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Max Arveláiz: De Embajador de Chávez a Productor de Cine en Hollywood

Max Arveláiz: De Embajador de Chávez a Productor de Cine en Hollywood

El explosivo triunfo en el Clásico Mundial de Béisbol repotencia la idea que muchos venezolanos exponen con orgullo: esa que dice que estamos en todos lados. Y sí es verdad que hemos llegado lejos en recorrido, pero más por la necesidad que por circunstancias felices. El campeonato, sin duda, aporta un toque luminoso al exilio. Y no hay que desdeñalo.

También hay circunstancias curiosas, historias de gente que resultan inverosímiles a las primeras de cambio y que, sin embargo, son tan reales que tienen esa cualidad de parecer mentira. La de Maximilien Sánchez Arveláiz es –literalmente- de película.

El documental “Melania” le costó a Amazon 75 millones de dólares: pagó 40 millones por los derechos e invirtió 35 millones más en la promoción. En la ceremonia de estreno en enero, la propia primera dama estadounidense aseguró que no se trata de un documental sino de “una experiencia creativa”. Y salvo en los medios más afines a la pareja de la Casa Blanca, como producto cinematográfico la “experiencia” resultó intrascendente. Pero como estamos hablando de los Trump, fue un buen negocio.

En el equipo de producción figura la protagonista y también los nombres de dos latinoamericanos que aparecen en los créditos como coproductores: el argentino Fernando Sulichin y el franco-venezolano Maximilien Arvelaiz, que en el mundo del cine también se hace llamar Max y le quita el acento al apellido de su madre venezolana.

Lo sorprendente no es que haya un venezolano en “Melania”, después de todo, estamos en todas partes, como ya se ha dicho. Lo curioso es que sea justamente él: un tipo cuya tesis de maestría en Londres se titula “Utopía rearmada, Chávez y la izquierda venezolana”; un personaje que fue funcionario consentido de Hugo Chávez en diversos cargos, que fue embajador de Venezuela en Brasil, encargado de negocios de Venezuela en Estados Unidos durante el gobierno de Nicolás Maduro y que en 2021 fue uno de los enviados por Vladimir Putin a negociar la vacuna rusa contra el Covid con el presidente argentino Alberto Fernández.

Uno quisiera creer que cualquier persona que se involucre de forma tan directa con la esposa del presidente Donald Trump debería pasar por algún filtro de seguridad, ¿no? Y más si se trata de un extranjero.

No hay que tener las habilidades del Servicio Secreto ni de la CIA para dar con el currículo de Maximilien Sánchez Arveláiz, basta con teclear su nombre –o sus nombres- en Google. El sitio de investigación ArmandoInfo incluso le dedicó una entrega publicada el 9 de abril de 2017 con el título “Max Arveláiz, el diplomático de Hollywood”.

Y sí, porque “el flaco”, como lo llamaba Hugo Chávez, también tiene su historia en la industria del cine, una que también tendría que haber dispardo alarmas en Washington.

El plan B de Arveláiz

Max Arveláiz estuvo a punto de ser embajador en Estados Unidos, pero tras esperar el beneplácito de Washington durante 18 meses operando bajo la figura de encargado de negocios, el 9 de marzo de 2016, el entonces presidente Nicolás Maduro anunció el cese de sus funciones como diplomático venezolano.

Ya para entonces, con mucha discreción, Arveláiz se había enrolado como productor ejecutivo de “Snowden”, la película sobre el polémico caso de Edward Snowden dirigida por Oliver Stone, cuyo rodaje arrancó en 2015 y fue estrenada en septiembre de 2016. De modo que el diplomático acreditado por Venezuela en Washington fue uno de los financistas del largometraje sobre el subcontratista de la CIA que –en 2013- desató un enorme escándalo al revelar información confidencial de la Agencia de Seguridad Nacional y terminó asilado en Moscú.

El perfil que le dedicó ArmandoInfo cuenta que Maximilien vivía en París con cierta modestia y que para el año 2001 había logrado una asesoría con la embajada venezolana en Francia. Ese año organizó en La Sorbona un encuentro entre su idolatrado Chávez y algunos miembros de la intelectualidad francesa vinculados a la universidad. Ahí se selló su buena suerte: el caudillo lo quería cerca.

“El flaco” fue ministro consejero de la misión venezolana ante las Naciones Unidas y director general de Relaciones Internacionales del Despacho de la Presidencia antes de sus cargos diplomáticos. Pero también tuvo la misión de conectar a Chávez con intelectuales de la izquierda francesa y europea en general y más tarde con luminarias de Hollywood.

Durante su estadía en Brasil como embajador de Venezuela, Arveláiz jugó otro papel fundamental que se conoció al estallar la trama de corrupción de las constructoras Odebrecht y Andrade Gutierrez conocida como “Lava Jato”. Estas dos compañías participaron en el financiamiento ilegal de la campaña que condujo a la reeleción de Hugo Chávez en 2012.

Los publicistas brasileños Joao Santana y Mónica Moura confesaron su participación en el esquema a cambio de beneficios procesales y aseguraron a la justicia de ese país que las dos empresas aportaron al menos 12 millones de dólares a la campaña electoral. Sus declaraciones fueron desclasificadas por la Suprema Corte de Brasil en 2017 y los documentos salpicaron directamente al entonces canciller Nicolás Maduro –quien habría pagado 11 millones de dólares en efectivo a Santana y a Moura- y al embajador Arveláiz, a quien se describe como “el principal articulador y fiador de Hugo Chávez aquí en Brasil”.

A pesar de haber contado con la plena confianza de Chávez y también de Nicolás Maduro, a la muerte del líder de la revolución bolivariana en 2013, Arveláiz y otro grupo al que despectivamente llamaban “los franceses” –vinculados a Temir Porras, con formación en París, colaborador de Maduro en sus años en la Cancillería y exjefe de su gabinete-, comenzò lentamente a caer en desgracia. Pero para el momento de su salida del gobierno de Maduro ya “el flaco” ya tenía montado su plan B en el cine.

Los apologistas de Fidel y Chávez

El sitio especializado IMDb incluye en su ficha sobre el personaje diez filmes en los que Max o Maximilien aparece como productor: “Tombstone Rashomon” (2017), la miniserie “The Putin Interviews” (2017) que recoge las conversaciones de Oliver Stone con Vladimir Putin; “Van Gogh, a las puertas de la eternidad” (2018) protagonizada por Willem Dafoe; “The Jesus Rolls” (2019) con John Turturro; “Flag Day” (2021) con Sean Penn; el documental de Oliver Stone “JFK: Through The Looking Glass” (2021), “Nuclear Now” (2022) también de Oliver Stone; el documental “Lula” (2024) dirigido por Stone; y “Melania” (2026), dirigido por Brett Ratner.

Su papel en los proyectos de Oliver Stone seguramente lo relacionaron con el argentino Fernando Sulichin, quien ya era todo un veterano en la industria del cine. El perfil de Sulichin en IMDb muestra una lista de 39 títulos en los que figura como productor, empezando por “Malcom X” (1992) de Spike Lee y terminando con “Melania”.

El listado incluye los 10 filmes en los que participó Max, y suma –entre otros- los títulos  “Comandante” (2003), un documental de Oliver Stone sobre su encuentro con Fidel Castro; y “Mi amigo Hugo” (2014), documental con el que Stone homenajea a Hugo Chávez financiado con dinero venezolano a través de Telesur.

Fernando Sulichin, además, estuvo con Arveláiz en la operación de lobby encargada por Vladimir Putin para convencer al gobierno argentino de comprar la Sputnik V, la vacuna rusa contra el coronavirus.

Cómo este par de apologistas de autócratas y líderes de la izquierda latinoamericana terminaron participando en la película sobre la esposa del presidente Donald Trump, es una interrogante que desafía al sentido común. Y todavía más considerando el pasado de Max al lado de Chávez y de Maduro, el hombre que hoy está encerrado en una cárcel estadounidense y que ahora comienza a ser juzgado por narcotráfico y narcoterrorismo.

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