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El fenómeno del venezolano chévere: Cultura, desorden y la búsqueda de un gendarme necesario

El fenómeno del venezolano chévere: Cultura, desorden y la búsqueda de un gendarme necesario

La idea del venezolano chévere, desde hace décadas, ha debido convertirse en una categoría antropológica para estudiar a profundidad el ethos de nuestra cultura. Aún como mera sospecha, esto taladra nuestros sentidos al intentar explicarnos ¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo ha sido posible que una pandilla de delincuentes ejecutara probablemente, el saqueo más grande de la historia de cualquier país del mundo?

Pero también estamos obligados a preguntarnos por qué permitimos semejante desafuero, y sobre todo, ¿por qué una parte importante de la población le dio carácter festivo a semejante tragedia? Más que cifras, vale un relato expuesto por un consultor de la DEA que trabajó en la investigación de lavado de activos en el caso venezolano:

“Interrogamos a un testigo quien nos refirió el caso ocurrido en un banco suizo. La gerencia frenó el procesamiento de un cheque emitido a nombre de PDVSA cuyo monto alcanzaba 400 millones de dólares. ¿Cómo lograron hacer efectiva la operación con el cheque? –Bueno, muy simple, ¡terminamos comprando el banco y todo fluyó con normalidad!

Tal conducta, des complicada, coincide con el venezolano chévere, es decir, alegre, buenísimo, gracioso, bonito, elegante, agradable, desenfadado, indulgente, y más. Pero, mientras esto ocurría en Suiza (2017-2018), en nuestro país la gente se peleaba por un pollo, muchos escarbaban su comida en la basura, otros morían en los hospitales sin insumos, y hasta hubo quien se suicidó al perderlo todo por culpa de un nuevo cono monetario.

No es cierto que la polarización venezolana se fundamente exclusivamente en razones políticas, (chavismo-oposición), la verdadera dicotomía tiene un fundamento cultural, y el venezolano chévere, desenfadado, irresponsable, ha retado al ciudadano verdadero, responsable, serio, adusto, pero descalificado por amarguete y por tomarse las cosas en serio.

La perspectiva del venezolano chévere coincide con lo reflejado por estudios internacionales según los cuales hasta el año 2012, en materia de felicidad, “el país gozaba de una posición privilegiada en el mundo, ubicándose de 19 en el ranking mundial y el segundo más alto de América Latina.” Solo después del 2015, “la curva de la felicidad” muestra un franco declive hasta el año 2019 cuando el deterioro se hace inocultable”. Es decir, aún con el país en escombros, en darwiniana demostración de ser los más aptos, el venezolano chévere sobrevivió para convertirse en producto de exportación. Su ruidosa y festiva presencia se ha hecho sentir en la América Latina y anglosajona.

Con menos sustancia pequeño burguesa-clase media, también se replicó lo chévere bajo el formato depinga, con mucho más desenfado, urticante y soez, pero con significado bastante próximo. Como bien lo expresa Adriana Pedroza, citando al ilustre Conde del Guácharo: “Venezuela es depinga, todo el mundo aquí echa vaina y nadie le para bolas”.

La estulticia venezolana celebra que, no sólo el miembro de la nobleza musipanense se lance como candidato a la presidencia. También lo hacen muchos otros, por pura ambición personal, por figurar en la escena o por simple jodedera. Y esto ocurre en un país devastado, con gente que sufre, mientras otros se divierten, o exhiben lo robado de modo exultante.

El venezolano chévere, el gran sobreviviente de nuestro naufragio, no envejece ni madura. Los chéveres, son eternamente adolescentes, ergo, reacios a las reglas y a los límites que se contraponen a su conducta laxa. La política refleja la presencia de lo chévere o de pinga, expresado en su liderazgo. Reconocido esto, ya se puede entender la burla y la befa convertidas en políticas públicas, y hasta una oposición tan poco seria que recomendó bailar salsa para festejar el ultraje de la voluntad popular.

Pero, hete aquí como la condición festiva del venezolano chévere nos retrotrae al pasado bárbaro, muy a pesar de la refutación de la sociología pesimista de Don Augusto Mijares. El núcleo duro de lo chévere contiene el germen del caos que se nutrió por décadas de laxitud pretendidamente democrática.

Como en la Teoría de la Ventana Rota, el venezolano que irrespeta el semáforo, el motorizado corriendo contra vía, sin casco más tres parrilleros, (de pinga), el mantelero en la calle, el empresario pícaro, asociado al poder para cazar subsidios, el político irresponsable que dice hoy lo que mañana contradice, el que siempre llega tarde al trabajo haciendo chistecitos, en fin, la burocracia corrupta y risueña, que hemos soportado por años, terminaron por naturalizar el caos y la destrucción farraguista reimpulsada por el chavismo.

El historiador Manuel Caballero ilustró sobre la relación entre los hombres de guerra y el caballo, a lo largo del siglo XIX venezolano. Según Caballero, estalla la paz cuando la política se baja del caballo. La política se civiliza. En su Doña Bárbara, Gallegos subraya la dicotomía entre la civilización y la barbarie. Y aquella doña representa lo segundo, por supuesto, montada en brioso corcel. No pudieron imaginar la barbarie de nuestros tiempos: el motorizado armado con AK-47, montado en caballo de hierro, realizando piruetas de alto riesgo, sembrando el terror entre los ciudadanos.

Los positivistas decimononos como A. Comte resaltaron la importancia del orden sobre el caos hermanado a la incertidumbre, insoportable para los humanos, siempre en búsqueda de certezas. Vellenilla Lanz, un positivista criollo, formuló su tesis del Gendarme Necesario como respuesta “reparadora” de la sociedad violenta, caótica, con guerreros a caballo, herencia dejada por la Guerra de Independencia. Algo muy serio nos ocurre como sociedad, pues tras más de 220 años de vida republicana, las conductas irresponsables, indolentes, y anárquicas siguen marcando nuestra existencia.

Ahora resulta que, la conducta adolescente y descomplicada del venezolano chévere, ya enseñoreada en el aquelarre político criollo, ni siquiera logra producir sus propios gendarmes. El caos benevolente de finales del siglo XX se pretendió resolver con el gendarme zambo. Y fueron tan caóticos los resultados que hemos requerido de un gendarme rubio, importado.

Es claro que la actuación de los anárquicos no sería tan exitosa sin la complicidad del conjunto de la sociedad, festiva o indiferente. Conviene recordar lo señalado por el Cardenal Baltazar Porras frente al desparpajo cómplice de algunos de sus hermanos de iglesia: “No se puede normalizar el sufrimiento… cuánta gente ha sido torturada o expulsada, y verlo como algo ajeno es una forma de quedarse en silencio ante injusticias”. No es posible el fulano país democrático y de progreso, mientras unos sufren a morir y otros celebran la ruina o se mantienen impasibles.

Caracol Blue. Entrevista con Martín Rodil. Consultor de la DEA.

CATO. El cato.org. El Declive de la felicidad en Venezuela. 22-03-2019: https://www.elcato.org/el-declive-de-la-felicidad.-16-12-2025

Ibídem.

Adriana Pedroza. El Venezolano Feo. Libros Marcados, 2008, pp.15.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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