1936: El Año que Transformó a Venezuela y Perdio el Miedo al Poder según Carlos Oteyza
Eleazar López Contreras se tomó en serio encabezar una transición, aunque no necesariamente hacia la democracia plena. La historia ha reflejado que los cambios que impulsó no fueron pensados con el «por-si-acaso-hay-que-revertirlos» incluido. Al contrario, hubo compromiso.
Juan Vicente Gómez murió el 17 de diciembre de 1935 y apenas en enero siguiente ya el decreto para demoler la temida cárcel de La Rotunda estaba firmado (se ejecutó en abril). Uno de los principales torturadores del régimen, Nereo Pacheco, quedó preso. Y la libertad de prensa rápidamente bañó las páginas de los periódicos.
La nueva película documental del historiador Carlos Oteyza repasa precisamente el año en que todo cambió, y la figura que lo hizo posible. Un audiovisual de 73 minutos que cuenta no solo los eventos que marcaron la nación sino que muestra cómo eran aquellos tiempos y sus gentes, retratando el país que ya éramos.
1936: el año en que se perdió el miedo al poder comienza con el luto por la muerte del dictador, ordenado y en silencio, aún con el miedo a flor de piel; y avanza hasta apenas el año siguiente, cuando su sucesor se daba auténticos baños de pueblo. Un contraste en la política, pero especialmente en cómo el venezolano cambió su relación con los poderosos. «El inicio y el final están casi desde el principio. Conocía las imágenes del entierro de Gómez y las de López recorriendo el país con multitudes. La época de Gómez fue muy dura. Se cuenta que, ya muerto Gómez, a la gente todavía le daba miedo decir que estaba muerto, no fuera a ser mentira y te metieran preso. Un país en el que no podías decir «se murió Gómez» pasa a ser un país en el que sales a la calle a protestar, salen las mujeres y los jóvenes a protestar, escribes en la prensa», comenta su director Carlos Oteyza.
Sin ambages, afirma que «el año 1936 quizas es el año más importante del siglo XX», porque más allá de un cambio de presidente, sentó las bases que marcarán «buena parte de la historia del país», que entonces decidió salir a la calle cuando se abrieron las cárceles, regresaron los exiliados y los periódicos publicaron cosas imposibles de leer apenas meses antes. «De un día para otro el país se transforma y comienzan unas discusiones que van a marcar todo el siglo XX. Va a aparecer el germen de los partidos políticos modernos, la prensa libre, las ideologías. Se empieza a hablar de temas prohibidos hasta entonces. En 1936 el país se revuelve».
El director del documental lucha así contra la memoria frágil de Venezuela, su incapacidad de contar su propia historia y el deseo de poderosos de borrar el pasado. «Esta película viene a avisar que hubo un año en que pasaron cosas que deberíamos conocer, aunque la historia no se repita».
El destino hizo que el nuevo documental, que produce Bolívar Films, llegue cuando Venezuela vive una transición que aún no está claro si es de verdad o gatopardiana; aunque se comenzó a producir en 2025, cuando todos los caminos para «salir de esto» parecían bien cerrados.
Carlos Oteyza presenta la historia con la fuerza dramática de las imágenes
–¿Cuál fue el punto de partidad para este documental?
–1936 es un año que yo llevaba décadas queriendo trabajar, pero no se había dado. Pasaron los años y trabajé en muchos otros documentales, incluyendo uno sobre López Contreras, su vida y du gobierno. Pero llevaba 45 o 50 años queriendo ocuparme de ese año específico. En 2025 apareció de nuevo la idea, porque algo nos dijo que 2026 no iba a ser igual. El venezolano de finales de 1935 decía «el año que viene algo va a pasar», como el de 2025 también. Además, se cumplían 90 años. Algo iba a venir, y vino. Ahora, viéndolo desde hoy, si no hubiese pasado lo que está pasando, la lectura del 36 quizas habría sido un poco diferente. Pero seguiría siendo el año en que los venezolanos le perdieron el miedo al poder, que para mí es quizás lo más importante.
–¿Lo que ha pasado durante 2026 informó el resultado de este documental o se mantuvo la concepción inicial?
–Los hechos históricos no los podemos cambiar. No puedo cambiar que López tome el poder, lo que sucedió el 14 de febrero, la Ley del Trabajo, la huelga petrolera. Sin embargo, cuando ves lo que sucedió y lo que está pasando, evidentemente puedes empezar a hacer comparaciones, para bien y para mal, y sobre todo a pensar: ¿cómo participo yo? En el 36 la gente salió a la calle, la gente habló. Creo que esta película va a ayudar a repensarnos.
–El documental también muestra cómo la sociedad empieza a preguntarse cómo desarrollar un país distinto, y se abre un inédito debate ideológico.
–Quizás al venezolano de hoy le va a sorprender, cuando vea la película, que en el 36, cuando regresan los jóvenes, se hable tanto del marxismo y del socialismo, que hoy no está en boga. Es que había ocurrido la Revolución bolchevique en 1917, apenas 20 años antes, y era un movimiento mundial. Los jóvenes se inspiran en que el cambio, para el momento, es democracia, pero también es socialismo. Buena parte de la juventud, la de la generación del 28, se nutre del marxismo: Lenin, Trotski, Bujarin. Están pensando que aquí va a venir un cambio de estructura. Al espectador de hoy le asombra que esos señores hablen de eso, con todo lo que ha pasado en un siglo. Pero en ese momento no había pasado. Era una idea fresca, un sueño. Los líderes, Jóvito (Vilalba, Rómulo) Betancourt, todos habían estudiado el marxismo. No es que fueran comunistas, pero la inspiración ideológica más importante del momento era de izquierda, marxista. Por el otro lado, no hay en ese momento una democracia cristiana o una socialdemocracia que pudiera hacerle peso. Entonces es la izquierda o conservar el gobierno. Y la sociedad venezolana está en medio de eso: en un momento apoya a los jóvenes y en otro les dice «hasta aquí llegamos».
–No había ocurrido la Segunda Guerra Mundial, ni se conocía la verdad del estalinismo, la hambruna, el Holodomor.
–Nada de eso. Eran, como decíamos, unas ideas frescas, de soñadores. Ese era el sueño del momento para algunos jóvenes. La sociedad venezolana no lo conocía, pero inmediatamente se empieza a hablar en la prensa, y evidentemente hay gente que dice: «Tiene que haber cambios, pero no el socialismo». Hay gente que claramente apoya a López Contreras sin querer volver a lo de antes. La gran mayoría del venezolano de entonces es analfabeta y no tiene claridad en los temas teóricos e ideológicos. Es una sociedad 70% analfabeta, que vive en el campo. Eso es lo que vemos en la película.
Carlos Oteyza suma otro documental a su registro historiográfico audiovisual
–También llama la atención cómo se abre la prensa, aunque nunca con libertad plena, y cómo las mujeres se incorporan a las discusiones públicas.
–Uno de los elementos principales de 1936 es la fuerza que toma la discusión en la prensa venezolana. Se crean nuevos periódicos. Estaban El Universal y La Esfera, y se crean otros, como Ahora y El Heraldo. La discusión también se da en la radio. En la prensa encuentras de todo. Discusiones, ataques, proclamas, y las caricaturas como en Fantoches, que hacen caricaturas de López Contreras. A Gómez nadie se le habría atrevido, iba preso.
–El documental es una mirada a un periodo específico de hace 90 años, que necesita imágenes. ¿Cómo se construyó?
–No hay muchas imágenes de los años 30 en Venezuela. Había fotografía y algo de película, generalmente noticieros de cine o algunos documentales en blanco y negro. Ese material, que está en los archivos de Bolívar Films y otra parte en la Biblioteca Nacional, se utilizó para esta película. Sin embargo, uno de los elementos característicos de esta investigación fue ir a la prensa. Los periódicos de esa época eran plurales y son como una radiografía del país; nos ayudaron muchísimo. El equipo de investigación, Laura (Caldera) y Mariana (Cardozo), que son las dos productoras, pasó días y semanas en la Biblioteca Nacional y en la Hemeroteca buscando titulares relacionados con el guion que se había escrito. La película está llena de imágenes de periódicos, que ayudaron mucho porque dan el testimonio de la fuente directa. Luego están las fotografías, que fuimos pescando por todos lados. Ahora, lo que teníamos en película eran imágenes hechas con una cámara del poder, del Estado generalmente; mientras que la prensa es variada y por tanto, antipoder. Felizmente tenemos imágenes del 14 de febrero, la gran manifestación del 36 que va a marcar la historia del país. Eso ya estaba en Bolívar Films; lo conseguimos hace muchos años, cuando hicimos el documental de López Contreras. Lo encontré en una colección privada.
–Esta pregunta es un cliché porque aplica a cualquiera de tus documentales, pero está esa tensión entre «soy historiador» y «estoy haciendo un documental, entonces soy cineasta». En la forma de abordar el material entran esas dos visiones, y pueden entrar en conflicto: quiero contar más cosas porque tienen relevancia histórica, pero al final es una película, y la película tiene maneras de seducir a la audiencia distintas a las de un libro. ¿Cómo resuelves esos dilemas?
–Con mucho dolor. Cortando. Acabas de tocar un tema clave para el realizador. Para el conocedor, el historiador, 1936 puede parecer una película incompleta. Pero para la gran mayoría de los venezolanos es una película apabullante en información. Uno tiene que hablarles a los dos públicos. No hay un espectador perfecto, pero espevcialmente nos dirigimos a los jóvenes que están pensando en el futuro del país. El cine también tiene que tener drama, y el año 1936 es dramático para los venezolanos por la fuerza de lo que está sucediendo, de lo que se está soñando, de los cambios. Me parecía un año que da pistas para entendernos como país.
El nuevo documental de Oteyza se estrena el 22 de octubre en cines
–¿Qué fue lo que más te dolió cortar y dejar en el piso de la sala de edición?
–Muchas imágenes muy hermosas del año 36 que quizas no tienen la fuerza dramática para mantener al espectador en permanente contacto con la película. En la película ves una serie de imágenes sobre los boy scouts, sobre el Colegio La Salle, los yanomamis. Sobre la sociedad. Hay un material que te va mostrando en qué sociedad se da el año 36, cuáles son las instituciones. Pero evidentemente no hay fuerza dramática allí.
–Y al contrario, en el corte final, ¿qué travesura puedes decir que hiciste? «Aquí me salí con la mía y metí esto».
–No hay travesura, sino hallazgos que me llaman la atención. Por ejemplo, cuando López, en el año 37, decide expulsar a 47 jóvenes del país y mandarlos un año al exterior, porque el país se le estaba calentaando. Me encantó haberlo encontrado en la prensa, porque no lo había leído en ninguno de los que hablan del momento. A esos muchachos que salían exiliados por un año se les daban, al salir, 1.000 dólares a los solteros y 2.000 a los casados. No es que los botaran. Era: «Mire, usted está echando mucha vaina aquí. Tome 1.000 dólares y váyase para fuera. Y usted, que está casado, tome 2.000. Y se me van un año». Es un tratamiento que no estoy acostumbrado a oír en la historia del país. No lo había leído en ningún libro. Rómulo Betancourt, en Venezuela, política y petróleo, habla de eso, pero ni se le ocurre mencionar esos detalles.
–Claro, no es lo mismo un exilio que un exilio subsidiado.
–Esos son hallazgos de la investigación, y los pusimos porque creemos que dan una mayor comprensión del momento. El venezolano de hoy sabe lo que es el exilio, conoce a los que han salido por la frontera. Alguna comparación van a hacer.
–Hablando de comparaciones, la película muestra cómo una élite política encabezada por López Contreras se tomó en serio hacer una transición. No eran medias tintas, ni un paripé. La de ahora no parece tan nítida ¿Qué lecciones crees que esta historia, este personaje y este documental le pueden dejar a quienes encabezan el proceso actual de Venezuela?
–Yo diría que la película les va a dar elementos de información y más seguridad, porque van a conocer lo que hemos hecho los venezolanos. Pero, por supuesto, la película no da la respuesta. La película nos habla de lo que fuimos capaces de hacer, nos habla de la importancia de la participación de cada uno de los sectores —en aquel momento los sindicatos, los estudiantes, los partidos que se estaban formando, las mujeres— en la resolución de los problemas. No eran algunos poquitos sino una buena parte de la sociedad que se tomó en serio los cambios que estaban ocurriendo. Lo importante de esta película es que uno ve que el destino político de un país se construye. En aquel momento López encontró una fórmula; los venezolanos tenemos que encontrar la nuestra hoy.
El documental 1936: El año en que se perdió el miedo al poder se estrena el 22 de octubre en las salas de cine de Venezuela, con dirección de Carlos Oteyza, montaje de Ildemaro González, música de Daniel Espinoza, narración de Sócrates Serrano y producción ejecutiva de José Ignacio Oteyza, Daniela Nieves, Sophie Oteyza y Verónica Cañas.
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