El complicado camino de Trump y las petroleras en Venezuela: Inversiones en riesgo y promesas incumplidas
Poco después de su operación militar en Caracas, el mandatario estadounidense se ufanó de controlar el negocio del petróleo en Venezuela. Un mes después, a las grandes petroleras no les termina de convencer la idea de regresar. ¿Logrará Trump imponer sus exigencias como ya hizo con las tecnológicas?
Por Suhelis Tejero Puntes
“¡Es el petróleo, estúpido!”. Esta frase, que parafrasea la de Bill Clinton cuando hablaba de la economía, se habría aplicado perfectamente al verdadero motivo de la operación de Trump contra Maduro. Pero el objetivo del presidente norteamericano de apropiarse del crudo de Venezuela se ha estrellado con un obstáculo inesperado. En efecto, a un mes de la operación militar, las grandes petroleras de Estados Unidos aún no se atreven a dar el paso de volver a explotar el oro negro en la nación sudamericana. Muchas de ellas conocen demasiado bien al país en el que operaron por décadas, hasta que la ideología se interpuso en el negocio y debieron abandonar sus inversiones millonarias.
Trump quiere velocidad, que las petroleras inviertan de inmediato unos 100.000 millones de dólares para aumentar la producción, destinar buena parte de ese petróleo a Estados Unidos y transformar el mapa geopolítico de la energía, ya sin la presencia de China, India y Rusia en la región. Pero a ese plan se le abrió una grieta el mismo 9 de enero cuando el mandatario estadounidense se reunió por primera vez desde la captura de Maduro con las 20 principales petroleras. Lejos de lo que él quería, no reaccionaron automáticamente al llamado a invertir porque vieron más riesgos que posibilidades. Así quedó al descubierto que la retórica política y la realidad empresarial no siempre van de la mano.
Chevron no dudó en permanecer en Venezuela, donde ya opera gracias a una licencia especial otorgada por el Departamento del Tesoro para esquivar las sanciones de la Casa Blanca al gobierno chavista. Pero otras lo siguen pensando. Exxon Mobil incluso llegó a decirle a Trump que Venezuela, en su estado actual, es “uninvestable”, es decir no apta para la inversión, una palabra durísima que molestó al mandatario, al punto de amenazar con dejar a esa empresa fuera de cualquier plan. ConocoPhillips dijo durante aquella reunión que estaban dispuestos a volver, pero que necesitaban garantías.
#ÚLTIMAHORA | Donald Trump sugiere que dejará a ExxonMobil, la mayor petrolera de EE.UU., «fuera» de sus planes para revitalizar ese sector en Venezuela tras un comentario desfavorable de su máximo ejecutivo, Darren Woods. pic.twitter.com/yeBEwWICI0
— EFE Noticias (@EFEnoticias) January 12, 2026
La cautela de las petroleras no es descabellada. Para trabajar, ellas deben invertir cantidades enormes de dinero que solo recuperan a largo plazo, por lo que dependen de la estabilidad de los países donde explotan el recurso. Esa postura no deja de contrastar con la de las tecnológicas, que tras defender su autonomía en el primer período de Trump, en el actual adaptaron sus operaciones a las exigencias políticas.
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Por supuesto, la naturaleza de ambos negocios es distinta: mientras las empresas de tecnología no conocen fronteras y no son alérgicas a las condiciones cambiantes de los mercados, las petroleras enfrentan la explotación de un bien estratégico en un Estado extranjero y para ello necesitan reglas claras, estabilidad y garantías. Sus decisiones son más complejas porque enfrentan riesgos mayores.
Por lo pronto, las petroleras consiguieron un objetivo crucial: que la Casa Blanca promoviera –por medio de la encargada del Ejecutivo Delcy Rodríguez– una reforma a la Ley de Hidrocarburos que el Congreso de Caracas aprobó a las volandas. La nueva norma le ofrece garantías a las empresas privadas nacionales y extranjeras, con lo que borró de un plumazo una de las políticas que constituían el corazón del chavismo. Se trata de una ley aprobada hace 20 años por Hugo Chávez que le permitió expropiar los activos de ConocoPhillips, Exxon, Total, Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes y hasta la propia Chevron.
Breaking News: Venezuelan lawmakers approved a major overhaul of laws governing the oil industry, bowing to Trump pressure. https://t.co/QXyJP9IThN
— The New York Times (@nytimes) January 29, 2026
El economista Asdrúbal Oliveros relata que la normativa recién promulgada busca atraer la inversión en el sector al reducir la regalía petrolera (los derechos que las empresas pagan al Estado por explotar el recurso), las contribuciones parafiscales, la capacidad de gestión operativa y la posibilidad de llevar a arbitraje internacional cualquier desacuerdo sobre los contratos.
Sin embargo, en esto no todo lo que brilla es oro. Oliveros cree que la ley establece una discrecionalidad muy amplia, que resta seguridad jurídica al negocio. “Muchas de las ventajas que puede dar la ley dependen estrictamente de una decisión del gobierno, del Ministerio de Hidrocarburos, de PDVSA o de la Presidencia”. Por ejemplo, la reforma mantiene una regalía base de 30%, pero establece que puede bajarse hasta 0% en contratos con privados y en empresas mixtas en caso de que se demuestre que un proyecto de explotación no sea económicamente explotable. Eso plantea eventuales condiciones desiguales para las empresas, una incertidumbre que no las favorece.
El marco regulatorio petrolero implantado por Chávez creó la figura de las empresas mixtas en las que obligatoriamente el Estado venezolano tenía al menos un 51% de las acciones. Así que, de un día para otro, las petroleras se quedaron sin poder de decisión en los proyectos en los que invirtieron por décadas. De ahí la resistencia de empresas como Exxon y ConocoPhillips, a las que Venezuela les adeuda 13.000 millones de dólares por sus activos expropiados hace casi dos décadas.
Más flexibles, pero no con todos
El gobierno de Trump envió una nueva señal a las petroleras a invertir en Venezuela al flexibilizar las sanciones contra ese país. El Departamento del Tesoro otorgó un permiso más general para comerciar con el crudo venezolano, pero con condiciones y prohibiciones específicas. De hecho, sólo permitirá operar a empresas estadounidenses establecidas antes del 29 de enero de 2025 y obligará a que los pagos a entidades venezolanas pasen por una cuenta en Catar controlada por Washington. Esta ruta es una especie de garantía adicional para las empresas, pero también un recordatorio de quién realmente fija las reglas del juego.
Como era de esperar, el permiso excluye las transacciones con personas o entidades de Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o empresas controladas por capital chino que operan en Venezuela o Estados Unidos. Así, esos países quedan fuera de la ecuación petrolera con el productor más importante del continente.
Sin embargo, aún con estos dos pasos, hay quienes todavía ven la situación con bastante recelo. La firma calificadora de riesgo S&P considera que actualmente Venezuela es el país menos atractivo del mundo para invertir. “Se caracteriza por una compañía petrolera nacional con capacidad reducida, una infraestructura deteriorada, una falta de seguridad jurídica, una corrupción generalizada y violencia contra el personal y las instalaciones del sector petrolero», escribió la firma en su más reciente informe.
S&P agrega que esto solo se podría revertir con una “intervención sostenida de Estados Unidos” que “podría permitir «oportunidades de negocios de ciclo corto, sentando las bases para reformas más amplias y posibilitando el crecimiento de la producción a mediano plazo”. Y esa conclusión llega ya con dos cambios importantes –la reforma legal en Venezuela y la flexibilización de las sanciones– y con la promesa de Trump de que protegerá esas inversiones a toda costa.
Entonces, ¿por qué la resistencia? Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, apenas producía 880.000 barriles diarios de crudo al cierre de diciembre de 2025. Es uno de sus niveles históricamente más bajos, bastante lejos de los 3,4 millones de barriles que llegó a producir al día en 1998, antes de la llegada del chavismo.
¿Más vale autocracia conocida que democracia por conocer?
Tras la salida de Maduro, Trump se viene entendiendo con Delcy Rodríguez, —vieja colaboradora de aquel– ahora encargada del Ejecutivo venezolano, sin que la democratización del país esté en un horizonte cercano. Solo el 31 de enero las palabras “elecciones” y “democracia” entraron en la agenda cuando Chris Wright, secretario de Energía, le dijo a directivos de empresas que Venezuela podría tener elecciones presidenciales dentro de un plazo de 18 a 24 meses. Esta podría ser la tercera señal que las petroleras esperaban para animarse a pensar en invertir.
Delcy Rodríguez quiere tiempo para aferrarse al poder y Trump busca dinero en Venezuela, según Human Rights Watch
La organización advierte que ni el gobierno interino ni la Casa Blanca tienen como prioridad restrablecer la democracia en el país tras la salida de Nicolás Maduro.
— DW Español (@dw_espanol) January 30, 2026
Sin embargo, el CEO de Exxon Mobil, Darren Woods, se mantiene firme en sus exigencias. Para el ejecutivo, la prioridad es estabilizar el país, luego reanimar la economía “y tratar de recuperar parte del daño que durante décadas de abuso causaron los dictadores y después, en última instancia, hacer la transición hacia un gobierno representativo (…) No puedes resolver problemas sin entender lo que son”, dijo hace poco al canal CNBC.
Oliveros coincide en la necesidad de mirar a largo plazo a la hora de hacer negocios de este tipo. No cree que las petroleras estén dispuestas a ceder a las presiones por un escenario que puede ser coyuntural.
Al fin y al cabo, como explica el economista, “aumentar la producción para que alcance los tres millones de barriles diarios, requiere invertir en promedio 10.000 millones de dólares por 10 años (…) El temor es que una vez pasada la presidencia de Trump o que venga otro evento, estos procesos de inversión no se puedan sostener. El temor es que cambien las reglas de juego si cambia la relación con Estados Unidos, porque al final esto está motorizado por la presión y esta especie de tutelaje que tiene Estados Unidos sobre Venezuela”.
Al final, la apuesta de Washington choca con una paradoja difícil de resolver: Venezuela es una pieza estratégica demasiado valiosa como para dejarla fuera de su órbita energética. Pero, a la vez, su organización estatal es demasiado frágil como para convertirse en un destino confiable para las inversiones. Sin duda, la Casa Blanca está imponiendo las reglas, pero todavía falta la estabilidad que exigen los planes petroleros, que miden el tiempo en décadas. Las petroleras lo saben y, por eso, prefieren esperar en un país donde impera la incertidumbre.
La pregunta no es tanto si Trump logrará doblegar a estas compañías, como ocurrió con las tecnológicas, sino si su país estará dispuesto a sostener, quizás por años, un tutelaje sobre Venezuela, solo para dominar el mercado energético.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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