La Casa de la Aduana: Nuevo Centro Gubernamental de Abelardo de la Espriella en Barranquilla
Si se cumple lo que el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, le dijo a Blu Radio, la Casa de la Aduana volverá a convertirse, más de cien años después de su construcción, en uno de los edificios más importantes del Estado colombiano.
Según contó Char, el presidente electo Abelardo de la Espriella firmará el próximo 7 de agosto un decreto para convertir la histórica edificación en una sede del Gobierno Nacional, desde donde el gabinete despachará cuando el Ejecutivo sesione en la capital de Atlántico.
Antes de convertirse en uno de los principales centros culturales del Caribe colombiano, el edificio de la Aduana cumplía la función de vigilar más de la mitad de la mercancía que entraba al país.
Su historia comenzó con un incendio. A principios del siglo pasado, las viejas bodegas al lado de la estación Montoya no solo se habían convertido en una madriguera de ratas, sino que ya no daban abasto a los productos que entraban al país por La Arenosa.
En 1916, un empujón del destino terminó por acabar con los bodegones de zinc y madera. Una chispa alcanzó unas cajas de fósforos almacenadas en uno de los depósitos y provocó un incendio que destruyó buena parte de la primera aduana que tuvo Barranquilla
.

La estación Montoya y las antiguas pesebreras de las mulas del tranvía, siguen siendo un atractivo de la ciudad que recibe miles de turistas al año
A raíz del incendio, el Gobierno del presidente Marco Fidel Suárez, presionado por el gremio comercial barranquillero, aceptó construir un edificio capaz de responder al creciente volumen de mercancías que llegaba desde el puerto marítimo de Puerto Colombia, que entonces operaba día y noche.

La separación de Panamá
Para esa época, Colombia no superaba la pérdida de Panamá. La isla se había separado con el respaldo decisivo de Estados Unidos, que supo aprovechar el descontento de los panameños con el gobierno conservador y les ofreció hacer realidad el proyecto en el que el Estado colombiano había fracasado: construir un canal que uniera los océanos Atlántico y Pacífico y transformara el comercio mundial.

El canal de Panama, actualmente, mueve el 6 % del comercio mundial, funciona con agua dulce de lluvia y permite cruzar de un océano a otro en solo 8 a 10 horas.
La nueva Aduana sepultó un cementerio indígena
Para construir el edificio -que hoy el Gobierno de Abelardo de la Espriella proyecta convertir en una sede alterna desde donde despachará su gabinete-, el gobierno de Marco Fidel Suárez contrató al arquitecto jamaiquino Leslie Oliver Arbouin, quien había ganado prestigio trabajando en las obras del Canal de Panamá.
Arbouin presentó los planos de una monumental construcción de inspiración italiana al Gobierno Nacional. La propuesta fue aceptada sin tener en cuenta que la estructura se ubicaba encima de siete hectáreas de un cementerio indígena.
La obra comenzó oficialmente el 20 de enero de 1919, cuando Marco Fidel Suárez puso la primera piedra sobre la tumba de algún ancestro prehispánico. Aunque la edificación amenazaba con hundirse dentro de las tumbas, puesto que fue construida por debajo del nivel de suelo, logró sostenerse y abrió sus puertas en 1921.
En pocos años, se convirtió en el corazón del comercio colombiano: por sus corredores llegó a pasar más del 50 % de las importaciones nacionales, generando rentas superiores a 1,9 millones de pesos oro al año.


La tragédia del poeta del nuevo edificio de La Aduana
El edificio, que probablemente recibirá a los funcionarios del Gobierno entrante, tardó muy poco en quedarse pequeño.
Su administrador era el poeta soledeño Miguel Moreno Alba, quien había llegado al cargo gracias a su cercanía con el presidente Suárez. Moreno observó que el crecimiento del puerto hacía insuficientes las instalaciones y, convencido de que era necesario ampliarlas, autorizó las obras sin contar con la aprobacion del Gobierno. La inocente intención fue la fuente de su desgracia.
Cuando Laureano Gómez conoció la decisión que había tomado el poeta, lo denunció desde el Senado como el mayor deudor de la Nación. Moreno Alba entregó sus bienes para responder por las obras no autorizadas y quedó arruinado.
Aunque intentó restablecer su vida, la quiebra lo fue minando hasta que una tarde, en la playa de Puerto Colombia, al mismo tiempo que caía el negro de la noche sobre el mar, bebió una pócima que acabó con su vida.
La Aduana cayó en el olvido
Apenas tres años después del suicidio de Moreno Alba, el Gobernador del Atlántico, Alberto Pumarejo, propuso vender la Aduana para levantar nuevas instalaciones en los patios del Terminal Marítimo de Bocas de Ceniza.
Para ese momento, el largo muelle de Puerto Colombia por donde años atrás habían ingresado toneladas de progreso que iban a parar al edificio de la Aduana, se había convertido en una arruinada plataforma de hierro y madera, mientras que el tren que comunicaba con Barranquilla solo servía para que los niños buscaran caracoles dentro de la arena.
La propuesta nunca prosperó y el edificio terminó sumido en el olvido durante cerca de cuarenta años. Nadie imaginaba que, un siglo después, aquella infraestructura consumida por el abandono se convertiría en una de las sedes del Gobierno Nacional.
La restauración llegó en 1994, gracias al trabajo de la firma González Ripoll y Asociados, liderada por la arquitecta Katya González Ripoll, un proyecto que obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en la categoría de restauración.

La Casa de la Aduana en medio de su restauración en los noventa.
Abelardo de la Espriella llegaría al edificio de la Aduana
Durante la campaña presidencial, Abelardo de la Espriella prometió gobernar desde las regiones y no desde el Palacio de Nariño en Bogotá. Bajo esa premisa, confirmó que despachará desde Cali, Medellín y Barranquilla, la ciudad en la que vive y donde ha recibido a funcionarios, senadores extranjeros y mandatarios locales desde que es presidente electo.
En Barranquilla, según el gobernador Eduardo Verano de la Rosa, el abogado va a gobernar en las instalaciones de la Segunda Brigada, en el barrio Paraíso. Mientras que su gabinete ministerial estará ubicado en el edificio de la Aduana, que funciona actualmente como centro cultural donde funciona la Biblioteca Piloto del Caribe, el Archivo Histórico del Atlántico y el Centro de Documentación Musical Hans Federico Neuman, espacios que se encuentran abiertos al público.
Entre los tesoros que alberga se encuentra una invaluable colección de más de 4.500 libros pertenecientes a la biblioteca personal de Gabriel García Marquez. También, el mural Simbología de Barranquilla de Alejandro Obregon, pintado en 1956.

Mural de Alejandro Obregón que se encuentra en la Casa de la Aduana.



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