Seis años de desidia en la UCV: El pasillo 5 sigue colapsado y olvidado por el gobierno
A seis años del colapso del pasillo 5 de la Universidad Central de Venezuela, la estructura se mantiene como una «herida abierta» que desmiente la narrativa de recuperación total del oficialismo. Pese a que expertos estimaron el costo de la obra en apenas 13.000 dólares -para el momento de la caída- y aseguran que podría ejecutarse en un año, el tramo fue excluido de los cronogramas oficiales por «mezquindades políticas». Entre concursos de ideas estériles que terminan desiertos y un reciente hermetismo informativo en Copred, el patrimonio mundial de la UCV sigue siendo rehén de la desidia y la propagando.
El 17 de junio de 2020, el estruendo del concreto colapsando en la Ciudad Universitaria de Caracas no solo fracturó el pasillo número 5; también desnudó décadas de desatención presupuestaria. Seis años después, la «joya de la corona» de la arquitectura moderna en Venezuela, Patrimonio de la Humanidad, exhibe una herida abierta que la retórica gubernamental no ha podido ocultar con pintura. Lo que el discurso oficial presenta como una «recuperación integral» se detiene en seco ante un tramo de losas onduladas cuya reparación requiere una voluntad política que parece costar mucho más que los recursos técnicos.
Mientras la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV celebra con bombos y platillos la impermeabilización de fachadas y el desmalezamiento de jardines, el tramo que conecta la Facultad de Humanidades con el Rectorado sigue bajo el rastro del colapso.
Según el profesor Amalio Belmonte, exsecretario de la UCV, el presupuesto estimado para recuperar la estructura específica del tramo caído era de apenas 13.000 dólares en ese momento. Una cifra que, en el universo de los presupuestos estatales y las «megainversiones» anunciadas en cadena nacional, resulta irrisoria.
El arquitecto Pablo Molina, quien dirigía el Consejo de Preservación y Desarrollo (Copred) al momento del desplome, aporta una visión técnica cruda que respalda esta denuncia: el concreto no es eterno. «Se creía que el concreto era para siempre, pero sufre fatiga de materiales y deterioros inevitables si no hay inversión», explica. Aunque Molina aclara que el colapso fue quirúrgico en dos secciones debido a una fatiga pronunciada, subraya que la falta de recursos impidió actuar a tiempo sobre la viga 13, el epicentro del desastre.
Cronología del incumplimiento
Para entender cómo una reparación de bajo costo se convirtió en una deuda eterna, hay que revisar la bitácora de anuncios oficiales que quedaron en el papel:
Junio 2020: Tras el colapso de la viga 13, Nicolás Maduro ordenó en cadena nacional «todo el apoyo» para la infraestructura. El entonces ministro de Educación Universitaria César Trómpiz llegó al sitio esa misma tarde, pero la visita se transformó en un ciclo de reclamos políticos contra las autoridades rectorales.
Julio 2021: Se crea la Comisión Presidencial, liderada por Jacqueline Faría, quien en ese momento presidía la misión Venezuela Bella. El discurso cambió: de la «ayuda» se pasó a una intervención directa que desplazó a los técnicos de la UCV (Copred) para imponer una «cuestión de honor» oficialista sobre quién debía coordinar la obra.
2022 – 2024: Faría y Francisco Garcés, nombrado como responsable o encargado de la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV, anunciaron la recuperación de «más de 45 edificios». Sin embargo, el pasillo número 5 siguió siendo una estructura apuntalada con andamios.
Agosto 2025: Ante la persistente grieta, el discurso oficial se desplazó hacia la «necesidad de avales de la Unesco» y estudios técnicos, usándolos como escudo para justificar la inacción.
A la fecha, fuentes cercanas al asunto dicen a TalCual que no hubo una comunicación oficial con mayores detalles sobre por qué la reparación del pasillo pasó a un segundo plano.
«Es posible que el propósito de la Comisión Presidencial, consistiera en tres etapas: planta física de las facultades, unidades administrativas centrales, jardín botánico, auditorios, Aula Magna. No incluía la reparación del pasillo ondulado número 5. Y no dependía de organismos internacionales, además el costo habría consumido todo lo dispuesto para la planta física en general», infiere la fuente que prefiere no decir su nombre.
Así quedó el pasillo de la UCV minutos después de colapsar en 2020
El laberinto de la burocracia
Para Pablo Molina, el manejo oficial ha sido un ejercicio de dilación. La prueba más clara fue la convocatoria, entre 2023 y 2024, de un «Concurso Internacional de Ideas» para el pasillo. «Aquí no hay muchas ideas que buscar; aquí está el modelo, los planos están en la casa Ibarra y los expertos los tenemos aquí mismo», sentencia Molina. El arquitecto enfatiza que el IMME (Instituto de Modelos y Materiales Estructurales), la «nave nodriza» de la ingeniería venezolana, ya había estudiado el caso mientras el Estado perdía tiempo buscando «creatividad» internacional. El concurso terminó siendo declarado desierto en 2025: cuatro años de espera para volver al punto de partida.
Molina revela que la exclusión del pasillo 5 fue estratégica. Aunque la Comisión Presidencial integró a académicos de la UCV, el cronograma final de obras excluyó deliberadamente la estructura colapsada. «Hubo diferencias por mezquindades políticas e ideológicas», explica el exdirector de Copred. Molina advierte que, mientras el Estado se enfoca en obras de fachada para la propaganda, ha dejado la falla estructural en el olvido, una falta de presión que también critica en la actual gestión universitaria en comparación con la anterior, que solía «alborotar el avispero» constantemente.
El hermetismo oficial también ha encontrado eco en las oficinas de la Ciudad Universitaria. TalCual solicitó información a la actual directora de Copred, la profesora Ángela Rodríguez, para conocer el estatus técnico del tramo. Sin embargo, la respuesta fue la evasión: bajo el alegato de haber sido designada recientemente (marzo de 2026), Rodríguez afirmó que el organismo se encuentra en un «período de revisión y reprogramación», por lo que no ofrecerán detalles.
La directora evitó responder incluso preguntas estrictamente técnicas, a pesar de que su propio historial profesional la vincula con el tema al haber formado parte del diagnóstico integral de vulnerabilidad del campus iniciado en 2003. Por su parte, la directora saliente, Aguedita Coss, declinó declarar argumentando que ya no pertenece a la directiva y no está autorizada para dar detalles. Entre la «revisión» de unos y el «silencio jerárquico» de otros, el diagnóstico del corredor Nro. 5 sigue en el limbo.

Tras desplome hay más riesgos
El abandono es tan profundo que ni se han cumplido las gestiones preliminares: poda preventiva, limpieza y delimitación del sitio. Según Belmonte, el corredor presenta hoy un panorama similar al de hace 17 años. Molina coincide y añade una alerta roja: la fatiga de materiales ya ha generado alertas en otras zonas, como un asentamiento de terreno en la Cancha de Honor que ya provocó una fractura estructural.
La crisis no es nueva. En 1961, una grieta similar cerca de la Facultad de Economía fue atendida con materiales inadecuados. Ese pprecedente es la advertencia que el Gobierno hoy ignora. Para Molina, la narrativa de que la reconstrucción es un desafío insuperable es falsa: «En un año se hace». Sin embargo, la Comisión ha optado por correcciones de pendientes que «no están estrictamente apegadas a las normas del patrimonio», una intervención superficial que pone en riesgo la integridad de la obra de Villanueva a largo plazo.
Para Belmonte y Molina, la situación trasciende lo técnico y entra en el terreno de la ética. Gran parte de los altos funcionarios que hoy gestionan los recursos del Estado son egresados de la «casa que vence las sombras». «Todos tenemos una deuda impagable con esta institución», sentencia Belmonte.
Hoy, el corredor donde generaciones de venezolanos caminaron hacia sus aulas es un monumento a la desidia concertada. La cicatriz de la UCV sigue allí, recordándole al país una deuda que trasciende un video del oficialismo en redes sociales, mientras que la estructura real —aquella que requiere ciencia, consenso y apenas 13.000 dólares— sigue esperando por alguien a quien realmente le duela la universidad.

Amalio Belmonte, vicerrector administrativo de la UCV
Molina es tajante sobre la solución: «En un año se hace». Para el experto, no hay espacio para inventos como lonas tensadas o machimbrado. «Hay que ir a los planos originales de Villanueva. Estamos ante una maravilla arquitectónica y tenemos un compromiso con la humanidad de restaurarla en su condición original», afirma. Rechaza el argumento de que el costo compita con otras emergencias como el Hospital Universitario: «No puede ser una obra tan costosa; es un deber de preserbación».
Para Belmonte y Molina, que el pasillo 5 siga en el suelo es una afrenta de los egresados que hoy ostentan el poder. Coinciden en que la «cicatriz» de la UCV sigue allí, esperando por alguien a quien realmente le duela la universidad.



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