Cargando ahora

Detrás de la Victoria del 28 de Julio de 2024: Claves para la Unidad y Cohesión Política en Venezuela

Detrás de la Victoria del 28 de Julio de 2024: Claves para la Unidad y Cohesión Política en Venezuela

“Los extramuros y la victoria del 28 de julio de 2024”.

En el artículo anterior relaté cómo la dirección operativa de la Plataforma Unitaria pasó de ser un espacio incómodo, marcado por la desconfianza, a convertirse en una sala de máquinas, capaz de coordinar esfuerzos entre partidos distintos junto a los grandes héroes de los partidos políticos presentes en cada rincón del territorio nacional.

Si bien coordinábamos esfuerzos, aún no estábamos totalmente apoplados. No confiábamos plenamente, y eso se evidenciaba cuando cada decisión se analizaba con exceso de caturla, teniendo que pasar por muchos filtros, algunos innecesarios. A esto se le sumaba un elemento adicional que hacía todo más complejo: mientras nosotros intentábamos construir organización, en paralelo seguían existiendo fuertes tensiones políticas entre los líderes de los distintos factores de la unidad.

Vivíamos entre debates, diferencias, declaraciones hostiles y presiones externas e internas que, en muchos momentos, podían poner en riesgo lo que estábamos construyendo. Esto ameritaba mucho más que capacidad operativa; exigía madurez política. Madurez política para organizar al país para unas primarias y dejar instalados esos equipos para el cuidado posterior de cada centro de votación en la elección presidencial por venir.

Fue así como surgió la idea de encontrar espacios fuera de la rutina diaria para enfocarnos mejor. Al estilo de los ejercicios espirituales de San Ignacio, empezamos a retirarnos para pensar con mayor claridad qué estábamos haciendo mal y cómo podíamos mejorar la forma de hacer las cosas. Siempre invitábamos expertos en cada una de las materias que nos proponíamos revisar.

Este proceso de retiros nos llevó un poco más de dos años: iniciamos poco después de las fatídicas elecciones regionales de 2021 y se extendió hasta poco antes de la elección presidencial de 2024, que fue nuestro último retiro. Lo recuerdo perfectamente, ya que en medio del trabajo que nos reunía nació mi hijo, Santiago de Jesús.

Para lograr la cohesión tuvimos que superar varias etapas. A continuación, mencionaré algunas:

I. El reconocimiento: identificar coincidencias y diferencias

El primer paso fue enfrentar algo que muchas veces la política evita: reconocer con claridad dónde coincidíamos y dónde no. En este primer retiro empezamos identificando los puntos de consenso y de discordia, con un enfoque claro: no profundizar en las diferencias, sino aprender a trabajarlas convirtiéndolas en oportunidades.

Para ello, creamos herramientas que nos permitieran debatir sin destruir, disentir sin paralizarnos y avanzar incluso en medio de intereses contrapuestos. Este ejercicio fue clave, porque nos permitió dejar de evadir los conflictos y empezar a administrarlos con madurez.

II. La disciplina: trabajar con método

Muy pronto entendimos que no bastaba con tener buena voluntad a la hora de reunirnos; había que ordenar la forma en la que trabajábamos.

En este segundo encuentro extramuros diseñamos un modelo de reuniones que transformó nuestra eficiencia: agendas estructuradas, tiempos definidos para intervenir, información compartida previamente, una conducción clara, discusiones orientadas a decisiones, acuerdos concretos y seguimiento permanente.

Quizás todo esto parezca obvio, pero no sucedía. En política muchas veces se habla mucho y se decide poco. Nosotros necesitábamos exactamente lo contrario: decidir mucho en poco tiempo. Desde mi punto de vista, ese cambio de lógica fue determinante.

III. Los consensos: construir bajo presión

A medida que avanzábamos, entendimos que necesitábamos herramientas más profundas. En el siguiente encuentro incorporamos sesiones con expertos en generación de consensos y negociación bajo presión de intereses.

No eran clases teóricas, sino ejercicios aplicados a nuestra realidad, con dinámicas y juegos de roles para entender con realismo las distintas actitudes que pueden surgir en la toma de decisiones.

Nos hacíamos preguntas clave: ¿Cómo se llega a acuerdos cuando todos tienen algo que perder? ¿Cómo se construye confianza en medio de tensiones políticas reales? ¿Cómo se garantiza que lo acordado será respetado por el liderazgo del partido?

Estas preguntas comenzaron a tener respuestas prácticas, y esas respuestas empezaron a reflejarse en la forma en la que trabajábamos.

IV. La sistematización: evaluar cada meta

Con avances importantes en acciones, método y disciplina, organizamos un nuevo encuentro para formarnos en técnicas eficientes de monitoreo, seguimiento y evaluación de resultados.

A partir de ese momento contamos con KPI reales: cada meta era alcanzable y medible. Esto nos permitió algo fundamental: saber dónde estábamos y hacia dónde íbamos. Las decisiones dejaron de ser ideas o hipótesis para convertirse en instrucciones con indicadores de eficiencia concretos, basados en datos validados.

V. La comunicación interna: mejorar con las regiones

Una vez fortalecido el plan, el engranaje y los datos, debíamos encontrar una mejor vía para transmitir el mensaje a quienes construían democracia desde cada rincón del país.

Abrimos un espacio para evaluar cómo nos comunicábamos con nuestras estructuras regionales, identificando brechas y alternativas de mejora. Con ese diagnóstico elaboramos mecanismos más eficientes y seguros para garantizar que la información llegara a tiempo y de forma clara a cada territorio.

Porque una organización que no se comunica bien, no se coordina bien. Y si no se coordina, no ejecuta con eficiencia.

VI. La visión panorámica: la radiografía completa

Quizás uno de los ejercicios más exihigentes fue obligarnos a pensar en el proceso completo: identificar las variables necesarias para alcanzar los objetivos, distinguir escenarios posibles y construir un plan de acción tangible para cada uno de ellos, con tareas y cronogramas reales.

El reto era inmenso. Debíamos crear y ejecutar un plan estratégico y de tierra para materializar la elección primaria, pero también garantizar que esa infraestructura se mantuviera como capacidad instalada para la campaña presidencial, el día electoral y el proceso en el que, desde la estrategia de la central electoral, debíamos tener en nuestras manos las actas de votación.

VII. La construcción del equipo: 600 mil personas para defender el voto

Con el rompecabezas armado, nos volvimos a encontrar para desarrollar las normas y criterios de selección de los 600 mil hombres y mujeres que serían los héroes de la defensa del voto en cada centro de votación: el plan 600K.

No se trataba de elegir al azar, sino de definir estratégicamente los perfiles, organizarlos, formarlos y acompañarlos de la mano de nuestros equipos regionales y municipales.

Así se hacía evidente que estos encuentros no se quedaban en la reflexión. Las herramientas adquiridas se aplicaban en el terreno, diseñando planes que se ejecutaban y se medían. Esa combinación de confianza, método y práctica nos permitió desplegar el esfuerzo en todo el país, construyendo una red de hombres y mujeres comprometidos con una tarea mayor.

En el próximo artículo, tras el impacto de la reunión de la Plataforma Unitaria junto a María Corina Machado y Edmundo González el pasado 12 de abril, me enfocaré en los pasos organizativos que dimos para construir ese gran equipo político y unitario en cada rincón de Venezuela. Ellos —militantes de todos los partidos, voluntarios de la sociedad civil y ciudadanos en general— son, sin duda, los grandes protagonistas de esta historia.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

Publicar comentario