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La ilusión estadounidense sobre el petróleo venezolano: ¿realidad o fantasía?

La ilusión estadounidense sobre el petróleo venezolano: ¿realidad o fantasía?

Cuán posible es una inversión a gran escala en la producción de petróleo en Venezuela. ¿Las reservas están realmente certificadas? Nuestro columnista Gustavo Reinoso nos acerca un panorama sobre el objetivo concreto de la intervención militar norteamericana en el país caribeño.

Tras la sorpresiva incursión militar de EE.UU. que defenestró al presidente Nicolás Maduro en Caracas, con vértigo abrumador se sucedieron acontecimientos en la atribulada Venezuela.
Pese a su decapitación, el gobierno bolivariano retuvo el poder. Delcy Rodríguez, figura conspicua del chavismo, juró como presidenta encargada. Las demás estrellas de la constelación oficialista exhiben, por lo menos en público, unidad y cohesión.

El régimen venezolano actual prescindió del heroísmo o la épica revolucionaria, optando por formales denuncias de agresión militar y secuestro de su jefe de Estado, ancladas en el mero discurso, la liberación de algunos presos políticos, la entrega de millones de barriles de petróleo a los agresores estadounidenses, y el anuncio del pronto restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Estados Unidos.

En los hechos, por lo menos hasta ahora, se materializó una curiosa entente entre las partes por la cual Washington aspira a dominar los recursos energéticos y minerales venezolanos, dirigiendo su explotación y comercialización en el mercado internacional. En tanto, el gobierno chavista se juega su sobrevivencia en el poder o, si esto se torna imposible, por lo menos una salida elegante en el futuro.
Trump, Rubio y los demás jerarcas de la administración norteamericana se reunieron el 9 de enero en la Casa Blanca con las principales corporaciones petroleras internacionales, para solicitarles una inversión de USD 100.000 millones en la reconstrucción y la expansión de la producción petrolera venezolana. Trump les aseguró que el gobierno federal determinará qué empresas tendrán autorización para operar en Venezuela, alegando el dominio estadounidense de la situación en el terreno.


Los ejecutivos de Chevron (que ya está en Venezuela), Exxon Mobil, Conoco Philliphs, la española Repsol, la italiana Eni, la angloholandesa Shell, entre otras, agradecieron a Trump la convocatoria, pero no se comprometieron a ninguna inversión en concreto.

La cautela de los ejecutivos petroleros no se explica solo por la fragilidad jurídica y la inestabilidad política interna de la administración Trump (que en noviembre de este año afronta cruciales elecciones legislativas de medio término), sino también porque, con los actuales bajos precios del crudo, una gigantesca y prolongada inversión -por un lapso de al menos diez años en la infraestructura industrial venezolana- corre el serio riesgo de no ser rentable.

En un reciente artículo, el Premio Nobel de economía Paul Krugman dice: “La aventura de Trump en Venezuela no es realmente una guerra por el petróleo, es más bien una guerra por fantasías petroleras. La enorme riqueza que Trump imagina que está esperando allí para ser tomada no existe”.

En opinión de Krugman, el magnate neoyorquino no comprende que, si bien Venezuela posee las mayores reservas conocidas de petróleo, esta reserva está constituida por petróleo extrapesado, de baja recuperación y alto costo de producción.

“Las afirmaciones de Venezuela de tener inmensas reservas de petróleo utilizables fueron propagandas con motivos políticas”, añade el economista.

Por su parte, el redactor de “Le Grand Continent”, Gillaume Duval, también apunta a la posible sobrevalorazión de las reservas del país sudamericano, señalando que la cifra de 300.000 millones de barriles de crudo se basa únicamente en las declaraciones hechas por el régimen chavista en el marco de la OPEP y no ha sido objeto de auditorías independientes.

Oficialmente se supone que las reservas probadas se triplicaron entre 2007 y 2010, pasando de 99.000 millones de barriles a 296.000 millones de barriles, consecuencia de la decisión del presidente Hugo Chávez de reclasificar los yacimientos de crudo extrapesado de la cuenca del Orinoco como de explotación técnica y económica viable.

La combinación de altos costos de extracción, grandes gastos en infraestructura, refinamiento costoso y bajos precios del petróleo, podría evaporar la ensoñación trumpista con el oro negro venezolano.

Enmarcada en una nueva estrategia de seguridad nacional, que busca garantizar el predominio estratégico norteamericano en las Américas y garantizar su acceso a los recursos naturales del continente, el despliegue militar ordenado por la Casa Blanca es congruente con intereses geopolíticos y financieros de los Estados Unidos, que van más allá de la mera contención de la influencia rusa, iraní o china.

El petrodólar

Eric Juliana, vice director del diario “La Vanguardia” de Barcelona, recuerda que las exportaciones de petróleo del país sudamericano a China prescindían de los petrodólares. Ambos países concluían sus transacciones en la divisa internacional china llamada “Renminbi” (constituida en base al yuan) o en criptomonedas, los pagos a los envíos venezolanos se realizaban en cuentas a nombre del Estado Bolivariano en bancos chinos en China, lejos de los ámbitos financieros controlados desde Londres o Nueva York.

Estas operaciones chino-venezolanas deben cesar ya, reclama Washington, exigencia que ya está sobre el escritorio de Delcy Rodríguez, quien, ante las acciones de abordaje y confiscación de buques petroleros de la marina norteamericana, probablemente no tenga otra alternativa que ceder.

Desde siempre EE.UU. ajustó su política a preservar el papel de reserva del valor y divisa de comercio global del dólar estadounidense, pero Trump parece determinado a sostener al billete verde aún ante su sostenida devaluación de los últimos años.

La evolución de la política interna tanto en los Estados Unidos como en Venezuela se presenta incierta. La oposición doméstica a la administración Trump está tomando fuerza, en tal grado que la palabra “Impeachment” se pronuncia cada vez más en los pasillos del Capitolio.

La posibilidad de un proceso destituyente en el Congreso es contenida hoy por la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, circunstancia que puede cambiar en las elecciones legislativas de noviembre.

En el país sudamericano la incertidumbre es mayor. El chavismo en el poder parece la única fuerza capaz de evitar el caos, pero su supervivencia depende de la habilidad con que se adapte a la nueva realidad configurada a partir del tres de enero.

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