El Poder del Vínculo Popular: Comunidades en Resistencia y Transformación en Venezuela
El encuentro con las comunidades populares nos ubica en la esperanza; de cerca vemos su fascinante vida y movimientos sociales. Una esperanza hecha de realidad, de encuentro, de la verdad que vincula y, en el vínculo, nos tenemos, nos hacemos fuertes. Esta es la relación en la que construimos un determinado tipo de sociabilidad y comunitariedad, base esencial para pensar lo político. Los venezolanos nos reconocemos en la relación afectiva, en la familiaridad, en la comunidad y, cuando aparece la adversidad, también somos capaces de afrontarla en relación.
El 28 de julio fue un testimonio de ese entramado político. Preguntemos a cualquiera por su vinculación en las elecciones presidenciales pasadas y verán que tuvo un gran alcance humano, territorial, vinculativo y organizativo. Todos formamos parte de algo. Todos hicimos lo que juzgamos pertinente. Todos, en la trama, construimos una historia sin precedentes.
Desde el Centro de Investigaciones Populares llevamos años argumentando la caída del sistema comunal y poniendo de relieve el poder comunitario que le ha quitado el apoyo. Desde la matricentralidad, como punto de partida y llegada, se ha venido marcando el discurrir de un liderazgo como el de María Corina Machado; de ahí su profundidad y calado. La líder comprendió y actuó desde relaciones populares centradas en la madre y en la convivencia. Situada en esta cultura matricentrada, vemos el impulso inusitado de su dirección política: la gente y sus comunidades vieron en ella el compromiso materno, dicho en criollo: “no nos dejará morir”.
En Venezuela, cuando parece que no está pasando nada, resulta que la realidad subyacente quema, mueve, produce un tsunami. De ahí el desmontaje tan efectivo del aparato comunal o Estado chavista por parte de las comunidades populares bajo el esquema de la no obediencia.
Un primer hito lo vemos marcado por la voluntad de cambio: un pueblo en abierta desobediencia al establishment decide seguir un camino propio, civil y comunitario, acompañado por un liderazgo comprometido y empático que reconoce que el camino hacia la libertad debe ser desde la verdad y el compromiso comunitario.
El desafío fue frontal, dicho por la gente en estos términos: “Aquí estoy, vengo a votar por María Corina Machado; si quieres, quítame la bolsa y los bonos…” “¡Basta ya, quiero un país para mis hijos!”. Así, toda la estructura comunal se ha venido abajo. El pueblo se ha estado rebelando, desobedeciendo de modo sistemático, por lo visto casi imperceptible para el régimen, porque no vieron venir una derrota tan abrumadora el 28 de julio de 2024.
Este es el segundo hito: la elección presidencial, marcada por la voluntad de poder de las comunidades populares. El 28 de julio no fue solo una elección; fue también una operación estratégica de la sociedad democrática. Durante meses se fue tejiendo una inteligencia popular que combinó organización territorial, confianza comunitaria, guía coherente de la líder y visión política. Cada testigo de mesa, cada votante, cada red de cuidado y comunicación fue parte de un dispositivo ciudadano orientado a un objetivo claro: afirmar la verdad electoral frente a un sistema que había hecho del fraude una herramienta de dominación. Esa inteligencia colectiva convirtió el acto de votar en un ejercicio de poder real. La comunidad no solo expresó su voluntad de cambio; demostró que posee la capacidad estratégica para producirla y defenderla.
¿Una vez que se tiene esta conciencia de poder puede producirse su negación? No solo se salió a votar, sino que se produjo un movimiento ciudadano y comunitario por la defensa del voto que no ha tenido precedente alguno en la historia de Venezuela, difícilmente un acto como este sea olvidado; estos son los significados capaces de marcar generaciones.
La gente tuvo conciencia de lo que había hecho, de su poder, de su determinación. La comunidad fue la gran vencedora; así lo fue y así lo sintió, aunque tal triunfo no fuera reconocido por los dispositivos de dominación existentes.
Hoy la fuente del poder no le pertenece al chavismo ni filiales. Las comunidades rompieron el vínculo con quienes las someten y han resuelto continuar con la historia que se decidió el 28 de julio de 2024, porque este movimiento sociopolítico venezolano está marcando los caminos posibles para afrontar un sistema de naturaleza totalitaria. La sociedad se afirmó en la democracia. El régimen se afirmó en el sometimiento.
Cierro con las palabras de Carmen, una mujer popular que se atrevió a liderar contracorriente: “Nosotros lo logramos, ganamos; ellos se sostienen en la mentira… la mentira nunca triunfa”. Esta historia continúa: no hay resignación. Han transcurrido 19 meses de aquel histórico movimiento, sigue vivo, su voz alta y clara ha marcado el camino hacia la libertad. Una nueva elección no borra esta historia, al contrario, se monta en su significado, relevancia, valor y trascendencia.
El 28 de julio de 2024 sigue su historia en 2026 o 2027.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.



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