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Dámaso Jiménez: El Caballo de Troya de los Rodríguez en la Diplomacia Petrolera Venezolana

Dámaso Jiménez: El Caballo de Troya de los Rodríguez en la Diplomacia Petrolera Venezolana

Las alfombras rojas de la nueva embajada venezolana en Washington no huelen a diplomacia tradicional, sino a una mezcla espesa de crudo pesado y pragmatismo de supervivencia.

La facción liderada por los hermanos Rodríguez ha ejecutado una maniobra de distracción geopolítica sin precedentes: convencer a la administración Trump de que ellos, y sólo ellos, son los «gerentes» capaces de resucitar una industria petrolera en ruinas, intentando con ello enterrar definitivamente la urgencia de una transición electoral real.

El discurso que emana de los nuevos consulados es atractivo para los intereses de la Casa Blanca. Bajo la bandera del «interinato pragmático», los Rodríguez ofrecen a las corporaciones estadounidenses (Chevron y Hilcorp a la cabeza) algo que el dogmatismo de Maduro nunca pudo: el control operativo de facto. Al permitir que los técnicos de Houston tomen las riendas de los campos destruidos, la facción de los Rodríguez busca volverse «indispensable».

Su estrategia es clara: si el petróleo fluye y los precios en las gasolineras de Florida y Texas se estabilizan, la presión por elecciones libres se convierte en un ruido de fondo molesto para Washington. Están apostando a que el realismo económico de Trump termine por aceptar que un «chavismo funcional» es mejor que el caos de una transición incierta.

El “Plan B” del Doble Juego: La Espera por el Revés de Trump

Sin embargo, detrás de las sonrisas en los cócteles diplomáticos, el cálculo es más siniestro. Fuentes cercanas a la inteligencia energética aseguran que este entreguismo es temporal y profundamente cínico. Los Rodríguez operan bajo la premisa de la traición: están ganando tiempo. Su verdadera lealtad no es con la apertura de mercados, sino con la retención absoluta del poder.

El «Plan B» de los Rodríguez no se escribe en los contratos petroleros, sino en el calendario electoral estadounidense. Aguardan con ahinco cualquier señal de debilidad o derrota futura de Donald Trump. En su visión, una administración demócrata o un cambio de guardia en el Capitolio les permitiría denunciar los acuerdos actuales como «leoninos» y revertir las leyes de apertura, retomando el control estatal absoluto una vez que la infraestructura haya sido reparada con capital norteamericano.

Aquí la pregunta no es ¿quién engaña a quién en esta dulce pero pragmática relación? sino cuando mostrarán sus garras. Si planificaron la traición a Maduro y Cilia tan metódicamente, ya deben estar hablando con los enemigos de Trump, sus verdaderos aliados.

Para completar este cuadro de supervivencia política y negocios bajo cuerda, debemos poner la lupa sobre las dos grandes incógnitas que definen si Venezuela va hacia una apertura real o hacia un «maquillaje» dictatorial de largo plazo.

Lo que el interinato de los Rodríguez vende como «pragmatismo» no es más que una estabilización del autoritarismo. No hay señales de un desmantelamiento de las estructuras de control social ni del aparato represivo que heredaron de Maduro; lo que hay es un cambio de fachada. Al abrir las embajadas y sentarse a negociar con el sector petrolero, buscan legitimar una nueva élite burocrática «limpia de polvo y paja» que habla el lenguaje de los mercados globales pero mantiene el puño cerrado en lo interno.

El flujo de petrodólares gestionado por EE.UU. corre un riesgo sistémico: en lugar de traducirse en libertades políticas y reconstrucción del tejido social, podría terminar financiando la longevidad de este sistema. Si el dinero solo sirve para estabilizar la moneda y abastecer bodegones de lujo mientras la persecución política continúa bajo nuevas formas legales, estaremos ante una versión caribeña del modelo chino o ruso: capitalismo para los amigos con control socialista absoluto para el resto de los mortales.

El «pragmatismo» es, en realidad, el caballo de Troya para que la nueva versión del chavismo sobreviva a su propia destrucción económica.

La industria petrolera es hoy un paciente en cuidados intensivos que apenas empieza a respirar, y todos quieren una parte del oxígeno.

Con una deuda en default que supera los $150.000 millones, la tensión es insostenible. Los acreedores (tenedores de bonos y empresas expropiadas) están al acecho, y las empresas norteamericanas no enterrarán miles de millones en el subsuelo venezolano si saben que el primer barco de crudo que salga puede ser embargado en aguas internacionales por una orden judicial de un tribunal en Nueva York.

El dilema para el interinato es letal: Si usan el flujo de caja para pagar la deuda, se quedan sin dinero para la inversión mínima que requiere PDVSA para no colapsar de nuevo. Si lo usan para programas sociales, los acreedores intensificarán la guerra legal contra los activos venezolanos. Si lo usan para reinvertir en los pozos, el pueblo seguirá sumido en la precariedad, lo que hace estallar la narrativa de «estabilización» que le prometieron a Trump.

Estos escenarios confirman que “los hermanos siniestros” no buscan salvar al país, sino salvarse ellos, usando el petróleo como escudo contra la justicia internacional y como moneda de cambio para su permanencia.

La Trampa del Pragmatismo

Para el sector energético, el riesgo es total. Mientras el interinato se vende como el rostro amable de la estabilización, sigue arrastrando el lastre institucional de la dictadura.

No hay garantías jurídicas reales, solo licencias administrativas que pueden evaporarse al ritmo de la conveniencia política en Caracas.

Los Rodríguez no están democratizando Venezuela; están intentando privatizar su propia supervivencia. El petróleo, una vez más, no es el fin, sino el lubricante de una maquinaria que pretende hacerse inamovible, fingiendo ser socios mientras esperan el momento justo para mordes la mano que hoy les permite reabrir sus embajadas. Apuestan por unos resultados desfavorables en noviembre, que se encuentra a la vuelta de la esquina.

                                                                                                                 @damasojimenez

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