Ron Dictador: Una Tradición Centenaria del Caribe Revivida por Hernán Parra en Colombia
Un antepasado suyo fundó la primera destilería antes de la independencia y después de una larga pausa retomó la tradición para producir uno de los mejores rones.
El famoso Ron Dictador convertido en uno de los mejores del Caribe por el experto ronero colombiano Hernan Parra es el último capítulo de una historia que se inicia con Severo Arango y Ferro, quien desembarcó en Cartagena en 1761 como funcionario de la Corona española encargado de controlar el comercio entre la metrópoli y el Caribe. Cartagena era entonces un puerto estratégico del imperio: por sus muelles entraban mercancías y esclavos, y se embarcaba oro y azúcar rumbo a Europa; por sus tabernas corría el ron, destilado popular, rudo y omnipresente. Arango y Ferro no era un hombre cualquiera. Su temperamento autoritario, su rigidez administrativa y su celo por el control económico le granjearon un apodo que sobreviviría al tiempo: “El Dictador”.
No hay registros de que Arango y Ferro destilara ron, pero sí de que lo regulaba con mano dura. En una época en la que el aguardiente de caña era parte esencial de la vida cotidiana, su figura quedó asociada al licor y al poder. Ese vínculo, a medio camino entre la historia documentada y la leyenda oral, sería rescatado más de 160 años después para dar nombre a una marca que apostó por el relato tanto como por el sabor.
El ron que siguió a la guerra
La historia formal del ron Dictador comienza en 1913, cuando Don Julio Arango y Parra, descendiente directo de Severo Arango y Ferro, fundó en Colombia la Destilería Colombiana. El país atravesaba entonces un período de reconstrucción tras la Guerra de los Mil Días, y el Caribe seguía siendo fértil para la producción de caña de azúcar.
Durante las primeras décadas, Dictador fue un proyecto discreto. No buscaba el mercado masivo ni la popularidad local, dominada por aguardientes y rones más económicos. Su producción era limitada y su destino, en buena parte, estaba en el extranjero. Mientras otros rones caribeños construían fama desde Cuba, Jamaica o Puerto Rico, Dictador avanzaba en silencio.
En las últimas décadas, el ron ha dejado de ser solo un licor popular para convertirse, en ciertos segmentos, en un producto de degustación, comparable al whisky o al coñac. Dictador supo leer ese cambio. Apostó por rones añejados, por perfiles dulces y complejos, y por métodos como el sistema solera, que permite mezclar rones de distintas edades para lograr mayor profunda aromática.
Hernán Parra, el maestro ronero de la tercera generación
A diferencia de muchas casas caribeñas, Dictador destacó por el uso de miel o jugo concentrado de caña de azúcar, en lugar de melaza tradicional. Ese detalle técnico influyó en su perfil sensorial: rones más suaves, con notas marcadas de caramelo, café, cacao y vainilla. La marca comenzó a construir su prestigio en concursos internacionales y a posicionarse en bares y tiendas especializadas fuera de Colombia, donde su presencia era relativamente limitada.
El salto del siglo XXI con botellas de diseñador
La familia Parra, ahora en su tercera generación bajo la dirección del maestro mezclador Hernán Parra, ha mantenido un compromiso inquebrantable con los métodos tradicionales de añejamiento, a la vez que adopta técnicas modernas.
En 2009, inversionistas internacionales liderados por el polaco Mariusz Jawoszek, quien compró la arca, se sumaron a la compañía para expandirla a nivel global e instalaron la sede europea en la ciudad de Katowice, Polonia.
Aunque se gestiona desde Europa, la esencia de Dictador sigue firmemente arraigada en Colombia. Esta combinación única de artesanía tradicional e innovación garantiza que cada botella de ron Dictador ofrezca una profundidad, complejidad y carácter destacados por los conocedores. El proceso de producción se realiza totalmente en Cartagena. Lo demás también es fuera de serie.
La marca se asoció con el mundo del diseño, la arquitectura y las ediciones limitadas. Botellas numeradas, colaboraciones con artistas y series especiales elevaron el perfil de Dictador más allá del ámbito estrictamente ronero con sello global. La oferta premium de las colecciones es amplia: desde Ciudades Doradas de M-City, −cada botella está elaborada en oro de 24k por el artista M-City y el precio empieza en $1,5 millones−, pasando por Dictador x Richard Orlinski, en que el artista contemporáneo Richard Orlinski celebra cinco décadas de añejamiento en una edición limitada con cinco variaciones de color pensadas para coleccionistas, hasta Generations en Lalique, realizada en colaboración con la gran cristalería europea. También presentan la colección Totem en honor de los pueblos indígenas del mundo, con las llamadas el Peyote, Mopa Mopa, o el Wixarika.

El ron Dictador 20 años se vende en Colombia en $386.000
En tiendas colombianas, el precio de una botella de ron Dictador oscila entre 88.000 pesos y 1.235.000 pesos (unos 337 dólares aproximadamente), según la referencia. En licoreras de Bogotá, el de 20 años se ofrece cerca de los $386.000. Y en los mercados internacionales las selectas botellas alcanzan precios de hasta 2.600 euros ($11,16 millones).
Hoy está en 80 países probando que su apuesta por la tradición y el cuidado de tres generaciones colombianas, sumadas a la incorporación del mundo digital, le han permitido ganar un lugar entre los más excelsen licores añejos.



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