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Guinea Ecuatorial: La paradoja de la riqueza petrolera y la pobreza estructural

Guinea Ecuatorial: La paradoja de la riqueza petrolera y la pobreza estructural

Tras el descubrimiento de grandes reservas de petróleo en la década de 1990, Guinea Ecuatorial experimentó una transformación macroeconómica radical. En términos de PIB, Guinea Ecuatorial pasó de ser uno de los países más pobres de África a tener uno de los PIB per cápita más altos del continente, llegando a superar en algunos periodos a países europeos. Como muchos países petroleros, la economía se volvió casi exclusivamente dependiente de la extracción de crudo y gas natural, que representan la inmensa mayoría de sus exportaciones e ingresos fiscales.

Si bien la riqueza generada por el petróleo es alta, cerca de la mitad de la población sigue viviendo por debajo del umbral de pobreza y carece de acceso regular al agua potable. Una de las razones de lo anterior es que, en Guinea Ecuatorial, históricamente el gasto público en salud y educación ha sido de los más bajos del mundo en relación con su PIB (alrededor del 2%), priorizando en su lugar grandes obras de infraestructura o gastos militares. Igualmente, a pesar de los ingresos enormes que percibe el Estado, el país ha mantenido tasas de mortalidad infantil propias de naciones con recursos mucho más limitados.

Dentro de las razones que generan la gran brecha entre el crecimiento económico de Guinea Ecuatorial y el desarrollo de su población, recaen que los beneficios de la industria petrolera se concentran en una pequeña élite gobernante y en empresas extranjeras, con escasa redistribución hacia el resto de la sociedad. A esto se añade que el país ha sido señalado repetidamente por organismos internacionales debido a la opacidad en la gestión de los ingresos petroleros y altos niveles de corrupción. Y para cerrar, la industria del petróleo es intensiva en capital, pero genera pocos empleos directos para la población local, lo que deja a la mayoría de los ciudadanos dependiendo de una agricultura de subsistencia poco productiva. Pero lo más llamativo y con mayor influencia es que la falta de instituciones democráticas en el país impide que existan mecanismos de rendición de cuentas sobre cómo se gasta el dinero del Estado.

La falta de democracia en Guinea Ecuatorial es el «mecanismo de desconexión» que impide que la riqueza del subsuelo llegue a los platos de comida de la población. En un sistema democrático funcional, existen incentivos y castigos (como las elecciones o la fiscalización) que obligan al gobierno a reinvertir sus ingresos en el bienestar de sus ciudadanos; en una autocracia petrolera, esos incentivos desaparecen. En una democracia, el gobierno depende de los impuestos de los ciudadanos, lo que crea un «contrato»: Impuestos a favor de protección estatal y servicios públicos. En Guinea Ecuatorial, el gobierno no necesita los impuestos de la gente porque tiene la renta petrolera. Esto rompe el vínculo de rendición de cuentas, lo que genera que el gobierno al no necesitar el voto ni el dinero del ciudadano, el Estado no se sienta obligado a invertir en su bienestar (salud, educación, empleo).

En añadidura, sin una separación real de poderes, la riqueza se gestiona de forma patrimonialista (como si fuera propiedad privada de la familia gobernante). El parlamento al ser una institución no democrática, no cuestiona el presupuesto nacional. Si el 80% del dinero se va a infraestructuras innecesarias (puertos vacíos o palacios) en lugar de vacunas, no hay nadie con poder legal para detenerlo. Esto se le suma que en Guinea Ecuatorial no hay tribunales independientes que persigan la malversación de fondos públicos. La impunidad es la norma para la élite.

La democracia requiere libertad de expresión para que la pobreza sea visible, pero en Guinea Ecuatorial esta no existe. Al controlar los medios, el régimen puede proyectar una imagen de «país moderno» mediante fotos de rascacielos en Malabo, mientras oculta que los barrios marginales carecen de saneamiento. Igualmente, sin derecho a la manifestación o asociación, los ciudadanos no pueden presionar por una mejor distribución de la riqueza. Cualquier reclamo por mejores salarios o servicios básicos es visto como un acto subversivo.

Para mantenerse en el poder sin apoyo popular, los regímenes no democráticos priorizan la supervivencia del sistema sobre el desarrollo humano, gastando más en servicios de inteligencia, guardia presidencial y armamento que en combatir la desnutrición infantil. La prioridad es la protección del régimen, no la protección del ciudadano. La democracia no es una exquisitez para un país que ya ha desarrollado determinados niveles de crecimiento económico y desarrollo social, sino en el eje que permite que el crecimiento económico permita que la población puede desarrollarse y así reducir los niveles de pobreza y desigualdad. La democracia no es solo un sistema de votos; es el sistema operativo necesario para que el hardware (la riqueza natural) produzca un software útil (bienestar social). Sin ella, el petróleo solo sirve para lubricar el engranaje de la permanencia en el poder.

En complemento a la falta de instituciones democráticas en Guinea Ecuatorial, la debilidad institucional generalizada del país producto de esta falta de democracia, se traduce en que la riqueza petrolera fluye a través de una estructura de poder que impide que el capital llegue a la base de la pirámide social. La institucionalidad autocrática del país africano se concreta en la fusión entre el Estado y el clan gobernante. Las decisiones presupuestarias dependen de un círculo muy estrecho de políticos y burócratas. Esto facilita que los ingresos del petróleo se desvíen hacia proyectos de «prestigio» (como la construcción de la ciudad de Oyala en medio de la selva) o cuentas en el extranjero, en lugar de servicios públicos.

Al no existir un poder judicial independiente ni una prensa libre que fiscalice el uso de los fondos, estos o son presas de la corrupción o se usan para áreas no relevantes de la vida de los ciudadanos. Sin vigilancia, el crecimiento del PIB se convierte en riqueza privada de la élite. Una institucionalidad democrática en lo político permite una institucionalidad económica inclusiva. En la autocracia que gobierna a la nación, ha permitido que el gobierno destine cerca del 80% de su presupuesto a cemento y obras públicas (carreteras, puertos, edificios gubernamentales), mientras que la salud y la educación reciben apenas entre el 2% y el 3%. Esto genera que se puedan tener carreteras modernas en Guinea, pero si la población no tiene escuelas de calidad ni hospitales, el crecimiento económico no genera movilidad social.

En una democracia, la institucionalidad que sostiene a la misma obliga a publicar al gobierno sus cuentas ante la ciudadanía. Pero en autocracia el gobierno las oculta. Los contratos petroleros y los flujos de caja de la empresa estatal (GEPetrol) carecen de transparencia. Transparencia Internacional sitúa al país consistentemente en los puestos más bajos del mundo (en 2024 obtuvo solo 13 de 100 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción). Durante años el acceso a estadísticas básicas sobre pobreza o mortalidad fue restringido por el gobierno, lo que impide diseñar políticas públicas efectivas para combatir la exclusión. En dictadura, las instituciones débiles suelen ser burocráticas y corruptas, lo que asfixia a los emprendedores locales. Al no haber seguridad jurídica ni incentivos reales para la diversificación, la economía queda atrapada en el sector extractivo del gas y el petróleo. El petróleo genera mucho dinero, pero pocos puestos de trabajo. Sin instituciones que fomenten otros sectores (agricultura, comercio, servicios), la gente común no tiene forma de participar en la bonanza económica.

Según el PNUD, la brecha entre el rango del PIB de Guinea Ecuatorial y su rango en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha sido históricamente una de las más grandes del mundo, lo que confirma que el dinero existe, pero las instituciones fallan en distribuirlo. Esta falta de democracia crea una distorsión estadística trágica.

FactorEn una Democracia con Petróleo (ej. Noruega)En una Autocracia con Petróleo (ej. Guinea E.)Fondo SoberanoTransparente y para futuras generaciones.Opaco y utilizado para gasto corriente de la élite.Gasto en SaludPrioridad nacional por demanda electoral.Residual, la élite se trata en hospitales del extranjero.CorrupciónInvestigada por prensa y jueces.Institucionalizada y protegida por el Estado.Resultado SocialBaja desigualdad y alta movilidad.Desigualdad extrema y pobreza estructural.

Ante el escenario de que en Venezuela se de en el mediano y largo plazo una inversión extranjera exorbitante para reactivar nuestro sector petrolero, tenemos que revisar los elementos de nuestra institucionalidad, tanto económica y política. Y la política toca el tema de la restauración del Estado de Derecho en nuestro país; la existencia de libertades públicas como la de expresión y asociación; la rendición de cuentas que sólo es posible en un contexto de división de poderes; y la celebración de elecciones libres y frecuentes para que el gobierno tenga incentivos de invertir en el bienestar de la población para ganar su derecho al acceso al poder gubernamental, en vez de rentas privadas y corrupción para mantener su coalición ganadora cooptada para mantenerlos eternamente en el poder. La democracia no es un lujo, es la herramienta primordial que permite que el desarrollo económico se traduzca en bienestar social. Nunca lo olvidemos.

Anexos.

Evolución del PIB per cápita, PPA a precios internacionales actuales (1990-2013).

Fuente

Fuente.

Fuente.

Índice de democracia para Guinea Ecuatorial: 1,92/10.

Fuente.

Índice de desarrollo humano de Guinea Ecuatorial: 0,650/1.

Fuente.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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