Reconfiguración Económica y Política en Venezuela: Desafíos y Oportunidades Tras la Captura de Maduro
El escenario posterior al 3 de enero revela una negociación pragmática entre el gobierno de los Estados Unidos y Venezuela. Más que un nuevo momento político, el país se encuentra inmerso en un complejo juego de poder donde la economía tiene el foco principal, mientras, los venezolanos exigen respuestas concretas en materia de libertad y derechos humanos.
Tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero mediante una intervención militar de Estados Unidos, Venezuela ha entrado en una fase de “reconfiguración política”, económica y social. Más que una transición clásica o una ruptura total, el proceso se define como una apertura hacia un modelo híbrido. Durante este primer mes, las autoridades le han dado aprobación a negociaciones aceleradas y se retomó una conciliación entre sectores, en primera instancia con EEUU, que hasta hace poco se mantenía distante.
La historiadora y analista política Margarita López Maya sostuvo -en un artículo para la ONG Provea- que el cambio de liderazgo tras la captura de Nicolás Maduro no equivale a una transición, pues la estructura autoritaria permanece intacta. «Una transición democrática real requiere no solo el cambio de una figura, sino el desmontaje de las redes de poder que sostuvieron al régimen», por lo que señala que mientras esta estructura persista, cualquier cambio corre el riesgo de ser superficial o impredecible.
López sostiene que factores externos, especialmente la administración de Donald Trump, parecen favorecer una estabilización que mantenga el control en manos de los mismos actores que degradaron al país. En este escenario, se priorizaría una apertura económica dependiente de intereses extranjeros por encima de una verdadera redemocratización institucional.
Una transición auténtica debe ser liderada por autoridades enfocadas en devolver el país a la democracia, algo que no se observa en el modelo de continuidad controlada.
Para el politólogo Yanfri Contreras, en la política prevalecen los intereses sobre las relaciones, lo que se confirmó el 3 de enero, cuando ningún aliado estratégico del gobierno de Maduro intervino para evitar la operación militar. Bajo esta visión, más que un «nuevo momento político», el país atraviesa una coyuntura económica y geopolítica que obliga a reformular el proyecto ideológico previo. Según Contreras, «hay que esperar para afirmar con precisión si realmente es un nuevo momento político que dejará a un lado el autoritarismo para avanzar hacia la democracia».
Según Reinoza, la administración de Donald Trump prioriza la vertiente energética, buscando aumentar la producción petrolera para estabilizar la deuda y las tasas de interés internas en Estados Unidos.
Mientras tanto, el factor de poder local intenta reorganizarse para garantizar su supervivencia. No obstante, surge un elemento crítico: la ausencia de una agenda para las demandas civiles. «En el tema de las aspiraciones sociales o de la legitimidad, no hay nada visible; las instituciones sociales están debilitadas», afirmó.
La politóloga Daniela Ramírez expresa que pese al sufrimiento que ha marcado la historia de los venezolanos, los actores han adoptado una racionalidad estratégica basada en la Teoría de Juegos, donde el proceso se sostiene porque ambas partes obtienen beneficios vitales. En este intercambio, el Estado venezolano logra reconocimiento, margen de maniobra y estabilidad política; por su parte, Estados Unidos asegura suministro energético, nuevos territorios de explotación y control geopolítico. «La economía ha tomado el mando porque es el único terreno donde ambos bandos encuentran beneficios tangibles», expresó.
El espejo de 1958 como memoria histórica
La memoria histórica de Venezuela ofrece lecciones fundamentales para los procesos de cambio actuales. Según un artículo publicado por la organización Cepaz, por ejemplo, la conmemoración del 23 de enero de 1958 representó un hito tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, un régimen marcado por la represión y la censura. Aquella fecha fue el resultado de la resistencia civil que tuvieron estudiantes, partidos políticos y sindicatos.
El politólogo Yanfri Contreras subraya que, en la mayoría de las transiciones analizadas, el control real de la fuerza reside en los militares y no en los civiles. Para Contreras, el éxito de estos procesos depende de «la capacidad de la sociedad civil y la oposición para ejercer influencia sobre las fuerzas armadas y remover al gobernante».

La realidad actual de Venezuela está condicionada por la gestión directa del gobierno de Donald Trump, la cual debe ser ejecutada en conjunto con quien ocupa el cargo como presidenta encargada. Según Contreras, la influencia política no es una prioridad para EEUU en este momento. Bajo esta lógica, solo se estarían cumpliendo exigencias puntuales para asegurar la operatividad del modelo actual.
Más allá del pragmatismo
Delcy Rodríguez ha anunciado dos temas importantes desde que asumió la presidencia interina: una es la Ley General de Amnistía, que abarca el periodo 1999-2026 para presos políticos, y el cierre de El Helicoide como centro de detención. Aunque estas medidas han generado alivio, también despiertan inquietud sobre su implementación. Esto ha impulsado a movimientos políticos, estudiantiles y familiares a protestar para exigir la liberación inmediata de quienes permanecen detenidos de manera arbitraria.
Según Contreras, una transición auténtica hacia la democracia exige condiciones que van más allá de lo económico, por lo que la liberación de todos los presos políticos resulta indispensable además de una apertura efectiva a la participación ciudadana, pluralidad política sin represión, el retorno de los exiliados, el fin de la censura mediática y la celebración de elecciones libres sin inhabilitaciones.
El cierre de El Helicoide ha abierto un debate sobre qué debe pasar con este sitio de detención. Al respecto, Contreras sostiene que la sociedad civil y la oposición democrática coinciden en que el lugar debe transformarse en un museo. Según el politólogo, este espacio debería preservar la «memoria colectiva de los sacrificios de quienes lucharon por la democracia y por una Venezuela próspera», convirtiéndose en un testimonio histórico que impida el olvido de las vulneraciones sufridas.

Por su parte, Ramírez considera que, más allá de las decisiones que existan sobre qué hacer con el sitio de detención, lo más importante es preservar la memoria de lo ocurrido. Para la politóloga, honrar el sufrimiento de las víctimas debe servir para educar a las futuras generaciones, para recordar que la libertad es un derecho y que debe prevalecer siempre para evitar que la historia se repita.
Ramírez afirma que el país tiene el potencial para establecer paradigmas de pensamiento y acción que impulsen la mejora económica y social de la ciudadanía. Por su parte, Contreras sostiene que, aunque Venezuela es hoy más vunerable, transita por una oportunidad inédita para recuperar su democracia. No obstante, enfatiza que el colapso de un régimen no garantiza por sí solo la democratización; el éxito dependerá de las condiciones que se generen, mientras la sociedad civil se mantiene impulsada por una sensación de esperanza.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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