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Venezuela: Rosa Cucunuba y su valentía ante el miedo y la represión política

Venezuela: Rosa Cucunuba y su valentía ante el miedo y la represión política

Rosa Cucunuba alza la voz desde la Universidad Central de Venezuela en un momento de alta tensión política y represión. Vicepresidenta de la FCU y estudiante de Ciencias Políticas, ha encabezado movilizaciones, acompañado a familiares de presos políticos y denunciado amenazas directas por su activismo. Aquí explicará por qué decidió no callar y cómo vive el miedo en un país que reclama libertad.

Rosa Cucunuba tiene más fuerza en su voz y en sus convicciones de la que pudiera presumirse por su contextura. Así lo ha dejado plasmado en movilizaciones, reclamos, videos que se han divulgado para reclamar por la libertad de los presos políticos. La vicepresidenta de la Federación de Centros Universitarios, estudiante de Ciencias Políticas, incluso ha construido un perfil internacional, de sopetón.

Fue a partir de un video que la nacida en San Fernando de Apure divulgó en Instagram el 13 de enero pasado. Allí reclamó que el gobierno de Donald Trump haya dado una fe de vida del capturado Nicolás Maduro con mayor rapidez que el Estado venezolano de los cientos de desaparecidos: «Lo voy a decir en el único idioma que al parecer ustedes están escuchando: Stop the harassment, stop the persecution and stop the suffering of the Venezuelan people. Release all the political prisoners«, dijo con su inglés autodidacta y se coló en la discusión entre Miraflores y la Casa Blanca exigiendo la libertad de los presos políticos.

Luego el país la ha visto junto al grupo de estudiantes universitarios que visitan a familiares de los detenidos en las vigilias que no cesan, y organizando y encabezando movilizaciones populares que han tenido al campus de la UCV como epicentro. Lo hace con miedo, pero también con la esperanza de que, por fin, se ven grietas por donde pasa la luz.

Por eso reclama, además insistiendo en que la discusión no puede quedarse nada más en la recuperación económica del país. “Nosotros no los queremos a ellos y eso a ellos no se les puede olvidar. Venezuela fue a elecciones, los venezolanos votamos, elegimos. Los venezolanos no queremos al chavismo gobernando. Por más que arreglen el país económicamente, nosotros no confiamos en ellos porque han destruido al venezolano y al país y esos años no se les puede olvidar.”

–¿En qué momento, como FCU, o incluso personalmente, decidieron decir: «Es el momento ahora de ir a Zona 7, es el momento de sumar esta voz” a una causa que ya llevaba, desde el 8 de enero, con los familiares allí haciendo su reclamo?

–Nosotros, incluso el año pasado, habíamos hecho algunas cosas como Federación de Centros Universitarios en torno al país: desde declaraciones hasta actividades, pero habían sido muy contadas y con mucha cautela, entendiendo el contexto en el que estábamos. Posterior al 3 de enero vimos una nueva oportunidad de no solo hacer, sino de decir cosas. También fue el impulso de que el 8 de enero Jorge Rodríguez haya anunciado que iba a excarcelar un número importante de presos políticos. Eso fue lo que hizo que las familias se dirigieran a las afueras de los centros de reclusión. Para nosotros fue una burla, porque al final las excarcelaciones que se han dado han sido a cuenta gotas. Sentimos que siguen jugando con el dolor ajeno y siguen usando a los presos políticos como si fuesen fichas de cambio y mecanismos de chantaje.

–Hay casos de presos políticos que se han conocido mucho después porque sus familiares tenían miedo de denunciar y que trajera represalias. ¿Hubo discusiones entre ustedes por el miedo a movilizarse, de ustedes o de sus familiares, pensando en posibles consecuencias?

Al principio sí hubo un poco más de cautela. Pero más miedo me da seguir viviendo bajo este sistema que ha destruido el país y a los venezolanos, y que lo va a seguir destruyendo si nosotros no seguimos intentando hacer las cosas. Se abrió una puertica y por allí nos estamos metiendo todos. Nosotros dimos el primer paso y eso hizo que la gente se motivara. También ayuda que la gente se acerque y escuche a los familiares directamente. Es un ejercicio: la gente va, por voluntad propia empatiza con la causa, se anima, se motiva.

–¿Cuál es el retrato en la UCV, donde hay profesores y estudiantes que han sido perseguidos?

Hemos tenido cantidad de ucevistas y universitarios detenidos de forma arbitraria. Muchos casos han sido públicos y notorios, y otros no, por respeto a los familiares. Hace poco salió un compañero, Roalmi Cabeza. Estuvo detenido desde el 9 de enero de 2025. Pude hablar con él: está bien, gracias a Dios. Aún está preso el profesor Jesús Armas, profesor activo de la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, que es la facultad en la que yo estoy. Hace poco también había un profesor de la cátedra de Derechos Humanos de la UCV que estaba detenido y fue excarcelado.

A nivel nacional todavía hay aproximadamente 35 estudiantes detenidos de forma arbitraria. En la UCV, gracias a Dios, hemos contado con el apoyo de las autoridades universitarias, que han sido interlocutores para las excarcelaciones de nuestros compañeros, que son condicionadas por la amenaza de meterlos presos de nuevo. En otras universidades no se tiene ese apoyo necesario para elevar los casos y meter presión para que liberen a los estudiantes. Por eso lo hacemos nosotros.

–¿Cómo es la relación con las autoridades, y con otras universidades?

–Las autoridades poco a poco han ido mostrando apoyo. Quizás no de forma pública por razones que consideran por el bien de la universidad, por no tomar decisiones apresuradas, pero nos han hecho saber que están allí.

Hace poco fuimos al Tribunal Supremo de Justicia: estaban los decanos de la Facultad de Derecho haciendo un reclamo por la violación de un derecho constitucional respecto al aumento de sueldo del personal obrero y administrativo. Los acompañamos y vimos autoridades presentes. En la concentración hasta la puerta Tamanaco también había autoridades: decanos, vicerrectores.

En otras universidades, los muchachos nos han dicho que poco a poco autoridades y rectores han intentado dar un paso, por un lado o por el otro. Ellos son más precavidos; nosotros somos más rápidis, porque el país y la universidad lo demandan. Al final, ellos van a terminar sumándose, bien sea de forma pública o como sea, porque los estudiantes ya lo hicieron, el país lo está haciendo.

–A pesar de que se habla de un nuevo momento político, ¿han recibido represalias o amenazas por el activismo?

–En redes sí. De forma directa, no, gracias a Dios. Este año no me han escrito a mi número personal, cosa que me pasaba el año pasado. Pero por Instagram sí: mensajes de cuentas fake, privadas, sin foto, diciendo «te estamos vigilando», «te va a llegar tu momento», «te vamos a buscar a tu casa», entre otras cosas. No me lo tomo personal. No es normal ver carros sin placa dentro de la universidad, pero lo has vivido tanto que te vas acostumbrandote. Ya estoy mal acostumbrada y he aprendido a vivir con que me amenacen por redes. Las veo, no les presto atención y sigo.

–Hubo un video que grabaste en inglés y se hizo muy viral, visto que la discusión sobre Venezuela estaba en el escenario global luego de 3 de enero. ¿Te sorprendió el alcance?

No me lo esperaba, pero gracias a Dios, porque lo importante era que el mensaje se posicionara. Hay que usar estas plataformas para que el mundo sepa lo que pasa en nuestro país y eso empuje a que liberen a los presos políticos, y con libertad plena.

–¿Es verdad que tu inglés es autodidacta?

Sí, es autodidacta.

–Tienes 22 años, tienes menos años que la llamada Revolución Bolivariana. ¿Cuál es tu visión del país?

–Hemos pasado por tantas cosas: persecución, miedo, necesidad, falta de cosas básicas. Mi familia vive en San Fernando de Apure y cuando voy, no hay gas y toca cocinar a leña. No hay luz, no hay agua. Es sumamente difícil. Y esas condiciones hacen que las cosas suban de precio: la comida es más cara, todo es más costoso. Este sistema ha destruido nuestro país desde la raíz y ha destruido la vida de los venezolanos. También las familias rotas. Mi hermano mayor, que era un pilar, tuvo que emigrar hace seis años. No lo he visto más. Me dolió muchísimo. Cuando se fue sentí que me arrancaron un peda zo del corazón, como cuando se llevaron presos a mis amigos.

Pero lo que nos une es el amor por nuestro país. Mucha gente dice «¿Por qué haces lo que haces?» y yo digo: «No lo vas a entender, no te lo puedo explicar”. Es algo que sientes, que te mueve, en lo que crees, y te mantiene firme. Nos une el amor por Venezuela, tanto los que estamos adentro como los que están afuera, que buscan una forma de ayudarnos.

Soñamos con esa Venezuela de la que hablan nuestros abuelos y nuestros papás: la Venezuela de la bonanza, el país al que la gente migraba, donde venían portugueses, españoles, italianos, alemanes. Venezuela es una joya. Tiene de todo. No es solo petróleo. Tiene potencial para salir adelante.

Esa Venezuela es el país con el que sueño. Y lo que me alegra es que ahora estamos más cerca que nunca, y ser parte de la reconstrucción me llena: estamos haciendo historia. Yo quiero ser parte de la reconstrucción.

–El intercambio entre directivos de la FCU y Delcy Rodríguez cuando visitó la UCV ha generado debate. Que fue una oportunidad perdida, que fue un careo bueno. ¿Qué evaluación haces, y cómo lo evaluaron después en la dirigencia estudiantil?

–Ese día yo no estaba en la universidad porque estaba trabajando. Pero se rumoraba desde temprano porque había movimientos extraños, camionetas sin placa, más de las normales, anillos de seguridad. No sabíamos que Delcy iba a ir. Cuando alguien dijo que la vieron por Plaza Cubierta, los muchachos salieron a buscarla. Fue el impulso. Y no es un mal impulso. Ella es ucevista, egresada de nuestra casa de estudio. Esperamos que se comporte a la altura de un ucevista. Si vienes a la universidad como si fuese un museo para tomarte fotos, no puedes obviar la realidad: Jesús Armas está detenido, Roalmi Cabeza estaba detenido, la universidad está en condiciones graves, no le bajan presupuesto, el comedor va de mal en peor. ¿Por qué no le bajan presupuesto? ¿Por qué depende de que el ministerio mande o no mande cosas? ¿Por qué una comisión presidencial arregla la universidad? Es un descaro y una falta de respeto hacia la casa de estudios que te formó y hacia nosotros. Los muchachos salieron a último momento. Yo aplaudo la valentía, que la hayan abordado y le hayan dicho: «Tienes que liberar a los presos políticos». Se requiere mucha valentía.

–¿Personalmente, tienes miedo?

Sí hay miedo. Nadie está exento. Yo tengo miedo, unos días más que otros. A veces me siento más vulnerable. Me preocupa muchísimo mi familia. Yo no vivo con ellos por seguridad de ellos. Cuando te metes en esto asumes tu responsabilidad y sabes a lo que estás expuesta. Eso no quita el miedo. Aprendes a vivir con eso. Todos los días antes de salir rezo y al llegar rezo. He vivido la persecución muy de cerca, más cerca de lo que me gustaría aceptar. Espero que cuando estemos en libertad podamos hablar más abiertamente de todo lo que he vivido. Pero ahora me siento un poco más segura que el año pasado.

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