La lógica de la situación política en Venezuela: Parámetros clave y su impacto en el futuro
La situación política venezolana está enmarcada en unos cuantos parámetros o coordenadas de los cuales derivan una serie de implicaciones a las que van a obedecer los acontecimientos que los venezolanos vamos a ir viendo. Llamemos a eso “la lógica de la situación”. Veamos algunos de los componentes de ese conjunto de parámetros y cómo se encadenan.
Empecemos con el parámetro geopolítico. De acuerdo con la nueva doctrina de seguridad estadounidense, el hemisferio occidental, al cual pertenece Venezuela, ha de ser una zona hegemonizada por los Estados Unidos. Hay países, como Brasil y México, a los cuales es complicado aplicar esa doctrina, dados su tamaño y su actual tipo de gobierno. En todo caso, siempre que se pueda, tal doctrina ha de hacerse valer y, desde el 3 de enero, Venezuela entró en esa zona. Eso implica que el país ha de convertirse en un aliado genuino y confiable.
El siguiente parámetro es el militar. Dado lo anterior, no es posible que Venezuela conserve unas Fuerzas Armadas tecnológica y doctrinariamente fuera del influjo del país del Norte. De manera que, por ejemplo, los cambios que en los mandos de esa institución tengan o estén teniendo lugar han de responder a ese realineamiento que ponga a las Fuerzas Armadas del país en línea con los intereses y visiones estadounidenses. Doctrinas como las de la guerra asimétrica y la guerra popular prolongada tienen, de acuerdo con esto, sus días contados. Con seguridad, el nombramiento del nuevo ministro de la Defensa fue revisado y aprobado por la administración Trump. Y de ahí para abajo.
Le sigue la coordenada del desmontaje. Los grupos violentos han de ser desmontados, porque, si no, no es posible el cumplimiento de las tres fases del plan norteamericano. Hay quien tiene la opinión de que los grupos violentos y sus dirigentes ya no son tan poderosos y peligrosos como se los ha pintado y que, a estas alturas, son un tigre de papel. No estoy tan seguro. Pero, en todo caso, lo importante es que el hecho del desmontaje de los grupos y organismos violentos —sea que esté por ocurrir, sea que esté ocurriendo, sea que en buena medida ya haya ocurrido— se convierta en un hecho público, notorio y confiable. Nos imaginamos que la administración estadounidense tendrá buen cuidado de asegurarse de que eso esté o continúe en marcha, pues mucho se juega en este punto.
A continuación tenemos la coordenada democrática. Es muy sencilla. Nada de lo anterior puede llevarse a cabo confiablemente si no hay un cambio político en el país, y esto apunta a la realización de unas elecciones, con todas sus condiciones concomitantes. Esta es la coordenada que genera más escepticismo, a partir de la muy extendida idea de que a Trump no le importa la democracia. No sé cuánto le importa a Trump la democracia, pero sí creo que le importa que Venezuela se convierta en un socio confiable y que este sea un hecho sólido dentro de no mucho tiempo. Y tendría el hombre de Mar-a-Lago que ser prácticamente idiota para creer que las autoridades interinas son un socio confiable, como sí lo sería el que vendría a reemplazarlas democráticamente.
Luego viene la coordenada temporal. Esto tiene que ver con las famosas elecciones de medio término que tendrán lugar en noviembre y en las cuales está en juego que el gobierno de Trump mantenga el control de al menos una de las cámaras. Al día de hoy, tal cosa no es nada segura y lo que anuncian las encuestas es que el Partido Demócrata podría ganar la mayoría en ambas cámaras. Se supone que eso debilitará las posibilidades de Trump de llevar a cabo su política exterior. A tal cosa responde eso que se dice mucho por parte de analistas y periodistas: que las autoridades interinas venezolanas lo que están es ganando tiempo, “hechos los obedientes”, esperando que vengan esas elecciones para que, a partir de noviembre, el gobierno norteamericano tenga las manos atadas en su política hacia Venezuela. Hay que suponer que en Washington saben todo eso, de modo que tienen claro que hay que remachar bien las cosas antes de que ocurra una eventual derrota electoral o que ya tienen previsto cómo evitar que ello les ate las manos más de la cuenta. Hay que suponer también que saben que el verdadero compromiso de las autoridades interinas con las políticas de Trump es, en el mejor de los casos, una incógnita. De este modo —pensarán—, lo más sano es no contar con ese compromiso y partir de la base de que, apenas puedan, las autoridades mencionadas se van a zafar de tanta tutela como puedan. Así que el ritmo al que las cosas de aquí marchen tendrá incorporado este parámetro temporal: no es el mes de noviembre el que va a tomar por sorpresa a hombres como Rubio.
Planteamos entonces que, en conjunto, los hechos por venir van a responder a condicionantes como esos y que ellos configuran una lógica que domina el acontecer. Presumimos que lo que vamos a ver va a estar en línea con alguna de estas coordenadas y que los hechos por venir obedecerán a esta lógica de la situación. El desarrollo tomará su tiempo —no tanto, creo yo—, tendrá sinuosidades y contemplará hechos desconcertantes, difíciles de ubicar en el marco que he venido proponiendo. Mucho de todo ello transcurrirá silenciosamente, día tras día. Pero no veo cómo el grueso de los acontecimientos que vienen pueda marchar fuera de ese cuadro y no ir en las direcciones que él implica.
Se echará de menos una coordenada económica, o petrolera, para ser más precisos. Lo que pasa es que me parece que el funcionamiento de ese parámetro depende de que los anteriores hayan sido atendidos y, al revés, si han sido atendidos, para decirlo de una, lo petrolero viene solo. Ni tontos que fueran.
Por supuesto que estos parámetros no funcionan automáticamente. Ha de haber gente de carne y hueso por detrás actuando fuerte en función de ellos. Para retomar el ejemplo, el nombramiento del general González López como ministro de la Defensa con seguridad fue revisado de arriba abajo por hombres muy reales en la CIA, el FBI, la DEA, el Pentágono, el Comando Sur y el Departamento de Estado.
Y, hablando de gente de carne y hueso, los venezolanos tenemos que apersonarnos para que el parámetro democrático, el de las elecciones, esté activo y presente en el radar de las decisiones. Es el que más nos concierne. Veo factible que, con la debida coordinación de todos los actores internos y externos y con el timing apropiado, se ponga en marcha un movimiento ciudadano organizado en torno a la meta de obtener unas elecciones libres en plazos válidos. Ese asunto no lo podemos dejar tanto así en manos ajenas.



Publicar comentario