Cargando ahora

Reajuste de Vida Tras la Cárcel: La Historia de Carla Da Silva y su Lucha por la Libertad

Reajuste de Vida Tras la Cárcel: La Historia de Carla Da Silva y su Lucha por la Libertad

Carla Da Silva tenía la certeza de que, a pesar de la condena injusta a 21 años que le impusieron, saldría en libertad en algún momento. Califica el INOF como un verdadero «centro de torturas» debido a las condiciones de reclusión y constantes tratos crueles contra las presas políticas y sus familiares. Tras cinco años y ocho meses detenida, ahora ha retomado las riendas de su hogar para dar descanso a sus padres, se replantea retomar su trabajo como administradora y valora el círculo social que le quedó.

Carla Da Silva habla con una templanza inusual, la misma que –dice– le inculcó su mamá desde pequeña y le ayudó a superar un proceso judicial injusto y dos encierros en cárceles con condiciones deficientes, una de ellas un «centro de torturas» como califica al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF).

La administradora, de 42 años y con un máster en Finanzas, se vio envuelta en la operación Gedeón (2020) por hacer un simple comentario en una fiesta que consideró era un espacio seguro. La jueza Hennit Carolina López la condenó cuatro años más tarde a 21 años de prisión en un juicio donde no había pruebas en su contra. El pasado 25 de enero retomó parte de su libertad, al ser excarcelada bajo régimen de presentación periódica ante tribunales.

«No me quería adaptar a una vida que no era mi vida», afirma Da Silva cuando recuerda las rutinas dentro del Sebin Helicoide o el INOF. Sabía que iba a salir en libertad. Ahora busca darle descanso a sus padres de esa lucha y «orfandad» que expresó su madre, Miriam Marrero, hace unos meses mientras clamaba por su libertad. También evalúa sus próximos pasos como profesional y sustento de hogar.

“Ellas no están solas”

Durante la rueda de prensa, Miriam Marrero, madre de Carla da Silva, afirmó que su hija estuvo inicialmente desaparecida y ha sido víctima de tortura y tratos crueles. Marrero ofreció cifras sobre las mujeres detenidas en Venezuela:

“Son 24 mujeres… pic.twitter.com/Wobyd1jTkb

— Comité por la Libertad de los Presos Políticos (@clippve) December 1, 2025

«Reajustarse tras la cárcel» forma parte de una serie de entrevistas a personas detenidas por razones políticas en Venezuela, que recoge sus vivencias y cómo se reencuentran con su vida cotidiana tras meses o años en prisión. Esta es la historia de Carla Da Silva.

Presa por un comentario

La tarde del 5 de mayo de 2020, Carla Da Silva asistió a la fiesta de cumpleaños de una ahijada. En medio de la celebración, le comentó a su compadre que conocía a uno de los partícipes de la operación Gedeón. Y es que había visto la cadena nacional donde se dieron detalles de la incursión armada militar en las costas de Macuto (La Guaira) y Chuao (Aragua).

A esa persona, que apareció en un video inculpándose por la operación, la conoció a través de un amigo. Lo contactaron porque necesitaba recuperar una camioneta pero el contacto fue escaso, tanto que ni lo tenía registrado en su teléfono celular.

Pero su compadre llamó a la policía y una comision de las extintas Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) la buscó en la fiesta para una «entrevista». El funcionario de mayor rango le dijo que «si sabía la magnitud del problema en el que estaba metida» cuando ya estaba montada en la patrulla. Le quitaron el celular, las llaves de su carro y la llevaron a la sede de la PNB en La Quebradita (San Martín, Caracas).

«Asumo que empiezan a investigarme, a investigar mi teléfono, me torturaron por un grupo de personas que yo conocía del gobierno. Ni idea del motivo», dice Carla, quien recuerda claramente que llegó un martes en la noche.

Carla Da Silva aún no introduce su solicitud de amnistía. Señala que prefiere esperar a que la situación se regularice.

Al día siguiente, por ese grupo de personas, le dicen que le van a hacer un «polígrafo manual».

«Yo dije que yo tenía disposición de hacer el polígrafo, que no tenía ningún problema porque evidentemente yo no tenía ninguna evidencia en mi teléfono, de hecho ni siquiera tenía contacto con la persona que estaba involucrada en la operación Gedeón, no tenía contacto con él. El polígrafo manual consistía en la tortura», asegura Carla.

Relata que buscaron bolsas plásticas, la tiraron al piso –llevaba puesta una falda corta de jean– y una funcionaria se montó en su espalda y empezó a golpearla.

«Otro funcionario agarraba la bolsa para asfixiarme… Para mí fue eterno, una asfixia era una situación bastante comprometedora, donde había insultos inclusive. En un momento logré quitarme la parte de abajo de la bolsa, el funcionario se dio cuenta y me dijo que no me preocupara, que había miles de bolsas más. Me amarraron las manos con tirrap en la espalda. En algún momento pararon y me llevaron a un polígrafo real en el Sebin Plaza Venezuela», recuerda.

El 8 de mayo fue llevada al Sebin Helicoide donde también la interrogaron varios días. «En el teléfono no había nada comprometedor ni que me relacionara. Simplemente me hacían entrevistas acerca de cómo había conocido a las personas… Al llegar me preguntaron si había sido torturada por la FAES pero yo lo negué por miedo, porque me habían advertido ya que no podía repetir eso».

Apenas el 14 de mayo la presentaron en tribunales en una audiencia dentro del Sebin, pues el Palacio de Justicia estaba cerrado por la pandemia de covid. «Nos hicieron firmar un papel donde decían que nos habían capturado el día anterior, pero ya tenía varios días detenida… Entre las condiciones decía que me habían dado llamada y derecho a abogado, lo cual no era verdad. No tuve derecho a abogado privado o una llamada telefónica para permitir contactarme con mi familia». 

Pasaron siete meses para que Carla pudiese hablar directamente con su padre y su madre. Apenas le habían permitido ver a Miriam unos minutos antes de la audiencia preliminar. «El Helicoide me daba las cosas que necesitaba o que ellos consideraban que necesitaba… Por mi insistencia por mi alimentación, porque soy paciente bariátrico y no contaban con eso, a los meses permitieron que mi mamá me trajera mi comida». 

21 años para Carla da Silva

Habían pasado cuatro años cuando la jueza Hennit Carolina López decidió dictar sentencia por el caso Gedeón. A Carla Da Silva, señalada por presunta conspiración y asociación para delinquir, le impusieron 21 años de prisión en una audiencia que define como «agotadora» física y emocionalmente.

«Nos citaron el día anterior en la tarde y la sentencia fue a las 9 de la mañana. Evidentemente había un agotamiento físico increíble, teníamos sueño, teníamos hambre. De verdad me lo tomé bien tranquila porque sabía que me iban a dar una pena alta igual que a todos, porque eso era una instrucción… En realidad pensé fue en mi familia, más que en mí porque sabía que iba a salir en libertad, en algún momento iba a suceder ese milagro, pero sí sabía que a mi mamá le iba a causar mucho dolor e impacto», puntualiza.

*Lea también: Reajustarse tras la cárcel | Un “sácanos de aquí” le retumba todos los días a Ángel Godoy

La sentencia, insiste, se basó en relaciones que no tenía. «Simplemente porque fui aprehendida, como dice el expediente. Por esa razón fui condenada a 21 años… Ni siquiera me involucran en el expediente porque lo conocía a él, me involucran con otra compañera que yo no conocía». 

Nunca acostumbrarse

Carla Da Silva vivió dos momentos en el Sebin Helicoide. El primero cuando fue trasladada aquel 8 de mayo de 2020, donde se contaba con actividades reducidas por el espacio, aunque incluían juegos, sol diario o el gimnasio.

«Era voluntad de cada persona lo que quería hacer… El resto del día conversábamos, dormíamos, descansábamos. Realmente la cama se vuelve como todo tu mundo. Ahí duermes, ahí comes, teníamos mesas pero digamos que no tienes más nada que hacer sino estar durmiendo. Tampoco había interés alguno, en mi caso, de hacer actividades», comenta.

Esa falta de involucrarse en actividades que otras presas sí buscaban, dice, es porque buscaba tranquilidad en medio del encarcelamiento. «No me quería adaptar a una vida que no era mi vida. Entonces siempre, desde que entré, estaba a la espera de mi libertad». 

Carla da Silva

Las condiciones del Helicoide cambiaron en agosto de 2025. Mientras se arreglaba para una visita de sus padres le dijeron que se «apurara», que iba a de traslado al INOF. «Eso fue una experiencia bastante complicada… Yo fui trasladada con mis dos compañeras de Gedeón y extrañamente nos regresaron al Sebin, pero ya en otras condiciones. Dormíamos en el piso, hacíamos nuestras necesidades en un envase. Nada más íbamos al baño dos veces al día, en la mañana y en la noche. Si nos daban alimentación, y no nos permitieron comunicación hasta el 27 de septiembre».

Fueron semanas bastante duras, admite, especialmente por la incomunicación. Después se enteró que al menos una veintena de funcionarios y civiles, los que quedaban dentro del Helicoide por la operación Gedeón, habían sido trasladados a otros centros de reclusión.

Sin embargo, dice Carla, esas condiciones no se comparan con lo vivido cuando se concretó el traslado. «El verdadero centro de tortura es el INOF. Es una cárcel muy dura, donde es muy limitada la paquetería, la alimentación es muy mala». 

Mortadela, granos con arroz y pasta, además de arepa, era el menú que se repetía diariamente. El agua para lavarse y otras necesidades estaba almacenada en tobos. El maltrato de las funcionarias estaba a la orden del día, no solo para las presas políticas, sino para sus familias que apenas podían visitarlas una vez al mes.

«Mi mamá para la revisión tenía que abrir las piernas, brincar, pujar mientras una funcionaria la alumbraba con una linterna para ver si llevaba algo. No sé si es una medida de seguridad. A mi papá que es un paciente que le dio un ACV, por este proceso precisamente que estoy viviendo, lo hacían brincar sin la ropa para poder ingresar a visitarme, y durante la visita no podíamos ir al baño. Ni nosotros ni la visita», denuncia.

El rechazo de Carla es evidente cuando recuerda la crema dental en bolsas plásticas, el jabón partido por la mitad, la comida que no alcanzaba entre visitas, el lema que le hacían decir cada madrugada cuando se repasaban las celdas o cada tarde cuando las encerraban.

«‘Dormitorio Luisa Cáceres de Arismendi, mujer virtuosa y emprendedora. Formando damas para un mejor futuro. Buenos días, funcionario’, porque iba una funcionaria y un guardia nacional. En la tarde, cuando culminaban las actividades, pasaban lista y teníamos que decir ‘humanización, respeto, orden y disciplina hacia la mujer y el hombre nuevo. Buenas tardes, funcionarios’». 

Esa no era la vida que estaba dispuesta a aceptar, reafirma Da Silva. «Yo sabía que no iba a ser mi vida, ni siquiera por el juicio en el que me condenaron a 21 años. Eso no existe, esa no era mi vida». 

Recuperarse por todos

Desde el pasado 25 de enero, la administradora busca intentar recuperar esa vida que debió pausar por casi seis años. Trató estar involucrada sobre lo que pasaba en casa. Ahora quiere mejorar las condiciones de ese hogar que se puso en segundo lugar por su libertad.

«Cuando yo entré en este proceso mi mamá era una persona más joven, al igual que mi papá. Mi papá no tenía esa condición, y tengo que asumir muchas más responsabilidades que antes. Primero, porque están muy cansados por lo fuerte que fue para ellos todo este tiempo, no solo con el tema de la paquetería. Era el tema de las marchas, de las reuniones por mi libertad, los agotaron física y emocionalmente», reconoce.

Descanso y agradecimiento es lo que más repite cuando habla de sus papás, es lo que quiere procurarles al tener que ser dependiente durante varios años. «Le doy gracias a Dios por tener a la mamá que tengo, al papá que tengo, porque no hubiese sido posible tener fortaleza en esta situación sino hubiese sido por ellos». 

Carla Da Silva presas políticas

Carla Da Silva quiere proporcionar descanso, la tranquilidad que perdieron sus padres jubilados cuando fue detenida.

Carla también está retomando sus amistades, un círculo que no solo se redujo, sino que lo cambió debido a su situación. «Me estoy replanteando trabajar, necesito trabajar porque yo estoy en mi edad productiva, mis padres no. Ya son personas retiradas y fueron muchos años en los que tuvieron que trabajar por mí». 

Tampoco olvida a todos aquellos que quedaron en prisión. «Todos nos vimos involucrados con familiares, por más que se intente separarnos de esas historias es imposible. Seguimos manteniéndonos informados, seguimos manteniéndonos en contacto para saber de mis compañeros o los familiares. Seguimos presente», afirma.

Por las presas políticas

Según la organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP), desde diciembre de 2025 hasta el 8 de marzo unas 93 mujeres han sido liberadas o excarceladas. Entre estas últimas se cuenta Da Silva, quien tiene un régimen de presentación semanal.

«Después de estar en libertad, le resto un poco de importancia a esas cosas porque no hay nada como la libertad. Si el sacrificio, aunque no sea justo, tiene que ser que yo asista una vez a la semana a presentarme, creo que vale la pena con tal de estar en mi casa y poder estar en libertad, viviendo, disfrutando», afirma.

*Lea también: Comité pide revisar caso por caso y liberar a presos políticos: seguirán en vigilia

Otras 103 mujeres, señala JEP, aún permanecen tras las rejas por motivos políticos, lo que genera un impacto diferenciado en esas familias. «Yo hago un llamado especial al gobierno para que evalúe los casos de las mujeres, que somos poco consideradas o escuchadas para las excarcelaciones o liberaciones. Hay muchas compañeras que son madres, hijas, sostén de familia que las necesitan en sus casas. No todas son culpables, hay muchas personas inocentes, muchas mujeres inocentes», señala.

Carla evita mencionar casos específicos pues, dice, cada una tiene una historia que debe ser respetada. «Ninguna historia es más valiosa que otra, al igual que la historia familiar de cada una de ellas, de nosotras. Entiendo lo que vive cada una, por eso quiero pedir por todas las compañeras privadas de libertad». 

«Hay compañeras en el INOF, Crisálida, que están sufriendo mucho por la situación que están pasando al igual que sus familiares. Es importante considerar el tema familiar, las familias nos necesitan, necesitan a las privadas de libertad en sus casas», insiste.

]]]]>]]>

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Vistas del Post: 12

Publicar comentario