paralelo, su ejercicio orwelliano en tiempo real sigue intacto: más de 50 falsos noticieros hechos con inteligencia artificial hacen de The Hater una modesta película sobre la falsedad, y de Venezuela, una distopía cuya realidad excede al género en sí mismo, al tratarse de un país sometido al deepfake de una democracia que no existe.
¿Cuánto le costó al erario del Estado venezolano financiar esta nueva mentira? Habría que preguntarle al trío Pérez-Carvajalino-López. Pero quién sabe, porque, así como Mario Silva ayer estaba y hoy ya no, el aparato de propaganda del “Rodrigato” parecería estar mutando a algo mucho más sórdido e irreal.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.


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