Buzón de Quejas de TalCual: La Voz Ciudadana Frente a la Crisis de Servicios Básicos en Venezuela
A través de un termómetro ciudadano, TalCual recopiló testimonios que retratan el malestar provocado por las fallas en los servicios básicos. La falta de agua, los bajones eléctricos y el deficiente transporte urbano se posicionan como los principales dolores de cabeza de los usuarios.
Los venezolanos sobreviven a los servicios básicos. Así lo constató TalCual en la Plaza Brión de Chacaíto, donde instaló su buzón de quejas durante tres días para escuchar de primera mano a los ciudadanos.
En un contexto donde los canales oficiales de denuncia suelen ser escasos, por no decir nulos, o generan desconfianza en la población, esta caja de cartón se convirtió en un termómetro del malestar general: cada participante escribió en un papel su queja acerca del o los servicios que más le fallan, indicando el sector en el que vive. Este ejercicio de escucha activa y no virtual buscó promover la participación directa en el espacio público y defender el derecho a la libre expresión.
El resultado de esta iniciativa es un registro independiente de 54 reportes, en los que el agua potable se ubicó como el servicio más precario, afectando al 77.8% (42 reportes) de los consultados. Le sigue la electricidad, con 50% de las quejas (27 reportes), y el transporte público, que escala al tercer lugar con el 27.8% (15 reportes). El internet (11.1%), el aseo urbano (11.1%) y el gas doméstico (7.4%) completan el cuadro de desatención.
El Distrito Capital concentró la mayoría de las quejas sobre los servicios básicos, sumando 44 de los 54 reportes totales. El municipio Libertador se convirtió en el epicentro del descontento en este registro al concentrar 17 quejas, lo que representa el 38.6% de los casos de la capital. Desde allí, los papeles en el buzón describieron una crisis que golpea por igual a sectores como El Junquito, Altagracia, San Bernardino y Catia.
En segundo lugar se ubicó el municipio Sucre con 12 quejas (27.3%), un volumen de denuncias impulsado principalmente por los severos racionamientos de agua en Petare. Vecinos del sureste de la capital también dejaron sus quejas: Baruta acumuló 7 reportes (15.9%) que pusieron en evidencia las deficiencias que sufren tanto en sectores residenciales como zonas periféricas y rurales.
Por otro lado, se recogieron dos quejas (4.5%) en el municipio Chacao, y hubo un solo reporte de El Hatillo (2.3%), enfocado en la vulnerabilidad de la luz ante el clima. Además, cinco de las personas (11.4%) que depositaron su queja en el buzón de TalCual y residen en el Distrito Capital prefirieron no especificar su municipio o sector de residencia.
El eco del malestar con los servicios básicos rompió las fronteras de la capital con 10 reportes provenientes de Miranda, Carabobo, La Guaira, Falcón y Barinas.
Este descontento acumulado en el buzón de TalCual tiene un reflejo directo en las calles. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró 1.926 protestas en el primer trimestre de 2026, un incremento del 144% respecto a 2025. En lo que a servicios básicos se refiere, el desglose coincide parcialmente con los reportes recogidos: el agua lideró los reclamos con 122 manifestaciones, seguida por la electricidad (36), el colapso de aguas servidas (15) y la recolección de desechos (14).

Esclavos del mal servicio de agua
De entre todos los servicios básicos reportados, el agua es el que más falla. Andrés Abreu, vecino de San Agustín del Norte, cuenta que el servicio intermitente de agua «no le permite llevar una vida normal». José Ángel Olivares vive en Vista Hermosa y cuenta que su rutina se ha vuelto «tediosa» porque el agua no sale de las tuberías constantemente desde hace meses. En sectores populares como el barrio José Félix Ribas de Petare, Deivys Suárez denunció que los ciclos de espera por el «vital líquido» alcanzan los 21 días.
Esta realidad de calle refleja los hallazgos de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2025: solo el 29% de los hogares venezolanos recibe agua diariamente y apenas un 19% cuenta con un servicio continuo. El restante 70% vive bajo estricto racionamiento.
La escasez crónica se complementa con la insalubridad. Un residente de la Candelaria que prefirió el anonimato relata que recibe el servicio apenas dos veces por semana, y, para colmo, el agua «sale cochina».
Al respecto, el Monitor de Servicios Públicos de Cedice Libertad documentó en enero de 2025 que 86% de los encuestados afirmaba que el agua llegaba cada vez más fétida y sucia, lo que ha disparado las enfermedades estomacales. La situación no ha mejorado.
«El agua es vital, pero tenemos que comprar botellón porque el agua sale sucia y nos enferma», comenta Nelly Flores, quien vive en Nueva Cúa, en el estado Miranda. «El botellón cuesta 250 bolívares. Tengo el bolsillo aporreado y la pensión no alcanza. No sé a dónde vamos a llegar».
La respuesta institucional ante la crisis ha sido la centralización. En febrero de este año, Delcy Rodríguez anunció la absorción de todas las hidrológicas regionales y municipales bajo la estatal Hidroven. Al respecto, Luis Herrera, que ya va para 10 años sin recibir agua constantemente, pide a las autoridades que se pongan las pilas: «Cada vez racionan más días. Les tengo un desprecio enorme por la cantidad de veces que necesité agua y no tenía».

Apagones a la orden del día
Para Alberto Rodríguez, residente de Altamira, los apagones de cuatro horas diarias truncan su rutina: no puede cocinar y ya dio por perdidos varios electrodomésticos.
Una jubilada de la parroquia Carlos Soublette, de La Guaira, describe el impacto emocional y material del inestable servicio eléctrico: «Hay días de puro bajón. Desde marzo es de terror. Con protector y todo, se dañó la nevera. Perdí dos televisores. Estoy contra el piso. Mi mamá tiene más de 80 años y no tiene con qué distraerse. Mi pensión no alcanza para las reparaciones».
En Carabobo, donde vive Jonathan, padecen apagones de hasta ocho horas. «Nos ponemos a echar cuentos pa’ pasar el mal rato», dice.
María Besone, habitante de El Peñón, le ha pedido hasta seis veces a Corpoelec que arregle una avería en su medidor, pero la compañía solo atendió su solicitud una vez y no pudo solucionar su problema. «Soy una persona de tercera edad y me siento impotente y frustrada por la situación. Ya he perdido casi todos los artefactos electrónicos», lamenta.
La Encovi 2025 registró que solo 10% de los hogares reportó no haber sufrido interrupciones en el suministro eléctrico. El peso de este deterioro lo absorbe la economía familiar. De acuerdo con una investigación de TalCual, los ciudadanos gastan entre 20 y 180 dólares en la compra de insumos para paliar los apagones o en la reposición de equipos que no sobreviven la inestabilidad del sistema.
Además de la falta de mantenimiento, el deterioro de nuestro sistema eléctrico es consecuencia de la corrupción. Transparencia Venezuela estima que el país desembolsó más de 29 mil millones de dólares en proyectos eléctricos entre 2010 y 2016. Sin embargo, las obras quedaron a medias o en el papel porque gran parte de esos recursos no se invirtieron correctamente.
La Asamblea Nacional (AN) aprobó por unanimidad, en primera discusión, el proyecto de reforma parcial de la Ley Orgánica del Sistema y del Servicio Eléctrico, instrumento legal que tiene como propósito central incorporar la inversión privada y de capital mixto para reconfigurar el modelo energético que hasta ahora ha regido en el país.

Tarifas al alza, servicios básicos a la baja
Quienes viajan hacia El Junquito desde los terminales de Plaza Venezuela o La Yaguara deben sortear la escasez de autobuses y un cobro arbitrario. Una residente de la zona denuncia que aunque el aumento de pasaje oficial es de 40 bolívares, los conductores lo elevaron a 100 bolívares más, alegando la falta de gasoil. Las unidades no abundan y el horario se limita hasta las 7:30 p.m.
Los incrementos arbitrarios también pegan en el bolsillo de los vecinos de Guarenas, en Miranda. Noel Sánchez dijo a TalCual que prefiere caminar largas distancias para no gastar lo poco que recibe al mes.
El aumento del pasaje urbano a 140 bolívares entró en vigor este 1° de junio y se mantendrá fijo durante los meses de junio y julio, mientras que el salario base sigue en los mismos 130 bolívares desde 2022.
Por otro lado, los testimonios apuntan a la inconsistencia y el cobro excesivo del aseo urbano. «Me llegó una factura de más de 4.000 bolívares y el aseo ni pasa. Si vas fuera de hora a llevar los desechos a la Avenida Sucre, te multan. Imagínate, un montón de policías para cuidar un container», relató Bárbara, habitante de Los Flores de Catia.
Esta intermitencia en la recolección también la padece José Moreno en Colinas de Bello Monte, quien denunció que el servicio solo se activa «cuando pasan personas importantes». Según explicó, las cuadrillas no recogen los residuos que limpian, lo que provoca que los desechos queden acumulados durante meses en la vía pública.
La jornada en Chacaíto es apenas el punto de partida de un recorrido que hará el buzón de TalCual a otros espacios públicos, con el fin de seguir escuchando y documentando las realidades de los venezolanos.



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