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Censura Intacta en Venezuela: Un Análisis sobre la Prensa y la Transición Política

Censura Intacta en Venezuela: Un Análisis sobre la Prensa y la Transición Política

En días pasados, una solvente investigadora de comunicaciones y periodista destacada, Marianella Balbi, presentó un análisis de la situación de la prensa venezolana para llegar a la siguiente conclusión: la censura está intacta. Esa afirmación sobre una situación específica se puede extender hacia el panorama de la vida venezolana que vivimos después de la captura de Nicolás Maduro. Así como sucede en la parcela de la expresión del pensamiento y de la divulgación profesional de las informaciones, ocurre en los movimientos que se pueden esperar —o que se anhelan— después de un hecho de armas como el que condujo a la “extracción” del dictador.

Sabemos o suponemos que las transiciones no suceden de la noche a la mañana. Las cosas van paso a paso, como se ha dicho desde la antigüedad, especialmente cuando los asuntos primordiales no dependen de voluntad propia. La etapa que está comenzando en Venezuela no obedece a un designio doméstico, sino a una decisión foránea. Estamos como estamos porque Trump decidió deshacerse de Maduro y porque la sociedad no aportó nada de importancia real en el plan, aparte de su deseo de un cambio que no podía materializar por razones de debilidad. En consecuencia, la navegación ha dependido de un capitán que vive en el hemisferio norte, con el pueblo venezolano y con la mayoría de sus líderes en plan de comparsa.

Lo intacto de la situación ha sido una decisión de Trump porque le pareció que, aparte de Maduro y de su esposa, de momento no se detectaban otros sujetos indeseables que debían mudarse por las malas a Nueva York. No le salió mal el cálculo; en realidad, dio en la diana, porque los individuos a quienes dejó el encargo de cuidarle a Venezuela le han resultado ejemplares en materia de obediencia y puntualidad. Solo la cara larga del ministro del Interior expresa incomodidad por el trabajo que le han encargado desde Mar-a-Lago, pero no tanto como para someterlo a vigilancia especial ni para pensar en despacharlo mañana. Es un ornamento conveniente, por ahora.

Si los enemigos del imperialismo yanqui se han convertido en sus cachorros después del bombardeo, ¿para qué tomarse la molestia de encarcelarlos y juzgarlos, pese a los delitos que han cometido? ¿Por qué no hacerse de la vista gorda? De allí que el cambio político apenas se pueda calcular en centímetros.

En el Twitter del profesor Mires pudimos leer ayer una frase que apoya lo que venimos diciendo: mientras no se presenten novedades de trascendencia en la cúpula militar, no se puede estar pensando en transiciones. Afirmó algo así y parece irrefutable, pese a que lo escribió de prisa. Los responsables de la seguridad de Maduro, y también de la integridad de la patria, se supone, han seguido raudos una carrera o una gestión que apenas ha tropezado con escollos minúsculos, pese a que no se han exhibido como adalides en combate frente a la planta insolente ni ante otro tipo de amenazas. Algunos han visto esos valladares con ayuda del microscopio, pero lo cierto es que ninguna piedra de importancia les ha estorbado el camino.

Toda esa tranquilidad, semejante pachorra, tal holgura, después de un bombardeo debido al cual fue sacado por las mechas el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Si el alto mando apenas ha sentido la molestia de unos retoques después de hacer lo que no hizo, es probable que en los cuarteles no broten simpatías por mudanzas políticas, mucho menos por movimientos enfáticos mirando hacia el futuro.

Una primera reacción de la sociedad sin dirección foránea ha provocado movimientos de esperanza, como la libertad de unos centenares de presos políticos y el anuncio de una ley de amnistía, pero estamos ante contadas señales auspiciosas. Son episodios provocados por dolores íntimos, por heridas profundas y todavía sangrantes, prefacios de lo que el pueblo reclama de veras, pero sobre cuya trascendencia no se ha manifestado el señor de Washington. Ha preferido, hasta ahora, el entendimiento con los sujetos contra quienes movilizó una poderosa flota de guerra en el Caribe.

Así no solo seguirá intacta la censura de prensa referida al principio, sino también todo el aparato de represión, horror, ignorancia y ladronería encabezado por Nicolás Maduro que tanta desgracia nos ha causado y que impedirá cualquier alternativa de cambio.

Tal y como se vienen conduciendo los socios en sus alturas —entre requiebros y amoríos, entre reproches tímidos y modales respetuosillos, entre concesiones mínimas y negocios prometedores—, hasta son capaces de pensar en un acuerdo de convivencia para que la transición pase a mejor vida cuando apenas ensaya sus primeros pasos.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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