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La Noche Inquieta de Tarek William Saab: Abuso de Poder y Persecución en El Helicoide

La Noche Inquieta de Tarek William Saab: Abuso de Poder y Persecución en El Helicoide

-Alístense y afeítense, que los va a atender el comisario…

Incomunicado en El Helicoide se pierde la noción de las fechas y las horas. En condiciones normales son datos elementales: siempre sabemos qué día es, siempre sabemos qué hora es. Y si no, basta con tocar la pantalla del celular o girar la muñeca para ver el reloj. Esa imprecisión en algo tan simple es una de las primeras cosas que llama la atención al escuchar a Freddy Superlano contar el singular episodio de abuso de poder y amedrentamiento del que fueron objeto él, Perkins Rocha y Biagio Pilieri por parte de Tarek William Saab.

Singular por lo inútil, por sin sentido, porque en realidad ese tipo de cosas y otras peores fueron comunes en sus tiempos como Fiscal General de la República.

Superlano –exdiputado y dirigente de Voluntad Popular–, Pilieri –dirigente del partido Convergencia, exdiputado y exalcalde– y Rocha –abogado, exmagistrado y representante legal del Comando Con Venezuela–; terminaron siendo vecinos en sus celdas de aislamiento en El Helicoide, víctimas de la ola de persecución y detenciones arbitrarias que desató el régimen de Nicolás Maduro tras la jugada maestra que dejó en evidencia su derrota en las elecciones presidenciales de 2024.

Superlano, Pilieri y Rocha tenían en común haber formado parte de la maquinaria de apoyo y coordinación puesta en marcha por María Corina Machado para impulsar la candidatura de Edmundo González. Eran, entonces, culpables. ¿De qué? De aspirar a un cambio democrático, suficiente para ponerlos en la mira de la dictadura.

En esa área de El Helicoide ya estaba Freddy Superlano, a quien un comando de encapuchados apresó el 30 de julio de 2024, apenas a 48 horas de las elecciones. A Perkins Rocha lo secuestraron también hombres no identificados el 27 de agosto. Y a Biagio Pilieri lo agarraron en Caracas, luego de participar en una manifestación contra la intromisión del Tribunal Supremo de Justicia que validó los cuestionados y amañados resultados del CNE que avalaron la estafa de Maduro.

Si bien no podían hablar con los otros detenidos ni con sus familias, ni con sus abogados; al menos había un televisor para matar el insomnio del encierro o para potenciarlo con la programación de VTV… Eso es lo que les permite hoy calcular que la orden de afeitarse y ponerse el uniforme de reos les llegó pasadas las 11 de la noche. Y a esa hora, así de sorpresa, podía ser algo o muy malo o un poco esperanzador, según se vea.

“Me dijeron, ponte la braga azul que hay un jefe grande que quiere hablar contigo”, recuerda Pilieri. Y hace una precisión del área: “Nuestras celdas estaban una frente a la otra, yo con Perkins y al frente estaba la celda de Freddy. A ese pasillo en el que estábamos le decían el pasillo de la muerte, porque ahí estaba la celda donde murió Baduel”.

La instrucción les tomó desprevenidos y vino acompañada de un movimiento intenso de sus custodios que iban y venían afanados y hasta les facilitaron las afeitadoras para la ocasión.

“Nosotros pensamos que a lo mejor era algo del juicio, que sé yo, alguna vaina, ¿no? Tú estás en la expectativa ahí de que todos los días puedes salir”, cuenta Superlano: “Nos afeitamos a los coñazos. Ahí no te dejan tener prestobarba, ellos mismos las buscaron, estaban diligentísimos los tipos para que nos afeitáramos”.

Al salir, en la entrada del Helicoide había un despliegue policial del Sebin que Superlano califica de “brutal”: patrullas con las luces encendidas, funcionarios encapuchados, con armas largas, agitados…

A los tres detenidos les pusieron las esposas con las manos adelante y los hicieron posar de pie –escoltados por agentes encapuchados- ante una pared donde está pintado el búho que forma parte de la iconografía del Sebin. Luego de las fotos tomadas bajo la mirada de al menos dos comisarios importantes de ese cuerpo de inteligencia, los reos, sin saber para dónde irían, fueron conducidos al interior de uno de esos vehículos conocidos internamente como “bambuchas”.

“La bambucha es oscura por dentro, muy oscura, y tiene tres secciones, dos hacia los lados y una en el medio”, explica Superlano. “Y como éramos tres, te separan. Es un tipo de patrulla que utilizan para los traslados. Hay bambuchas pequeñas y bambuchas grandes. A nosotros nos llevaron en una grande. Ahí te meten, vas esposado y te bajan una barra que impide que te levantes”.

Biagio Pilieri fue el primero en abordar el vehículo: “Me montaron en una bambucha… ahí no se puede ver nada, solo hay huecos pequeños para que entre aire y las personas que lleven adentro no se asfixien. Me meten y luego abren las puertas y entran dos personas. Uno dice ‘soy Perkins’ y el otro ‘soy Freddy’”.

Así salieron del Helicoide, sin poder ver por dónde rodaba la caravana policial, sin ni siquiera verse las caras en esa oscuridad de la bambucha, desorientados, hasta que uno de ellos pudo identificar algo entre las sombras y soltó: “Estamos en el centro de Caracas”.

Cuando salieron del vehículo, resultó que estaban en un sótano. Acompañados por los comisarios y los agentes ya sin capuchas, avanzaron esposados y subieron en ascensor hasta la antesala de unas oficinas. Allí los separaron para asegurarse de que no hablaran entre ellos. Comenzaba la función de medianoche.

“Al bajarnos, nos montan en un ascensor hasta el PH”, explica Pilieri: “Ahí supimos que estábamos en la Fiscalía”.

El anfitrión exaltado

“A uno lo llevan por un lado, a mí me llevan para otro. Y de repente veo que pasa este carajo sin saludar a nadie, con su cara de culo. Ni siquiera saludó a los comisarios. Y se metió para una sala”.

Este “carajo”, del que habla Superlano, era Tarek William Saab.

A la oficina donde se instaló el fiscal general, llevaron de primero a Perkins Rocha. Por su ubicación en la antesala, Superlano pudo escuchar retazos de la conversación, mejor dicho, de los gritos de Tarek William. Y por haber estado allí también más tarde, puede describir la situación.

Hay que imaginar a Perkins Rocha sentado. Frente a él, un fiscal que no debe tener ni la mitad del conocimiento en materia de leyes ni la experiencia acumulada por él. Un funcionario sostiene un teléfono para grabar sus palabras y otro se encarga de registrar sus reacciones en video con una cámara instalada en un trípode.

“Dentro de esa sala había por lo menos tres, cuatro fiscales”, hace memoria Superlano: “Estaba como el segundo a bordo de la fiscalía, no recuerdo su nombre. Yo lo vi muchas veces con Tarek. Había gente ahí con unaslaptops tomando nota, otros como testigos. Y con nosotros entraba uno de los comisarios”.

Superlano conjectura que en determinado momento el interrogatorio a Perkins Rocha derivó en una discusión legal en términos muy exaltados: “Yo escuchaba que el tipo gritaba, lo insultaba, le daba coñazos a la mesa”.

Recuerda que Tarek William acusaba a Rocha de ser un “terrorista”, que le gritaba que no le faltara el respeto. “No sea cínico”, le decía mientras golpeaba la mesa. Hasta que unos 40 minutos más tarde, le tocó el turno a Biagio Pilieri.

Desde su silla, Superlano escuchó nuevamente alterarse al fiscal.

“En la sala había un largo mesón con seis personas, cada uno en una computadora”, recuerda Pilieri: “También había una cámara encendida y estaba una persona que caminaba de lado a lado, ese era Tarek William Saab”.

Pilieri resume así la conversación:

-No tengo mucho tiempo, te voy a hacer dos preguntas: ¿dónde está María Corina Machado?

-No lo sé.

-Eso es imposible, tú eras cercano, ¿dónde está?

-No sé.

-Por tercera vez, ¿donde está María Corina Machado?

-Si lo supiera tampoco se lo diría.

-¿Donde están las actas?

-No lo sé. Pero son las mismas que ustedes tienen.

-Las que ustedes tienen son falsas. Vamos a grabar un video en el que vas a decir que las actas son falsas.

-No lo voy a grabar, porque no son falsas.

-Ya sabes lo que te viene… Retírenlo.

Cuando entró Freddy Superlano, el fiscal pidió que le quitaran las esposas, un detalle de pretendida “benevolencia” antes de comenzar la grabación con el clásico “diga su nombre y apellido…”.

“A mí nunca me interrogó nadie de la fiscalía”, cuenta hoy Superlano: “Siempre me interrogó gente del Sebin”.

En este interrogatorio hecho por Tarek William Saab todo apuntó igualmente al asunto de las actas, que dónde estaban, que él tenía que saberlo… “Mire, señor fiscal, de actas no me hable porque cuando fueron a presentarlas ya yo había caído preso”, le explicó.

Superlano le recordó que a él lo detuvieron a los dos días de las elecciones. Y lo dejaron aislado: “Yo no sé de actas. Pero, además, lo de las actas no es ningún secreto, porque las actas te las entrega el mismo funcionario del CNE, la misma máquina te las da y se las dan los testigos. Eso no es ningún secreto, eso no es un documento que sea privado, es un documento público”.

-Bueno, pero aquí tenemos un grupo de Signal donde está hablando Lester Toledo de que va a presentar en una rueda de prensa las actas.

-Sí, una rueda de prensa que iban a dar el martes cuando caí preso.

-¿Tú sabes dónde están las actas?

-Es que las actas las tienen los testigos.

-Entonces, ¿ustedes forjaron las actas?

-No, ninguna acta se forjó. Eso se puede saber por el código QR, ustedes lo pueden saber. Para eso es el código QR, para evitar que se forjen, porque ahí se identifican los elementos de transmisión y de la propia máquina que emite esa acta. Eso es una huella digital…

“Tarek te gritaba y trataba de enredarte”, cuenta. “Y después te hacía preguntas capciosas. Me preguntó, ‘¿tú reconoces al CNE?’ Yo le dije, ‘claro, si participé en la elección, lo estoy reconociendo’. ‘¿Y reconoces al TSJ?’. ‘Claro, cuando me inhabilitaron de manera injusta fui al TSJ a solicitar un amparo’. Pero también se dio una discusión porque ese interrogatorio lo estaban haciendo sin que nosotros tuviésemos derecho a la defensa. Es decir, no estaba ni el defensor público que ellos me impusieron. El propio fiscal, que es el que supuestamente tiene que ser el garante de esa vaina, estaba incumpliendo la norma”.

Al solicitar la presencia de su abogado o al menos de la defensora pública asignada, la respuesta del fiscal fue negarle ese derecho porque –desde su punto de vista- los tres eran promotores de la inestabilidad del país. “O sea, el fiscal estaba cometiendo un delito con nosotros porque supuestamente nosotros habíamos cometido otro, justificando una cosa con la otra”.

Estima Superlano que aquello terminó alrededor de las 4 de la madrugada. La sensación de los tres era de haber vivido un absurdo, no entendían la razón ni la intención del interrogatorio. Estaban confundidos. Pero no solo ellos. Y le soltaron la pregunta a los comisarios. Uno de ellos rompió el mutismo habitual y en el ascensor les contó que nunca había visto algo así en todos sus años de servicio: un fiscal general conduciendo un interrogatorio irregular, exaltado, a medianoche… “Era como para amedrentarlos”, dijo.

“Nos hizo salir a esa hora para grabarnos, para pegarnos cuatro gritos en medio de su gente a ver cómo nos atemorizaba”, razona Superlano: “No sé qué quería él que dijéramos, que reconocíamos que Maduro era presidente o algo así. No sé, no entiendo. Pero aquello fue un despliegue como si estuviesen trasladando al Chapo Guzmán, para llegar ahí y el tipo pegándole gritos a todo el mundo, tratando mal a los propios funcionarios. Déspota, todopoderoso y todo el mundo ahí asustado, ¿no? Bastaba que el tipo dijera alguna vaina para que te metieran preso, hasta a ellos mismos. Pero fue una cosa inútil. El por qué de eso es algo que nos lo hemos preguntado Biagio, Perkins y yo tantas veces…”.

-¿No crees que eso haya sido para congraciarse con alguien, para mostrarle un video de ustedes a Maduro?

-Ahora que me preguntas, recuerdo que algo así nos dijeron en el ascensor: “Ese lo que quiere es jalarle bolas a algún jefe, porque esto nunca lo habíamos visto”. Esos días Tarek estaba siendo el más radical de todos, no sé si para ganar indulgencia o credibilidad, qué sé yo. Porque nosotros éramos unos presos muy presionados, éramos como las joyas de la corona en esa cárcel, donde nunca tuvimos ni visitas ni llamadas. Fue todo un show sin propósito, quizás para alimentar su ego. No sé…

¿Y si…?

La posibilidad de que el episodio -y la frustración del fiscal al no conseguir nada para mostrar- tenga una explicación en la necesidad de ganar unos puntos con sus jefes resulta razonable. El episodio ocurrió el año en el que se vencía su periodo al frente del Ministerio Público y un buen golpe de efecto seguramente ayudaría a que lo mantuvieran en el cargo.

No le hizo falta. Tarek William Saab fue ratificado en su puesto por la Asamblea Nacional, controlada por el chavismo, el 31 de octubre de 2024. El interrogatorio a Superlano, Pilieri y Rocha debió ocurrir uno o máximo dos meses antes de la fecha.

Le correspondía ejercer hasta el 2031. Pero el destino de todos cambió el 3 de enero con la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Y en ese nuevo escenario, como se ha visto, el rodrigato ha removido a la gente del mandatario encarcelado en Estados Unidos, para ubicar a los suyos.

El 25 de febrero de 2026, Tarek William presentó su renuncia a la posición de poder que ocupaba desde 2017. De haber logrado forzar la espuria confesión que buscaba, ¿lo hubieran mantenido en su despacho? Es posible… Pero se topó con tres tipos indoblegables.

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