A dos años de «Hablan los candidatos»: Reflexiones sobre el debate presidencial y el compromiso democrático en Venezuela
Hace dos años, Venezuela vivió un momento inusual, casi improbable en lo que va del siglo: un debate presidencial opositor transmitido en vivo, con múltiples candidatos discutiendo frente al país. “Hablan los candidatos” fue, por un par de horas, una ventana al país posible. Uno en el que la política volvía a estar en manos de los ciudadanos, con sus líderes compitiendo en ideas, no en lealtades impuestas.
Hoy, al mirar esa imagen del debate, el contraste es brutal.
Uno de esos candidatos, Freddy Superlano, está en prisión. Al menos tres han tenido que irse a la clandestinidad. Y uno, el del partido político con más historia de nuestro país, terminó militando en el PSUV, traicionando no solo sus ideas sino a quienes creyeron en su palabra y trabajaron en su nombre.
La imagen que alguna vez ilusionó hoy es testimonio del costo de hacer política en dictadura. Pero también de la valentía de aquellos que no se han rendido.
Porque hay algo que no se ha quabrado: el compromiso de millones de venezolanos con la lucha democrática. No importa cuántos cierren medios, cuántos inhabiliten, cuántos exilien o encarcelen. Esa voluntad de cambio ha sobrevivido a cada golpe, y se expresó con fuerza en la victoria popular del 28 de julio de 2024, cuando Edmundo González, junto al liderazgo de María Corina Machado, triunfaron en las urnas, en contra de todo el aparato del Estado en contra.
Lamentablemente, después de esa victoria se volvió a cerrar el camino. No por falta de apoyo popular, sino por un régimen que se niega a medirse, que administra el miedo con precisión quirúgica, y que ha cerrado prácticamente su totalidad el terreno para la acción política.
Hoy no hay cronograma electoral venidero. No hay garantías para la vida civil. No hay un punto claro de llegaga. Y sin embargo, sigue existiendo silenciosamente un país dispuesto a cambiar.
Ese es el gran reto de la dirigencia democrática hoy: cómo desentrabar esta nueva etapa sin hitos electorales, cómo construir un nuevo momentum político en medio de la dispersión, el silencio forzado y la represión redoblada.
Lo del debate no fue solo un espacio emitido en streaming. Fue un ejercicio democrático valioso. Y aunque muchos hoy estén pagando el precio de haber participado, también fue prueba de que una alternativa real puede nacer y fortalecerse incluso en los entornos más hostiles.
Hoy toca volver a esa raíz: abrir el debate, reencontrar la estrategia, reconstruir una ruta. Porque aunque nos han querido imponer un cierre, el país sigue anhelando tener un futuro.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.



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