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El impacto de Le Corbusier en Bogotá: la visita que transformó la arquitectura de la ciudad

El impacto de Le Corbusier en Bogotá: la visita que transformó la arquitectura de la ciudad

El maestro Le Corbusier hizo unos planos de reconstrucción de la ciudad después del «Bogotazo», algunos de estos y otras obras podrán verse en el Museo de Bogotá

En 1947, Rogelio Salmona cursaba tercer semestre de Arquitectura en la Universidad Nacional cuando Le Corbusier, especialista en urbanismo, llegó a Bogotá. Para ese momento la capital del país solo contaba con 600.000 habitantes y se caracterizaba por ser una ciudad atrasada, producto de las políticas conservadoras de la época.

Salmona era un joven de dieciocho años que soñaba con ser arquitecto, pero, a diferencia de sus compañeros de clase, había nacido en París y sabía hablar francés, su lengua materna. Esta ventaja le permitió tener una cercanía inesperada con Le Corbusier, quien para ese momento ya era una figura consagrada de la arquitectura y el urbanismo mundial. Salmona se convirtió en el traductor de las conferencias que dio Le Corbusier en el Teatro Colón intentando pescar algún contrato en esa Bogotá gris necesitada de modernizar su infraestructura.

Durante unos viajes por España, Rogelio Salmona quedó profundamente impresionado por la arquitectura islámica, especialmente por la Alhambra en Granada.
Allí entendió que el agua podía ser un elemento arquitectónico, no solo decorativo.

Antes de que Le Corbusier abandonara la capital del país, el padre de Rogelio Salmona aprovechó la relación que su hijo había construido con el arquitecto modernista y lo invitó a cenar. Le Corbusier aceptó la invitación y cenó con los Salmona en Bogotá. Por cordialidad o porque le vio potencial al joven estudiante de arquitectura, Le Corbusier le ofreció que hiciera un intercambio en su estudio de la rue de Sèvres en Paris.

Al despedirse, Le Corbusier aseguró que a Bogotá había que demolerla y volverla a construir, sin imaginarse que meses después sus palabras se harían realidad: Bogotá fue demolida por las llamas de la turba enardecida del 9 de abril de 1948.

Nadie sabía cómo se levantaría la ciudad después del bogotazo. El futuro no parecía tener cabida en la ciudad. El padre de Rogelio Salmona se acordó de la propuesta y motivó a su hijo para que viajara a París y se encontrara con el maestro.

Con el poco dinero que sus padres pudieron reunir, Rogelio Salmona viajó a París a los 19 años, con la ilusión de ser recibido con los brazos abiertos, pero en cuanto aterrizó en la ciudad de la luz, se dio cuenta que era un desconocido para su referente arquitectónico, quien además se negó a contratarlo en el taller.

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Al final, Le Corbusier accedió a que el joven Salmona permaneciera en el taller, pero se negó a reconcerle pago alguno por sus servicios. Como el joven parisino había viajado sin tener una beca de estudios, solo contaba con lo que sus padres le podían enviar desde Colombia. Por eso tuvo que vivir en las buhardillas del Quartier Latin, un barrio humilde de fachadas sin adornos donde habitaba una suerte de alegría bohemia alimentada por sus residentes, en su mayoría estudiantes de todas partes del mundo.

Al mismo tiempo que Salmona trabajaba sin pago en el taller de Le Corbusier, estudiaba arquitectura en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes. No pasó mucho tiempo antes de que abandonara sus estudios porque estaba atiborrado de trabajo. Como su pasión por la arquitectura iba más allá de un compromiso formal con la academia, Salmona asistía a diferentes seminarios, lo que le permitió ampliar su círculo social, llegando a compartir clases con la crítica de arte Marta Traba.

 - El día que Le Corbusier visitó Bogotá y Rogelio Salmona le hizo de traductor

«Le Corbusier”, quien se encuentra a la izquierda de la fotografía, es el seudónimo artístico que el arquitecto empezó a usar hacia 1920 cuando escribía en la revista L’Esprit Nouveau. Su nombre de pila era Charles-Édouard Jeanneret-Gris.

En 1949, Fernando Mazuera, entonces alcalde de Bogotá, le encargó a Le Corbusier la reconstrucción de Bogotá. El “Plan Piloto” era la oportunidad para que Salmona creciera dentro de la oficina de su referente arquitectónico. Sin embargo, fue otra más de las discordias que tuvieron los dos arquitectos, al punto de que Salmona dejó tirado el taller en dos ocasiones.

Finalmente, la reconstrucción de Bogotá quedó plasmada en 48 páginas, 48 planos tamaño oficio, 17 planos de gran formato y una maqueta del Centro Cívico. Pero la puesta en marcha del proyecto quedó archivada por falta de una respuesta de la Alcaldía. Todos estos archivos, incluida la maqueta, estarán expuestas en el Museo de Bogotá desde el 4 de marzo hasta el 10 de abril de 2026.

En 1957, decepcionado por las limitantes de su labor como dibujante, Salmona le pasó la carta de renuncia a Le Corbusier y regresó definitivamente a Colombia para convertirse en una leyenda del diseño arquitectónico con obras que hoy van camino a convertirse en Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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