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Secuelas Psicológicas Tras el 3E: Estrés y Ansiedad en Caracas y su Impacto en Niños y Adolescentes

Secuelas Psicológicas Tras el 3E: Estrés y Ansiedad en Caracas y su Impacto en Niños y Adolescentes

Angustia, ansiedad, hipervigilancia o problemas para dormir son algunas de las secuelas que manifiestan las personas que viven en zonas cercanas a los ataques del pasado 3 de enero en varios puntos de Caracas, La Guaira y Miranda. Especialistas recomiendan buscar ayuda psicológica o psiquiátrica, además de retomar hábitos y rutinas saludables, controlar fuentes de información y reducir la exposición a redes sociales. Los niños, niñas y adolescentes son los más afectados en este tipo de situaciones traumáticas, por lo que expertos aconsejan hablar con la verdad, cuidando el tono y las palabras, validar sus emociones y ofrecer seguridad.

Los ataques de Estados Unidos del pasado 3 de enero dejaron marcas tanto en niños como en adultos. Cualquier ruido fuerte o poco común enciende las alarmas de los ciudadanos sobre qué puede estar ocurriendo, una muestra del impacto en la salud mental que quedó tras el ingreso de las fuerzas estadounidenses, que bombardearon distintas zonas de Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y sacarlo del país.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que “la mayoría de las personas expuestas a situaciones de emergencia o violencia experimentará angustia psicológica, que suele mejorar con el tiempo”, y que estas reacciones incluyen miedo, tensión, tristeza y alteraciones del sueño.

“Escucho como detonaciones. No sé si entraron de nuevo (si EEUU volvió a atacar el país) o si la gente está celebrando que se cumplirá un mes de la detención de Maduro”, escribió Linda Colmenares en el chat familiar la noche del lunes 2 de febrero, a las 11:00 p.m., tras escuchar fuertes ruidos, cuyo origen desconocía.

Colmenares pensó que se trataba de otra intervención de las fuerzas militares estadounidenses, pero luego comprobó que eran fuegos artificiales lanzados por fanáticos del Magallanes que celebraban el campeonato de béisbol. Sin embargo, esta caraqueña cuenta que, tras los episodios del 3 de enero, no puede dormir bien: cualquier sonido la despierta y activa la preocupación de que algo esté ocurriendo en el país.

También relata que en varias ocasiones ha soñado con los ataques militares y con que en Venezuela comienza una guerra. Este tipo de episodios se ha vuelto común entre algunos venezolanos que manifiestan tener pesadillas relacionadas con bombardeos, guerras y combates, luego de que la administración de Donald Trump ingresara al país con fuerzas y equipos militares.

El director de la escuela de Psicología de la UCAB, Danny Socorro, señala que “estamos viviendo tiempos ineditos” pues las secuelas de los bombardeos dejaron marcas en la psique de las personas, especialmente de aquellas que viven en zonas directamente afectadas por los ataques de EEUU que pueden padecer de estrés postraumático.

Alexander Cova vive en la zona alta de Coche. El 3 de enero se despertó junto a su pareja por el sonido de los helicópteros que pasaban por encima de su vivienda. “Solo escuchábamos el ruido y luego vimos las explosiones en Fuerte Tiuna. En ese momento no supimos qué hacer, así que nos quedamos en la casa.”

En días siguientes retomó el trabajo como vendedor informal, aunque cuando está en casa algunos ruidos fuertes le recuerdan la incursión militar. “Fue muy impresionante, y no sabes si eso puede pasar de nuevo en cualquier momento. Tratamos de tener los papeles, cuestiones así a la mano por si sucede de nuevo.”

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Valentina Martínez confiesa que después del 3 de enero su sueño se alteró, al igual que el de su madre, quien padece de tensión arterial. “Desde ese día no puedo dormir bien en las noches porque siempre estoy a la expectativa de que algo suceda,” dice la joven de 23 años, y añade: “Tengo como una especie de ansieda por saber qué pueda ocurrir en la madrugada.”

La OMS explica que, tras eventos traumáticos, “son frecuentes las reacciones de estrés, ansiedad y alteraciones del sueño”, y aclara que estas respuestas no necessariamente constituyen una enfermedad mental, sino que pueden ser reacciones normales ante experiencias anormales.

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Sobre su madre, Martínez afirma que también vive con ansiedad y le cuesta conciliar el sueño, pensando en si vendrá otro ataque al país y en si la familia podría verse afectada por nuevos bombardeos.

Otro ciudadano, que para el momento del ataque se encontraba de vacaciones en Barquisimeto, estado Lara, pero reside en Caracas, asegura que “no quedó con secuelas emocionales,” aunque admite que cuando escucha explosiones muy seguidas piensa: “¿Será la segunda parte o qué será lo que está pasando?”.

El director de la Escuela de Psicología de la UCAB señala que el estrés postraumático puede manifestarse en síntomas como taquicardia, miedo, recuerdos vívidos no deseados que se desencadenan por imágenes, sonidos, olores y otros estímulos; insomnio; pesadillas; estados de irritabilidad; hipervigilancia y reactividad excesiva o, por el contrario, entumecimiento y distancia.

«A los síntomas físicos se suman trastornos cognitivos y del estado del ánimo como desinterés, desapego, autoculpa inapropiada, depresión, anhedonia (no sentir placer), culpabilidad y otros más,» puntualiza.

bombardeos Caracas

Otro venezolano, que solicita anonimato por el lugar donde trabaja, afirma que tras el ataque estadounidense no ha presentado episodios de ansiedad y que puede dormir tranquilo. Sin embargo, admite que, luego de la situación con Estados Unidos, en su oficina activan las alarmas de emergencia una vez a la semana y eso “sí me genera un poquito de panicó.”

Considera que la administración Trump podría ordenar otro ataque al país si el gobierno, ahora en manos de Delcy Rodríguez, “no hace las cosas como se les ordena desde EEUU; todo depende de ellos.”

Afectación en niños

Algunos adultos confiesan que sus hijos han manifestado miedo y que su rutina se ha visto alterada. La OMS ha advertido que los niños expuestos a conflictos armados o violencia pueden presentar “miedo intenso, regresiones en la conducta y dificultades para dormir.”

Mairelis Véliz, esposa de un hombre herido por una esquirla el pasado 3 de enero y quien tuvo que abandonar su vivienda por las afectaciones de ese día, cuenta que su hijo de siete años siente pánico de regresar a su hogar. “Ahí nos quieren matar,” le dice el niño a su madre.

Desde entonces, el menor no es capaz de acostarse a dormir solo y, para conciliar el sueño, necesita tomar la mano de su madre y pegar su cuerpo al de ella, por el miedo a que ocurra otro ataque.

En una situación similar se encuentra Elizabeth Herrera, madre de un niño con autismo. Admite que atraviesan un proceso difícil, ya que el niño vio caer los misiles y constantemente pregunta: “¿Por qué nos bombardean si nosotros no somos malos?”. Desde entonces, el menor quedó intranquilo, con los nervios alterados, una situación que está siendo atendida por psicólogos.

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La psicóloga Auxi Scarano indicó que los padres, primeros cuidadores de la salud mental de los niños, niñas y adolescentes, deben mostrar seguridad, atención a sus necesidades y cuidar el tono y tipo de palabras que se usan al momento de dialogar con ellos.

Scarano reconoce que a los padres “les toca difícil” por la contención que deben hacer sobre sí mismos antes de hablar con sus hijos, por lo que recomienda calmarse, ya sea por ejercicios de respiración u otras herramientas, evitar ser impulsivos al momento de la conversación, explicar la situación acorde a la edad, validar sus emociones y tratar de preservar “la esperanza, la vitalidad y el entusiasmo.”

También sugiere a los docentes abordar la situación cuidando las palabras, el tono y confirmar que comprenden los procesos que suceden en el país. «Todas son experiencias que requieren mucho manejo adulto, y por eso es bueno el diálogo entre colegas, vecinos, amigos, la lectura de literatura adecuada para saber identificar cómo se analizan estos procesos sociales más allá de nuestros deseos».

La psicóloga aconseja a los adultos revisar sus propias expectativas y atender su salud física, mental y emocional. «Revisar cómo estamos procesando nuestros propios aprendizajes para poder contener la incertidumbre, la impotencia y el miedo, pero eso debe ir al lado de preservar la vitalidad y otros valores que nos definen como grupo familiar, como personas».

¿Cómo protegerse?

Danny Socorro enfatiza que de presentar uno o más síntomas es necesario acudir a profesionales de salud mental como psicólogos o psiquiatras, «pues ellos pueden dar un diagnóstico apropiado y sugerir el tratamiento correspondiente».

También recomienda algunas medidas de autoprotección para momentos de crisis como disminuir el tiempo de uso de redes sociales, buscar fuentes confiables para informarse, retomar hábitos y rutinas saludables como actividades al aire libre, meditación, ejercicios, recurrir a la paciencia y buscar conexión espiritual.

La UCAB tiene a disposición Psicolínea UCAB, un servicio de atención telefónica que ofrece primeros auxilios psicológicos. Los números 0414-1217882 y 0424-1723981 están activos los días jueves, en horario comprendido de 8:00 a.m a 5:00 p.m.

Organizaciones como Avesa y Cecodap también disponen de servicios de atención psicológica. En el área metropolitana de Caracas también se encuentran opciones gratuitas como el Hospital Psiquiátrico, el J.M de los Ríos, Profam o el Centro Psiquiátrico El Peñón, al igual que consultas a bajo costo en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, el Hospital Ortopédico Infantil, el Centro de Salud Santa Inés o el Cecca.

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