Descubren un Asentamiento Indígena Precolombino 34 Veces Mayor que Machu Picchu en la Sierra Nevada de Santa Marta
El registro inicial del lugar se hizo en 1973, desde 2019 se ha hecho un trabajo riguroso que encontró un asentamiento indígena donde no había reyes ni caciques
En medio de la espesa selva de la Sierra Nevada de Santa Marta, a orillas de la quebrada La Aguja, se encontraron las ruinas de un antiguo asentamiento indígena de 18 kilómetros cuadrados, 34 veces más grande que Machu Pichu, la antigua ciudad inca construida en el siglo XV bajo el mandato del emperador Pachacútec. Este descubrimiento pone de cabeza todo lo que se conocía hastaa ahora de los antiguos pobladores de la zona.
El hallazgo debe agradecérsele a la comunidad de este territorio entre quienes se encuentra Elver Enrique ´Kike´ Osorio, un campesino de la zona que ha pasado toda su vida entre esas murallas que nunca habían sido registradas.
El 24 de julio de 1911, el explorador e historiador estadounidense Hiram Bingham registró por primera vez las ruinas de Machu Picchu.
El territorio descubierto, que desde la época de la colonia es conocido como Betoma, empezó a ser explorado por el arqueólogo Daniel Rodríguez Osorio en el año 2019, cuando las terrazas ancestrales del lugar llamaron la atención del equipo de investigadores por su organización. Muy rápidamente se dieron cuenta de que no era una monumental ciudad centrada en un solo núcleo, como es el caso de Ciudad Perdida, el asentamiento indígena más famoso de la Sierra Nevada registrado en 1973, sino que se trataba de una red de poblados interconectados. Algo así como una utópica comunidad de 40 pueblos, aparentemente, sin un rey, cacique o jefe central. Lo anterior complejiza los estudios sobre cómo era el manejo sociopolítico de los pueblos de la Sierra Nevada, que tienen registros de ocupación desde el año 200 d. C.
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En 1973, la científica Luisa Fernanda Herrera, quien fue integrante de la primera expedición del poblado indígena de Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta, dejó el primer registro formal conocido de Betoma. A estos territorios se les había perdido la pista en 1600, cuando los grupos indígenas los abandonaron a raíz de la conquista española. En 1973, el ICANH, actualmente liderado por Alhena Caicedo Fernández, envió un equipo de arqueólogos en un helicóptero para que exploraran la densa selva de la Sierra, que había cambiado de colonizador y ahora estaba inundada de cultivos de marihuana.

Ciudad perdida fue hallada de manera fortuita y desafortunada a causa de los saqueos a las tumbas de los ancestros indígenas que poblaron esas tierras.
El primer registro de Betoma se dio mientras Luisa Fernanda Herrera estudiaba apasionadamente la quebrada La Aguja. Quedó impresionada por la disposición de los muros que protegían unas terrazas arropadas por piedras y encauzaban el agua para que corriera desde lo alto. La científica logró documentar 1.272 terrazas, destacando especialmente el impecable estado de conservación de la infraestructura.
En 2024, cuando las investigaciones corrían, el proyecto se vio en la necesidad de incorporar el uso de la tecnología Lidar (Light Detection and Ranging, por su sigla en inglés). Se trata de un sensor que se le pone a un dron y dispara pulsos láser para escanear lo que hay debajo del suelo. Con la información obtenida, se arma un mapa en 3D. Con esta tecnología pudieron identificar 8.334 estructuras de piedra, 7.062 más de las que pudo registrar Luisa Fernanda Herrera hace 53 años.

Uno de los asentamientos registrados por Daniel Rodríguez Osorio llamado La Palma.
Esto hizo que Betoma, que se supone tuvo sus primeros habitantes en el siglo V, se destacara por su considerable extensión y por la presencia de obras de infraestructura cuidadosamente construidas que, aunque no corresponden con el tamaño de las 169 terrazas monumentales de Teyuna, más conocida como Ciudad Perdida, sugieren que los pueblos que las habitaron eran mucho más numerosos de lo que se pensaba y dominaban técnicas de ingeniería más avanzadas de lo imaginado.
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