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Moonstruck: Redescubriendo la Comedia Romántica y su Valor Cultural

Moonstruck: Redescubriendo la Comedia Romántica y su Valor Cultural

El “romcom”, o comedia romántica, es uno de los géneros más comunes del cine. Tradicionalmente considerado un género más “femenino”, por su alto énfasis romántico, ha estado presente durante tanto tiempo que podríamos observar la historia del cine a través de cómo ha contado sus relatos amorosos. Aprender a amar un buen “romcom” es aprender a amar el cine: tiene todas las características que hacen que el arte sea impactante, de calidad e importante para la cultura.

“Moonstruck” es, quizas, el ejemplo perfecto: una película con un elenco estupendo, una trama increiblemente divertida, escenas memorables y una tonalidad que no le tiene nada que envidiar al cine más “elevado” o “profundo”. Loretta Castorini (Cher) es una viuda de 37 años que siente que la vida la está arrastrando y que ha perdido el control de sus decisiones. Su novio, Johnny Cammareri (Danny Aiello), está a punto de pedirle matrimonio, pero se ve obligado a irse de Nueva York a Italia para cuidar a su madre, que se encuentra en su lecho de muerte.

Loretta decide organizar la boda durante ese periodo de espera, y Johnny le deja una tarea sencilla: debe ponerse en contacto con Ronny (Nicolas Cage), su hermano menor, con quien perdió el contacto hace años, para invitarlo a la ceremonia. Al encontrarse con Ronny en su panadería, Loretta descubre a un hombre lleno de ira hacia su hermano, a quien culpa de distraerlo en un accidente que le costó un brazo. La tensión entre ambos es inmediata: discuten, chocan, se rechazan.

Pero Loretta no se rinde. Decidida a que Ronny asista a la boda, lo sigue hasta su apartamento. A partir de ahí, todo se complica: entre ellos surge un romance prohibido que funciona como el verdadero motor narrativo de la película.

Es muy fácil moralizar sobre los engaños amorosos en el arte. En la vida real, nadie quiere ser traicionado, y por eso resulta sencillo juzgar, condenar o incluso odiar a personajes ficticios que engañan. Pero la moralidad en el arte no es tan simple, y no todo responde a una lógica de fábula con moraleja cerrada.

En “Moonstruck”, el engaño no es el problema: es parte del juego. Es lo que hace avanzar la historia y lo que nos permite disfrutar la química entre Ronny y Loretta, incluso cuando sabemos que están actuando mal. La película no se toma demasido en serio ese conflicto moral, y el espectador tampoco debería hacerlo.

Hay, además, un paralelismo con la ópera La Bohème, que aparece como elemento dentro de la trama y refuerza la base cultural italiana e italoamericana del filme. Como en la ópera, las emociones están elevadas al máximo y los acontecimientos se desarrollan con una intensidad casi exagerada.

Entendido así, resulta fácil entregarse a la historia y a la relacion central, con o sin engaño. “Moonstruck” es, en esencia, una película fantasiosa: no opera con emociones realistas o contenidas, sino en un plano más abstracto y esencial. Parte de la idea de que basta ver a alguien bajo la luz de la luna para enamorarse por completo.

Es una visión profundamente romántica del mundo. Y una que, décadas después de su estreno, sigue valiendo la pena.

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