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Transición Política en Venezuela: Expectativas vs. Avances Reales en Busca de la Democracia

Transición Política en Venezuela: Expectativas vs. Avances Reales en Busca de la Democracia

El 03 de enero cambió por completo la historia política de Venezuela.

La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump le devolvió a los venezolanos la esperanza de volver al país, recuperar la democracia y reunificar a su familia.

Sin embargo, y pese a que solo han pasado dos meses, desde ese día es evidente una tensión entre las expectativas de la población y los logros concretos del proceso.

En el actual proceso político existe una tensión entre lo perfecto, lo rápido, lo limpio y lo moralmente correcto que aspiramos todos los venezolanos, y los innegables avances —aunque imperfectos— del proceso de tutelaje de la administración Trump hacia Delcy Rodríguez.

El primer ejemplo de esta tensión es la propia captura de Maduro el 03 de enero. La única razón por la cual los venezolanos no se volcaron a las calles a celebrar ese día fue que el resto del alto mando chavista había quedado en el poder.

Entonces, desde el punto de vista militar, sí, la operación fue impecable, pero ¿fue perfecta? Evidentemente no.

Ahora, nadie puede negar que fue un gran avance, uno por el que han luchado millones de venezolanos por años y que nos tiene hoy en la mejor posición de las últimas décadas para lograr el cambio político y conquistar la democracia.

Otro ejemplo es la Ley de Amnistía. ¿Es una ley perfecta? Por supuesto que no.

Las principales ONG del país han emitido severos pronunciamientos, análisis y discernimientos denunciando y señalando sus fallas.

Pero esa imperfecta Ley de Amnistía ha permitido que cientos de presos políticos hayan salido de la injusta prisión y ha significado el sobreseimiento de la causa para otros tantos venezolanos detenidos por oponerse a este régimen.

La Ley de Amnistía, si se lleva hasta las últimas consecuencias, podría ser el inicio de un desmontaje efectivo del sistema represivo en Venezuela.

Otro buen ejemplo es la Ley Orgánica de Hidrocarburos. ¿Es un instrumento legal sin fallas? No.

Pero está claro que es un avance importante que abre la puerta a una operación más amplia de las empresas privadas en el país. En el plano económico, sus beneficios ya se están haciendo sentir. Para el imaginario colectivo chavista, no podemos subestimar lo que esto signifa: el desmontaje del “legado” de Hugo Chávez en materia petrolera.

No es poca cosa.

Un ejemplo final lo podemos ver con la reciente discusión y propuesta de reformar la Ley de Minas.

¿La propuesta de ley que circula extraoficialmente es perfecta? No. Pero es un innegable avance.

Ojalá esta ley permita que el oro venezolano no se comercie en el mercado negro, que el dinero por concepto de su venta llegue a las necesidades de los venezolanos y, en últimas, sea extraído causando el menor impacto ambiental posible.

De concretarse alguno de estos puntos, significaría un gran avance con respecto al actual Ecocidio del Arco Minero.

El reconocido estratega político JJ Rendón dijo que los venezolanos no han sido lo suficientemente agradecidos con Trump; tengo la misma impresión: hay venezolanos cuyo odio hacia Trump nubla su juicio. De momento, parece que están más interesados en odiar a Trump que en que haya un cambio en Venezuela. Su antitrumpismo es más fuerte que su antichavismo.

Pero más allá del agradecimiento, lo que debe existir es un reconocimiento claro y objetivo de la mejora de la situación.

La situación no es perfecta ni es ideal. Pero es la mejor oportunidad que hemos tenido en décadas de cambiar a Venezuela y conquistar la libertad.

El liderazgo político y la sociedad civil tienen la responsabilidad de guiar a la ciudadanía para manejar adecuadamente esa tensión entre lo perfecto —que aspiramos pero no es posible— y los avances —claros y objetivos— que hemos tenido en estos extraordinarios dos meses que han abierto las puertas, quizás de manera irreversible, de una transición en Venezuela.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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