90% de las Víctimas de Terremotos en La Guaira Sin Velorio: Impacto en el Duelo Familiar
La urgencia por recuperar e identificar los cuerpos en La Guaira tras los terremotos obliga a modificar uno de los rituales más arraigados tras la muerte en el país: los velorios. Especialistas advierten que la ausencia de una despedida puede dificultar el proceso de duelo de cientos de familias. Funerarias de todo el país se organizaron para atender la emergencia.
Alrededor del 90% de las víctimas del doble terremoto del 24 de junio, de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron al país y afectaron principalmente a La Guaira, fueron trasladados directamente del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamef) al cementerio o al crematorio, sin velorios ni ceremonias de despedida. Miles de familias venezolanas no pudieron decir adiós a sus seres queridos como es costumbre.
Para los allegados, la principal urgencia es recuperar el cuerpo para darle una sepultura digna. Tres semanas después de la tragedia, el estado en que siguen apareciendo muchos cuerpos hace imposible realizar velatorios, uno de los rituales más arraigados de la cultura funeraria del país.
«Quiero que saquen el cuerpo de mi hija y de su hija y a todos los que están ahí», reclama una mujer frente a las ruinas de la OPP 26, en La Guaira, quien viajó desde Colombia al conocer que sus parientes quedaron atrapadas entre los escombros tras los fuertes sismos.
Otra vecina de la OPP 27 cuenta que los cuerpos de su hija y dos nietos siguen atrapados entre los escombros: «Por falta de material no me han sacado a mis muchachos de allí. Le hago un llamado a la presidenta que se aboque. No vamos a dejarlos ahí como unos perros».
«En los primeros días, dependiendo del estado en el que aparecía el cuerpo, sí se permitió hacer algunos procesos de velación. Sin embargo, me atrevería a decir que el 90% de los casos fueron tratados de manera directa», estima Davenio Velásquez, presidente de la Asociación de Profesionales del Sector Funerario (Asoproinfu), quien enfatiza que trabajaron en conjunto con la Cámara Nacional de Empresas Funerarias (Canadefu) para coordinar la respuesta durante la emergencia, que aún se mantiene.
«El gobierno, si es que existe, que se aboque al sufrimiento de madres, padres y todos los que tienen familiares ahí metidos», exige la mujer y agrega: «Así como desean votos, cúmplannos, saquen a nuestra familia. No aguantamos más, quiero los cuerpos (de hija y nieta) conmigo», sostiene entre lágrimas y casi sin voz.
Inmediaciones de la OPP 26 – La Guaira. Foto Luna Perdomo
Velásquez explica que con el paso de los días, una vez que las personas identifican sus cadáveres con el proceso ante Senamef y se emite el certificado de defunción, las familias pasan directamente a la disposición final del cuerpo, ya sea para inhumación o cremación.
«De verdad que no hay tiempo ni condiciones para hacer un acto velatorio. Tiene que hacerse de la manera más expedita. También lo requiere la logística del sector funerario», detalla el máximo representante de Asoproinfu.
Dijo que en algunos casos, durante los primeros días tras el terremoto, se pudieron realizar breves despedidas con el ataúd completamente cerrado, pero afirma que fueron situaciones excepcionales.
A casi tres semanas de los terremotos, una trabajadora del Ministerio de Obras Públicas afirmó ante TalCual y desde la OPP 26 que se mantendría en el lugar «hasta recuperar los cuerpos de los fallecidos en esas edificaciones».
Operativo funerario nacional e internacional
Davenio Velásquez explica que apenas ocurrió el terremoto y se supo que La Guaira era la entidad más afectada, las dos organizaciones funerarias del país decidieron trabajar de forma conjunta para brindar atención en medio de la tragedia.
El sector funerario reconoce que durante los primeros días les «tocó batallar» por la cantidad de casos que debían atender de manera inmediata y solicitaron apoyo a funerarias de distintos estados.
«Vinieron funerarias de todas partes de Venezuela: Bolívar, Cumaná, Barquisimeto, Guárico, Aragua, Carabobo. Todos nos abocamos a ver de qué manera podíamos ayudar, principalmente con los traslados», cuenta.
Velásquez resalta que en materia funeraria también llegó ayuda internacional para atender la tragedia tras los terremotos: «Hemos tenido ayuda de funerarios de Colombia, de México y hasta de Bélgica», precisa y sostiene que son alianzas comerciales que en situaciones difíciles «se fortalecen, salen y sacan lo mejor de cada persona».

Morgue improvisada en Los Silos, La Guaira, tras los terremotos
El operativo del sector funerario incluye acuerdos con crematorios para reducir el costo del servicio a las familias afectadas y, en los casos en que no podían costear los gastos, realizar cremaciones de forma gratuita.
De acuerdo con Asoproinfu, junto a los cementerios municipales del municipio Libertador de Caracas se organizaron fondos de recaudación entre los agremiados, lo que permitió que se donaran más de 500 ataúdes, más de mil bolsas mortuarias, además de cofres para cenizas y cenizarios.
La Agencia de Naciones Unidas también anunció la adquisición preventiva de 10.000 bolsas mortuorias para responder a la emergencia y el carpintero Guillermo Uzcanga donó más de 200 urnas para enfrentar la situación posterremoto.
Tres semanas despúes de la tragedia, Davenio Velásquez afirma que el sector funerario se mantiene desplegado porque la remoción de escombros sigue y aún pueden recuperarse más víctimas.
«El tiempo lo dispondrá papá Dios. Mientras exista una víctima allí, mientras exista la búsqueda, nuestro servicio estará para prestarle el acto solemne a la persona que los requiera», sostiene.
Cementerio La Esperanza
Parte de las víctimas halladas entre los escombros y que no han sido reclamadas por familiares son trasladadas al cementerio La Esperanza, ubicado en el extremo oeste de La Guaira, y donde se habilitaron terrenos de forma exprés durante la emergencia.
El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, aseguró el pasado 6 de julio que en ese cementerio no existen fosas comunes y que cada cuerpo era sepultado de manera individual, con una cruz, una placa de identificación, además de registros de ADN, huellas dactilares y odontología forense para facilitar en un futuro la identificación por parte de los familiares.
En este sentido, Davenio Velásquez reitera: «Esa persona tiene una fosa individual donde, en algún momento, puede ser identificada y si desean una disposición final distinta, se puede realizar y darle el trato solemne que cada una de las víctimas merece».
El gobernador Terán dijo que hasta el 6 de julio, 231 fallecidos como consecuencia de los terremotos no habían sido reclamados y fueron inhumados en La Esperanza. La Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) calculaba para esa fecha que aproximadamente 300 cadáveres, producto del desastre natural, descansaban en ese cementerio.

Estas versiones contrastan con testimonios recogidos por la agencia EFE en el terreno. Un trabajador que pidió mantener su identidad en resguardo, afirmó que durante los primeros días de la tragedia ingresaron varios camiones con decenas de cuerpos sin identificar y calculó que al menos 800 personas habían sido sepultadas en el lugar. TalCual estuvo indagando hasta el 15 de julio sobre una cifra oficial de personas inhumadas en el cementerio La Esperanza, pero desde la Gobernación de La Guaira informaron que la cifra no había sido actualizada.
Según el presidente de Asoproinfu, en este momento el sistema funerario cuenta con suficientes ataúdes y bolsas mortuarias para atender la emergencia. A su juicio, las necesidades más urgentes ya no están en ese sector, sino entre quienes permanecen en las zonas de desastre: «Lo que hay que apoyar es a la gente que está allá (La Guaira). Hay funcionarios, trabajadores y personas que se quedaron sin nada. Necesitan comida, necesitan un almuerzo, necesitan vestuario», sostiene.
Duelo sin despedida
La imposibilidad de realizar un velatorio como acto de despedida de un ser querido tras los terremotos que dejaron miles de fallecidos puede traer consecuencias para quienes afrontan el duelo.
La psicóloga Mary Sánchez, especialista en Psicología Clínica y con experiencia en el área forense, explica que los rituales para despedirse permiten a los allegados asumir la muerte y comenzar el proceso de aceptación de la pérdida: «El no poder realizar ciertos procesos de cierres en ocasiones causan angustia, incertidumbre y hay una amenaza de transitar al duelo traummático», explica.
Sánchez detalla que, en algunos casos, la imposibilidad de ver el cuerpo o confirmar la muerte de forma objetiva puede hacer que el duelo quede suspendido o se prolongue en el tiempo, sobre todo cuando la pérdida ocurre de forma violenta e inesperada, como ocurrió con las víctimas del doble terremoto.
Añade que, en estas situaciones, es común, por parte de las familias, querer recuperar alguna pertenencia o incluso pequeños restos de sus seres queridos como forma de confirmar la pérdida para poder iniciar el proceso de despedida: «El acompañamiento psicológico o multidisciplinario, e incluso el componente espiritual, va a ser un elemento importante para muchas familias que enfrentarán este proceso tan desafiante».



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