Realismo y Esperanza: El Futuro de Venezuela Tras el Cambio Político
Creo que es importante que los venezolanos tengamos claro lo que, sea cual sea la fecha en la que ello ocurra, podemos esperar y nos corresponde hacer desde el momento en el que se produzca un cambio político en nuestro país.
Los niveles de destrucción institucional, de infraestructura y económico que ha sufrido Venezuela son de una enorme profundidad. Uno de los razonamientos que han justificado el conocido plan de las tres etapas era el de que resultaba importante adelantar en algo la recuperación del país, durante el interinato y en ámbitos como los mencionados, para que cuando se produjera la transición política, el nuevo gobierno encontrara ya en marcha un proceso ascendente, aunque fuera un tantico así. De este modo no tendría que cargar con todo el peso de arrancar desde cero un proceso de recuperación que en verdad luciría muy cuesta arriba. Algún artículo escribí yo mismo en esa línea no hace mucho.
Ese planteamiento que luce tan coherente y prudente tiene un problema. Consiste en que las posibilidades de que el proceso destructivo se revierta y de que algo se reconstruya durante el interinato son muy limitadas y en muchos terrenos prácticamente nulas.
Donde ello es más evidente es en la reconstrucción institucional. Llevar adelante un proceso de reconstrucción institucional es sencillamente contradictorio con los intereses políticos de las actuales autoridades, pues pone en cuestión su control de los poderes públicos y por ahí su permanencia en el poder. Dentro de las opciones que tenía para concebir su propio papel histórico, el interinato, como en realidad era de esperarse, ha tomado la más miope y antihistórica: la de que su “papel”, si se le puede llamar así, es estar en el poder todo el tiempo que pueda.
Lo grave de esto es que la carcoma institucional tiene un enorme poder de difusión sobre todo lo demás. ¿Cómo proporcionar, con la institucionalidad en la lastimosa condición en que está, un mínimo de seguridad jurídica? ¿Cómo reconstruir, así sea en algo, los servicios con una administración pública como la hoy existente? ¿Cómo, entonces, lograr un real avance en el proceso de recuperación económica? Y siga usted añadiendo preguntas.
De modo que la hipótesis más sana de la que se puede partir es la de que un nuevo gobierno se va a encontrar con un país en los niveles de ruina parecidos a aquellos en los que llevamos ya unos cuantos años. Y esto me lleva a las primeras líneas de este artículo. Creo que los venezolanos tenemos que tener clara conciencia de que, una vez que haya un cambio político, la tarea de reconstrucción va a ser ardua y que hay que interiorizar la convicción colectiva de que lo más importante es que los venezolanos empecemos a vivir en un nuevo clima político, institucional y económico, cuyos resultados para la vida real de las personas van a ser graduales, acumulativos, pero de velocidad inicial incierta. Que, siendo así, lo más importante es que sepamos que como sociedad empezamos de nuevo la ruta del ascenso, en cuyos primeros tramos tal vez todavía vamos a experimentar los coletazos de los años de destrucción. Que, para poner sencillas ilustraciones, los apagones no se van a terminar de un día para otro y que el agua no va a empezar a llegar todos los días como por arte de magia.
Transmitir esa sensación de ascenso, lograr que la ciudadanía esté atenta a las señales de mejoría que se alcancen aquí y allá y que sobre todo perciba que ellas son signos de una sostenida tendencia general hacia arriba, obtener que la población otorgue un compás de tiempo que vaya al ritmo de lo que se va pudiendo lograr. He allí, me parece, tareas centrales del liderazgo político al que le corresponda acceder el poder cuando el interinato finalice. No es una tarea fácil: son muchas las necesidades y las expectativas acumuladas. Mantener viva y creativa la tensión entre el realismo y la esperanza que se va cumpliendo: he allí una señal de cuándo se está ante un o una líder de altos quilates. Con seguridad que ella los tiene.
Si lo antes dicho tiene fundamente, el plan de las tres fases tendría que ser reevaluado en sus tiempos, a la luz del hecho de que es poco lo que se puede lograr en la segunda fase, la llamada “de recuperación”. Siendo así, mientras más pronto ocurra la transición mejor, pues más pronto va a comenzar el ascenso. Igualmente tendría que ser severamente descartada la idea, si es que está en cabeza de alguien, de que hasta tanto se puede dejar en manos del interinato los pasos a dar en el proceso de reconstrucción, especialmente en el terreno institucional. Para lograr avances en ese campo de los poderes públicos, habrá que ejercer una presión especial de parte de quienes supervisan todo este plan de las etapas, sea para avanzar en ello hasta donde se pueda, sea para preparar una renovación en los poderes públicos que acompañe sin tardanza al cambio político.



Publicar comentario