Reajuste post-cárcel: La lucha de Américo de Grazia por recuperar su libertad y bienes en Venezuela
Américo de Grazia se reconoce como un «caso atípico» pues ha sido amnistiado en tres oportunidades: por Hugo Chávez, Nicolás Maduro y ahora Delcy Rodríguez. El exdiputado lucha porque, al igual que le otorgaron libertad plena, el Estado le restituya los bienes que le confiscaron producto de su actividad política. Se mantiene en red con otras personas que han pasado prisión política.
«Yo soy un hombre libre» y eso, dice Américo de Grazia, le molestaba a sus custodios mientras estuvo detenido por una supuesta conspiración de la que no conoce detalles, pues nunca le dejaron ver el expediente del proceso judicial que ahora –gracias a la Ley de Amnistía– fue sobreseído.
El excalcalde y exdiputado, de 66 años, estuvo un año bajo arresto en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) conocida como el Helicoide. Salió excarcelado por una negociación y desde el pasado 10 de marzo goza de libertad plena. Sin embargo, los bienes que le han sido incautados, entre ellos vehículos, equipos y la sede de una radio, no le han sido devueltos.
«Me afectaron mi vida pública, pero también mi vida privada», dice De Grazia, quien ha sido amnistiado en tres ocasiones por parte del chavismo. Insiste en la liberación de presos políticos, que la Ley de Amnistía ampare a todos los ciudadanos, retomar el contacto con las comunidades y lucha por recuperar esos bienes que le fueron arrebatados.
«Reajustarse tras la cárcel» forma parte de una serie de entrevistas a personas detenidas por razones políticas en Venezuela, que recoge sus vivencias y cómo se reencuentran con su vida cotidiana tras meses o años en prisión. Esta es la historia de Américo de Grazia.
Amenazas contra Américo de Grazia
El 29 de julio de 2024, la entonces alcaldesa Yulisbeth García daba una entrevista radial. Señaló a Américo de Grazia de planear su asesinato, terrorismo y otros delitos más. En ese momento, el exdiputado estaba en su casa en Upata cuando se percató de que las patrullas del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) estaban afuera. Logró escapar con ayuda de un vecino por la parte trasera de la vivienda y, en una especie de juego «del gato y el ratón», llegó a Caracas donde se «enconchó».
Pero no duraría mucho tiempo. El 7 de agosto, a la 1:20 de la tarde, fue detenido por funcionarios de la Dgcim, al activar su celular para felicitar a su hijo Américo, quien estaba de cumpleaños. «Creo que estaban monitoreando porque quien me captura es la Dgcim de Boleíta. A mí me agarraron en la avenida Sanz, que está cerca de Boleíta. Andaba en el carro hablando con mi hijo».
Lo encapucharon y se lo llevaron a la sede de la Dgcim. Los propios funcionarios le preguntaron por qué lo estaban deteniendo durante un interrogatorio breve. De ahí lo trasladaron al Sebin Helicoide, donde lo interrogaron nuevamente. «Me pusieron el pulpo ese que colocan y me sometieron a un interrogatorio para preguntarme más o menos lo de rigor, lo de siempre, lo que le preguntaban a todos los presos post 28 (de julio)».
Américo de Grazia forma parte de la Red de expresos políticos, que busca impulsar la libertad plena de más de 600 personas que aún siguen tras las rejas
Esas preguntas estaban relacionadas a la actividad del Comando Con Venezuela, financiamiento de campañas, la relación con Vente Venezuela, María Corina Machado, Edmundo González o los partidos de la Plataforma Unitaria.
El ejercicio de acordarse sobre sus audiencias, todas hechas de manera virtual, lo renombra como «memoria versus olvido», pues nunca ha tenido acceso al expediente que le levantaron en esta ocasión. Nunca habló con su primer defensor público y con el segundo apenas logró hablar en una sola ocasión. «Nunca me asomaron que estaba siendo acusado de magnicidio, recuerdo sí de treición a la patria, asociación para delinquir. Eran cuatro o cinco acusaciones de las cuales finalmente dejaron tres, que eran traición a la patria, incitación al odio e instigación a la rebelión, pero tampoco me dijeron en qué se fundamentaban».
Grabado todo el tiempo
Américo de Grazia recuerda que fue movido de celda en cinco ocasiones, todas con cámaras hasta en los baños para observar su actividad. «Al final incluso se agrava porque le pusieron sonido a las cámaras para escuchar. Era bidireccional, ellos podían hablarte y escuchar al mismo tiempo. Era como un estado de paranoia permanente».
El ser grabado ocasionó protestas entre los presos al inicio. Los primeros detenidos con los que compartió celda, todos por causas comunes, reclamaron. «¿Tenemos que calarnos la filmación? Y se pusieron un poco belicosos en torno al tema y tuvieron que sacarme de la celda. Así continuaron moviéndome, de una celda a otra, hasta que me llevaron a la última donde todos eran presos políticos incomunicados».
A veces lograba pasar algún mensaje a sus familiares por medio de otros detenidos, «pero ellos van descubriendo por todo lo que escuchan, por todo lo que uno narra y dice, van haciendo seguimiento, aprendiendo de sus errores y van apretando más la tuerca hasta que te aíslan totalmente de cualquier escenario posible que les haga ruido».
Ese ruido provenía de las denuncias de su familia, tanto dentro como fuera del país sobre sus condiciones de reclusión. Una se movilizaba ante el Senado y la Cancillería italiana, otra presionaba con escritos al Ministerio Público y otros organismos, su esposa se reunía con actores políticos. «Todo eso a ellos les generaba mucho ruido y mucha molestia. Les molesta que sacáramos información de la celda«.
El exdiputado salió de la cárcel por una infección pulmonar que contrajo por las condiciones de la celda. Se dieron cuenta de la gravedad cuando se desmayó. Los funcionarios lo llevaron al Sebin Plaza Venezuela, donde los médicos le recetaron un antibiótico que debía ser comprado por su familia pues no contaban con el medicamento en la enfermería.
«Se empiezan a prender las alarmas y los médicos dicen que, de seguir avanzando, corría el riesgo de sufrir algo peor», señala De Grazia. Su familia dijo entonces que tenía un estado crítico de salud. En su programa Con el mazo dando, el ministro Diosdado Cabello aseguró que los citarían a declarar por la «habladera de paja».
Pasaron tres meses hasta el 23 de agosto pasado. Alrededor de las 11 de la noche, un comisario le dijo «Américo de Grazia, recoja sus cosas que se va«. Pensó que lo iban a trasladar a otra prisión, pero lo llevaron a una oficina donde lo pusieron a firmar la boleta de excarcelación, de la cual no le dieron copia. Fue excarcelado durante la madrugada del día 24 debido a los protocolos. No le entregaron el reloj, la cadena o el carro que le incautaron cuando lo detuvieron.
Afuera no solo lo esperaba su esposa, a quien llamó para que lo buscara. Estaban presentes los diputados Henrique Capriles, Tomás Guanipa y Stalin González, quienes habían entablado conversaciones con la administración Maduro por la liberación de 13 presos políticos.
Retomar la vida
«No ha sido un proceso fácil para mí ni para la familia. A mí me confiscaron los bienes y no desde ahorita. Este viacrucis comenzó conmigo a propósito del cinco de marzo del 2016 cuando denunciamos la masacre de Tumeremo. Ese fue para mí un punto de quiebre, un antes y un después al poner en escena la masacre de Tumeremo, con todas las consecuencias que eso trajo, consecuencias irreversibles en mi vida personal», asegura el exdiputado.
En ese entonces le quitaron la radio y todos los equipos, le allanaron su casa en siete oportunidades «hasta desmantelarla», le congelaron sus cuentas bancarias, le quitaron la inmunidad parlamentaria de la que gozaba y estuvo asilado en una embajada durante casi un año hasta su exilio en Italia.
«De esa parte económica no me he podido recuperar y, por supuesto, no me duele decirlo, yo creo que valió la pena. Creo que esa es la función principal de un dirigente político comprometido en este caso con los cambios, en el rol que le corresponde a uno jugar», puntualiza.
Otro «costo a pagar» para Américo de Grazia fue la fragmentación de su propia familia. Solo una de sus ocho hijos se mantiene en Venezuela, pero todos contribuyeron en lograr su libertad, una que dice que nunca perdió estando en prisión.

«Yo soy un hombre libre… Estando incluso preso, y creo que era lo que molestaba a los custodios, era que uno no se comportaba como preso sino que tenía actitud de hombre libre», dice.
Escribía en cuadernos o papeles que le facilitaban. Recuerda que Alexander Granko, jefe de la Dirección de Asuntos Especiales de la Dgcim, entró tres veces a su celda «a llevarse los libros, los cuadernos. No sé al final que hicierón con ellos… Pero allí también está registrado que nunca nos sentimos prisioneros».
Sin embargo, cree que Venezuela sí es «una prisionera del gobierno de Delcy Rodríguez; que a su vez también es prisionera de (Donald) Trump porque pareciera que el único lenguaje que pueden entender quienes ocupan el gobierno es el lenguaje de la pistola. Todo esto pudiera haberse evitado si hubiesen tenido concepción de la vida democrática».
Si estamos en un «nuevo momento político», señala Américo de Grazia, hay varias tareas que pueden hacer desde el Ejecutivo y la oposición, entre ellas que se garantice la libertad de expresión o se nombren funcionarios de forma independiente. «Queremos un cambio, demuestren que esos tiempos de política y nuevos espacios, quieren hacerlo. No nos sigan mareando, porque también pareciera que hay tutelaje en lo económico pero no hay tutelaje en lo político y tienen carta blanca. Tenemos que decirle al país que los cambios se pueden producir».
También presiona por la liberación, junto a otros excarcelados conformados en red, de todos los presos políticos. Ya se reunieron con una comisión parlamentaria opositora para cotejar la data y presionar a tribunales por su libertad. «Nos toca hacer otro trabajo, que lo venimos haciendo y lo vamos a seguir haciendo».



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