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Enrique Márquez: Clave para la Redemocratización y Recuperación de la Soberanía en Venezuela

Enrique Márquez: Clave para la Redemocratización y Recuperación de la Soberanía en Venezuela

Enrique Márquez quiere que su «Pacto por Venezuela» abra un debate nacional sobre qué tipo de redemocratización se desea para el país. En esta entrevista, el excandidato presidencial ratifica su alineación con Estados Unidos, aboga por reformas profundas —como la eliminación de la reelección indefinida y la segunda vuelta presidencial—, responde sobre su amistad con José Luis Rodríguez Zapatero y reflexiona sobre el hartazgo ciudadano hacia la política.

Cuando Enrique Márquez salió de la cárcel en enero, tras la acción militar de Estados Unidos, no solo fue saludado por Donald Trump personalmente en Washington, sino que realizó declaraciones públicas, entrevistas y algunas otras actividades. Luego, silencio.

El excandidato presidencial de 2024 pasó meses sin actividad pública, hasta que el 20 de agosto presentó públicamente un Pacto por Venezuela, en conferencia pública desde el Hotel Marriott de Caracas –punto neurálgico de la presencia estadounidense en el país. Y de nuevo al ruedo, como en esta entrevista donde admite que le parecen lógicas las reacciones que lo señalan como el político más abiertamente alineado con la Casa Blanca.

«No oculto que estoy completamente de acuerdo con el acompañamiento de los Estados Unidos en este momento que Venezuela más lo necesita. Nosotros, los venezolanos, lo intentamos todo para resolver nuestra situación, es decir, para desplazar al totalitarismo. Votamos y ganamos, pero no fue suficiente», abre fuegos en la conversación. El también exvicepresidente del Consejo Nacional Electoral dice que hubiera preferido una resolución sin la fuerza, «pero se resolvió así y hoy tenemos un avance para una transición política en mi opinión en la dirección correcta». 

Márquez dice que quiere elecciones, prontas y presidenciales. Pero antes hace falta tener instituciones. «En eso coincido con los norteamericanos completamente y coincido en que sin ellos, ese proceso es muy complicado».

–¿Cree que Delcy y Jorge Rodríguez han corregido algunas prácticas autoritarias por la amenaza de EEUU o porque en verdad han reflexionado sobre la actuación desde el poder?

–Si no hubiera pasado el 3 de enero, ellos no estuvieran en esa posición. El 3 de enero genera un punto de inflexión para ellos. Todo esto está ocurriendo porque hay una presión del pueblo venezolano y acompañada por Estados Unidos para que se resuelva una situación que durante de mucho tiempo no se pudo resolver. Yo quiero ser claro, para mí este es el mismo gobierno, solo que en este caso sometido a unas condiciones a un entorno diferente, con un actor que antes no estaba en Venezuela. Ahora, hay muchos que se quejan y dicen «es una violación a la soberanía», pero ¿cuál soberanía? El totalitarismo había conculcado nuestra soberanía, incluso la soberanía popular, que era la última que le faltaba por quitarnos. Yo incluso he llegado a afirmar, sin sonrojarme, que el 3 de enero empezó un proceso de recuperación de nuestra soberanía.

–¿De qué vale un Pacto por Venezuela que sea abrazado por la sociedad si la sociedad no es la que está impulsando los cambios, sino que es el Departamento de Estado?

–Es una excelente pregunta. Por supuesto aquí hay un factor que domina la escena. Hay un gobierno nacional que permanece e interactúa con ese actor. Y hay una oposición dispersa, complicada, cuya interacción con Estados Unidos es deficiente. Yo planteo que el pueblo venezolano se siente en la mesa de la transición. Quiero que este documento genere un debate, y que Estados Unidos sepa cuál es el país que nosotros queremos.

Este momento en vez de simplificarlo hay que complejizarlo y hago votos porque el pueblo venezolano se organice para participar. ¿Qué planteamiento le hemos hecho a Estados Unidos? Lo que le hemos dicho es, hazme la elección lo antes posible. Pero no le hemos dicho, mira, la ley del TSJ que queremos es esta. El pacto no busca ser firmado, no nos engañemos, no busca convertirse en un hito histórico, sino una discusión.

–¿El pacto por Venezuela es la antesala de un plan de gobierno de Enrique Márquez?

Yo tuve un plan de gobierno cuando me lancé en el 24, fui derrotado. No estoy obsesionado con eso. Mi obsesión ahorita es la democracia. ¿Para qué la candidatura en este momento? Eso no tiene sentido. 

–Mi pregunta no es si es candidato en este momento sino si este pacto sería un plan de gobierno en una eventual candidatura.

–Bueno, ahí no solo están mis ideas, hay ideas de mucha gente y todavía es incompleto. El pacto yo no solamente espero que sea un plan de gobierno, no mío, sino que sea una posibilidad de construcción en unidad nacional. Yo tengo una visión muy particular de lo que debería ser el próximo gobierno de Venezuela, que sea de unidad nacional para que en el cese del conflicto político permanente. Entonces, ojalá el pacto pueda convertirse en un aporte para una visión compartida de país, que no solamente nazca de una aspiración personal.

–El pacto plantea cosas que son un poco de perogrullo, como el respeto a la propiedad privada. ¿A usted qué le parece rompedor de su propuesta? 

–Tiene mucha razón de nuevo. Es de perogrullo la mayoría del pacto, porque es de perogrullo la solución. La primera medida es el respeto absoluto de la propiedad privada. Eso es un concepto. Ahora, ¿cómo lo materializamos? Es allí donde viene el desarrollo del pacto. El pacto no aspira a ser detallado, aspira a ser principista. ¿Dónde creo que rompe un poco con la perogrulllada? Cuando planteamos que el aprendizaje de todos estos años implica que nosotros eliminemos la reelección indefinida de los cargos ejecutivos de elección popular. Yo no quiero ver un alcalde eterno, un gobernador eterno, mucho menos un presidente eterno. Quiero ver una sociedad democrática. Igualmente, creo que es rompedor y creativo el que nosotros los venezolanos elijamos al presidente en segunda vuelta porque necesitamos gobiernos con más legitimidad y con mayor piso político.

–¿Usted cree que puede dividir a la oposición?

–No quiero. Lo que estoy haciendo son propuestas. No tengo partido político, no estoy insultando a nadie. Por lo tanto, muy lejana mi intención de irrumpir para dividir nada. Yo irrumpo para llamar la atención a lo que yo creo que se debe hacer e irrumpo para generar un debate que nos una más.

–Usted sacó muy pocos votos en 2024 y las encuestas lo ubican con números muy pequeños. Pero una encuesta no solo se lee por los números asociados a las personas sino por los escenarios que plantea. ¿Qué interpreta usted de esos números? ¿En qué momento está el liderazgo político en Venezuela?

–Lo que más me preocupa es el rechazo a la política, la falta de credibilidad. Cuando tú analizas bien los números, te das cuenta que uno puede tener un porcentaje dentro de un porcentaje de quienes estiman la política, pero el de quienes no estiman la política es muy grande. No me preocupan los números parciales que pueda tener un partido o una idea. A mí me preocupa que la sociedad no se dé cuenta de que la política es esencial. Por supuesto, hay decepciones, hay frustración, hay hartazgo de la política. Aquí se han cometido errores, todos hemos cometido errores. Yo he sido testigo y quizás parte de muchos de esos errores. El hartazgo de la política tiene justificación en la realidad, porque el país está como está por la política.

–¿Hay inmadurez política en Venezuela?

–Absoluta. En Venezuela la sociedad está controlada por hormonas todavía y no por inteligencia y sabiduría política. Entonces, yo hago voto porque en un momento como este no nos debemos llevar por las hormonas, sino que debemos llevarnos por nuestro racionamiento. 

–¿Usted ha sido inmaduro en la política?

–Pues todos hemos sido, y hemos tenido que aprender. Yo he subestimado muchas circunstancias durante mi carrera política. Yo me arrepiento de no haber dicho cosas con las que no estuve de acuerdo, como la abstención electoral.

–Luego del 3 de enero y bajo la tutela de EEUU, ¿a la oposición ya no le hace falta actuar electoralmente en unidad?

–Ese es un tema a discutir de quienes estemos en la oposición, cómo vamos a organizar el tema electoral. Pero yo antes del tema electoral digo que deberíamos estar unidos para la transición. Rechazo los ataques que hay entre nosotros que nos dividen de poder enfrentar esta transición unidos. Estoy de acuerdo con la unidad, pero no solo de la oposición, sino del pueblo venezolano que es superior a los partidos políticos de oposición. Yo lo único que pero es que la transición sea duradera.

–Sobre su amistad con José Luis Rodríguez Zapatero. La declaró cuando salió de la cárcel y antes de que al expresidente español dijera que es amigo personal de Delcy Rodríguez y lo acusaran judicialmente por presunta corrupción que pudiera involucrar a Venezuela. ¿Qué dice al respecto ahora?

–Sí, en aquellos días de enero cuando salí a declarar mi principal preocupación era agradecer. Le agradecí a Zapatero también porque se portó bien conmigo. Y bueno, ahora él está metido en un tema que tendrá que ser definido por la justicia. Yo respeto la justicia española y no tengo mucho más que agregar que no sea que espero que eso se resuelva pronto y que se resuelva lo que tenga que ser.

–¿Qué le da miedo de una transición fallida en Venezuela? 

–Que volvamos al totalitarismo por la debilidad en las instituciones. El daño que le hizo el totalitarismo a nuestro Estado es inconmensurable. Por eso le tengo miedo a que esta transición no nos saque de él.

–¿Como socialdemócrata, le da miedo que una transición democrática haga que por votación popular al país se sume a la ola derechista regional donde se inscriben a Javier Milei, los Bolsonaro, Abelardo de la Espriella, José Antonio Kast, Daniel Noboa o Nayib Bukele?

Yo no soy un dogmático de ninguna ideología. Me inscribo en la corriente del Premio Nobel Vargas Llosa, quien en su libro del llamado de la tribu explica su mutación ideológica desde que era marxista hasta que se convirtió en liberal. Todos tenemos que aprender de las cosas que hemos vivido. Yo no soy un enemigo del libre mercado, de un Estado pequeño ni del sector privado. Ahora, creo que hay varias cosas que nos definen como venezolanos y que tenemos que preservar, como la educación pública y gratuita. Yo me voy a batir como un gladiador en contra de aquel gobierno que pretenda privatizar toda la educación y toda la salud, que son fundamentales para garantizar la igualdad de oportunidades.

–¿Qué le enseñó la cárcel de sí mismo, pero también del adversario que lo metió preso?

–Me reforzó la paciencia. Todos los días en el Helicoide pensaba que sería el de mi libertad, y no llegaba. Aprendí allí el dolor de no controlar tu propia vida ni tu futuro. Aprendí lo que es estar en el control de unas manos inconscientes, injustas. Aprendí la paciencia que hay que tener para entender esa situación y no salir con odio. Ahí conocí muchos chavistas que están presos y aprendí que no solo es posible reconciliarse, sino convivir con personas que no piensan igual que tú.

Y sobre lo otro, aprendí que hay que olvidar. Diosdado (Cabello) saludaba en su programa mi propuesta, y aprovecho de decirte que es la misma que hice en 2024 y por las que fui preso, y tú nunca me defendiste. Al contrario, te burlaste de mí en tu programa, Diosdado, te burlaste de mí cuando caí preso. Porque dijiste que yo era un conspirador, un golpista, un terrorista y no lo soy. Pero aún a él yo lo llamo a la reflexión y al debate de ideas. Este país no le pertenece a nadie, a él tampoco. Y yo sé que Diosdado pertenece al pasado de este país, y pronto será pasado. El futuro del país es democrático.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.


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