La verdadera agenda de la sociedad venezolana: justicia y confrontación ante la indiferencia de Donald Trump
Lo primero que hace Rosa al levantarse es dar gracias a Dios. A Rosa, un gobierno asesino le quitó a su hija. Su hija se llama Geraldin, no Geraldine. Cuando Rosa despierta y se da cuenta de que Geraldín no está, es duro, dice. Agrega que la escucha: «Mami, hay que seguir, hay que luchar». Rosa creó hace diez años, junto a una abogada llamada Martha Tineo, una ONG para honrar a su hija y hacer justicia, también para promover la capacidad del perdón que lleva la gente por dentro. De eso trata esta historia, de misericordia y justicia. La ONG de Martha y Rosa se llama, precisamente, Justicia, Encuentro y Perdón (JEP).
«Vivimos en una sociedad que cultiva la negación», ha declarado Michelle Pelicot para la revista semanal de El País. Tiene razón, esta es una sociedad que se mueve entre las fake news ―a las que sí se inclina automáticamente a creer― y la negación ante realidades dolorosas, que exigen una respuesta de compromiso y acción. Por ejemplo, en estos tiempos la sociedad venezolana ve en Doinald Trump un vengador de sus desgracias, un justiciero. Obnubilada por el fogonazo libertario del 3 de enero, esta sociedad ignora o no puede ver que Donald Trump es absolutamente ajeno a la democracia. Por carambolas de la geopolítica internacional, y por supuesto también gracias a Marco Rubio, el presidente norteamericano desempeñó ese rol justiciero verificado el 3 de enero. Eso es suficiente para verlo con simpatía a pesar de sus desmanes.
La sociedad venezolana no puede incidir en las decisiones de la Casa Blanca, y las decisiones de la Casa Blanca hoy oscilan, acaso inexorablemente, entre una posibilidad ―un tanto remota, por ahora― de cambio político real y el enamoramiento pragmático e instrumental entre Trump y Rodríguez. Como alguien insinuó en Twitter, por el camino que va Mr. Trump podría terminar ensalzando la sensualidad en la sonrisa de Mistress Rodríguez.
Sin embargo, aun cuando la sociedad venezolana no puede incidir para nada en la Casa Blanca, sí puede fortalecer a las organizaciones no gubernamentales. No habrá imagen más terrible que la que protagonizó la hija de Oscar Castañeda cuando este preso político fue excarcelado a principios de febrero. De allí, de esa imagen en la que la hija, desgarrada de dolor, cae en cuenta de que su padre no la reconoce, también parte esta historia.
Oscar Castañeda se unió al partido Vente Venezuela en abril de 2024; se movía por los lados de Turén, en el estado Portuguesa. Al parecer, su error fue declararse públicamente, aprovechando un mitin de María Corina Machado, contra el régimen; casi inmediatamente fue detenido por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia. Cuando recién salió del Helicoide, dentro del goteo de excarcelaciones que se produjo a raíz del 3 de enero, era otra persona. El vídeo de su aparición pública tras la parcial liberación (todas las excarcelaciones que ha concedido el chavismo llegaron mutiladas, condicionadas), ese tumulto angustiado, aquel grito estremecedor, quedará como prueba de los niveles de ensañamiento y crueldad a los que ha llegado el régimen.
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Justicia, Encuentro y Perdón nace en 2014 y lo hace desde el sufrimiento de una mujer, Rosa Orozco, madre de Geraldin Moreno, una de las jóvenes asesinadas en el contexto de manifestaciones del año 2014; empezó esta ONG visibilizando lo ocurrido con Geraldín pero luego, cuenta Martha Tineo, «nos damos cuenta que no es solo Geraldín; son al menos 43 asesinados en el contexto de manifestaciones de 2014. Nos agrupamos con otras madres, con otras víctimas: ese es el origen de la organización, una iniciativa, de hecho, fomentada por las propias víctimas. Llegan a mí pidiendo asesoría. Empezamos formalmente en febrero de 2017, mucho antes de la segunda guerra. Logramos constituirnos como organización civil».
A partir de entonces desarrollaron un trabajo riguroso, sistematizado, registrando casos de asesinatos en el contexto de las manifestaciones pacíficas. Identificaron algo fundamental: se trataba de una política de Estado, a tenor del Estatuto de Roma puede hablarse sin ambages de crímenes de persecución, cosa que investiga la Corte Penal Internacional. Se trata de una política de ataque y muerte desde el Estado a quienes el régimen considera disidentes o enemigos; se trata de detenciones por razón política.
Todos los días, Martha Tineo y muchos otros activistas de los Derechos Humanos insisten en su labor de registrar, documentar y asistir a víctimas de estos crímenes, presentando sus casos ante mecanismos internacionales o bien ante aquellas instituciones que se ocupan de la justicia.
Le pregunté a Carlos Lusverti, actual director del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello, si pensaba que, después del 3 de enero, lo que queda del régimen ha cambiado de alguna manera su actitud frente al tema de los Derechos Humanos. Contestó francamente que no y agregó:
«El aparato represivo que se instaló en Venezuela durante los últimos años sigue intacto. La estructura jurídica que ha permitido las detenciones arbitrarias, por ejemplo la Ley del Odio o la que impuso las restricciones en las organizaciones de la sociedad civil para operar siguen activas; y la mayoría de las instituciones, por no decir todas, que han estado involucradas en esa represión, siguen ahí… No ha habido cambios en los ministerios de Defensa ni del Interior i tampoco en las Policías. Que haya habido cierta contención, producto de lo sucedido, es posible. Pero no diría que tenemos plenas garantías para actuar en términos de Derechos Humanos».
Según la Constitución, el Estado venezolano está obligado a la reparación de las víctimas de DDHH. Esa palabra, reparación, será importante en los tiempos que se aproximan aunque no haya fecha cierta, porque en todo lo que atañe a Venezuela hay escasez de certitud y una enorme carga de incertidumbre.
Martha habla de la palabra «encuentro», que forma parte del nombre de su ONG: «Tiene sentido porque hacemos un trabajo de formación, empoderamiento, para que las propias víctimas asuman el proceso; que sean ellas las que protagonicen el proceso. Tuvimos la oportunidad Rosa y yo de formarnos, en el tema del perdón, en la Fundación para la Reconciliación de Colombia, que hace más de 30 años atiende víctimas del conflicto armado colombiano. Nos diseñaron una metodología (son las escuelas de Sanación y Reconciliación), una vía para que las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos avancen, sin renunciar a la justicia, y logren la reconciliación y la sanación sin la lógica del odio, sino dentro de un ámbito de recomposición del tejido social».
Rosa ya había pasado por todo ese proceso en lo personal, ya había decidido que no era el odio lo que iba a dirigir sus acciones, sino la justicia.
¿De dónde ha salido gente como Martha, llamada a hacer el bien? Del mismo país de donde han salido Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Juan Barreto. No hay que darle muchas vueltas al asunto. Martha, específicamente, salió de la isla de Margarita. Piensa que en su país, hoy, no existe la reparación ni tampoco la justicia. La hermana mayor de Martha también es abogada; luego tiene a otra hermana bióloga dedicada a la ecología, con vocación naturalista; y el hermano menor es artista plástica. O sea, gente dedicada a las causas justas y nobels o relacionadas con la imaginación. Martha egresó de la Universidad Central. Siempre hubo un sentido algo romántico en su vocación. Desde la Universidad se enroló en el voluntariado para asistir a los reos en La Planta. Se graduó en 1999 y de inmediato hizo una especialización en Derechos Humanos. En ese mismo año de su graduación se fue a la tragedia de Vargas, en diciembre, a ver cómo ayudaba. Luego hizo una pasantía en la recién estrenada Defensoría del Pueblo. Y más tarde conoció a Rosa. Ahora Rosa le graba un documental ―está en YouTube― y le cuenta eso, que al levantarse por la mañana escucha la voz de Geraldin diciéndole que vaya a trabajar, que se anime, que hay que luchar.
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La gente elige, elige continuamente. Es mentira que la gente no tenga la posibilidad de elegir. Lo hace a cada momento. Ahí, más arriba, he citado tres nombres casi al azar. Diosdado, Jorge, Juan. Son nada más que un ejemplo: Diosdado ha elegido odiar todo lo que le huela a Derecha, lo cual no deja de ser un aval para cualquier derechista; Jorge ha elegido odiar teatralmente, como cuando se enfrenta al diputado Luis Florido; Juan no elige odiar sino medrar del odio de los demás, lo cual le resulta como más productivo; Martha también ha elegido. Fiel a su Virgen del Valle o simplemente por seguir el ejemplo de sus padres, elige Justicia, Encuentro y Perdón. Por eso, la embajada de Países Bajos las seleccionó como mujeres protagonistas, a ella y a Rosa.
La Venezuela que viene habrá de mantener su propia agenda, que nunca será la misma de Donald Trump aunque haya brotes de coincidencia. En esa Venezuela habrá resarcimiento y reparación para las víctimas, justicia en la balanza, encuentro en la hermandad. Pero ojo, la justicia va de primera.
De la sala de Prensa de Vente Venezuela me dicen que Castañeda está bien, recibiendo ayuda psicológica, en compañia de su familia en Portuguesa; ya más estable.
A estas alturas, si Trump tuviese algún nervio democrático en su carapacho color naranja, no seguirían encerradas las 19 personas del Comando ConVenezuela (16 hombres y tres mujeres) que en efecto permanecen secuestradas; tampoco los seis dirigentes de Vente Venezuela que continúan en chirona, cuatro hombres y dos mujeres. Son, caramba, todos ellos miembros de colectivos liderados por María Corina Machado, de quien no hace mucho Mr. Trump recibió la Medalla de la Paz. El ensañamiento contra estas organizaciones ha ido parejo con el nivel de odio que persiste en la cúpula que se aferra al poder, esperamos la llegada de noviembre.
Museo de la Memoria dedicado a las víctimas de asesinatos por persecución política en realidad virtual – JEP Venezuela



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