Ana Lucía Pineda: De Cosecha Solidaria a Colombia Un Solo Corazón, la Primera Dama al Servicio Social
Durante la pandemia, Ana Lucía Pineda lideró Cosecha Solidaria, que entregó miles de mercados donados por el bufete de su esposo. Hoy lidera Colombia Un Solo Corazón.
En plena cresta de la pandemia en 2020, De La Espriella Lawyers -la oficina de abogados del hoy presidente de la República- lanzó y ejecutó la iniciativa “cosecha solidaria” con el propósito de tendere la mano a cultivadores de la región caribe que no encontraban salida den sus productos hacia el mercado.
El programa compraba sus productos a precios sin intermediación, los empacaba y luego los distribuía entre familias vulnerables que padecían hambre mientras el país se encontraba en estado de confinamiento.
El proyecto, probadamente eficiente pese a su margen limitado, era liderado por Ana Lucía Pineda Aruachán, esposa de Abelardo De La Espriella. Ahora la primera dama de la Nación, prevalida de su experiencia y formación como administradora, estará al frente de la estrategia social para la recuperación de la zona de desastre en la que miles de familias sufren las consecuencias del terremoto de este 10 de agosto.
“Colombia, un solo corazón” es el nombre del programa concebido tras la tragedia que, menos de 72 horas después de su posesión, pone a prueba la capacidad de reacción del gobierno. “Tengo un deseo genuino de ayudar y, más que el título, me gusta el propósito, la oportunidad que se me presenta como mujer colombiana”, declaró la primera dama antes de que ella y su esposo llegaran a la nueva sede del gobierno en el Palacio de San Carlos.


La oportunidad y el reto se le presentaron durante el tercer día del gobierno, cuando el sismo de más de 7 grados de intensidad causó trágicos daños en Pereira, Cali, Quibdó y Manizales y en amplias zonas de por lo menos cuatro departamentos.
Este martes 11 de agosto la primera dama madrugó para visitar la población de Dos Quebradas, en Risaralda para coordinar la instalación de una red de atención a los heridos de la tragedia ante el colapso de buena parte de la red hospitalaria. Allí recibió un vehículo de refrigeración que sería habilitado como apoyo ante la morgue del hospital local que funcionaba a topes.
Por su despacho comenzaba a ser canalizada toda la información sobre el fujo de ayudas anunciados por gobiernos amigos, grupos económicos, empresas y cientos de ciudadanos dispuestos a colaborar eficientemente: 15,5 millones de dólares anunciados por el gobierno de Estados Unidos, medio millón de dólares canalizados por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) a través de los Fondos de Desarrollo Social y Humano e ingentes recursos anunciados por los grupos empresariales Santo Domingo y Sarmiento Angulo, los mismo que organizaciones como Éxito.



Ahora la primera dama está dispuesta a honrar lo que dijo en campaña: “Seré una mujer completamente comprometida, cercana, que no estará detrás de un escritorio (…) Me gusta caminar de la mano con mi esposo por las regiones para escuchar y conozer cuáles son esas necesidades y estar ahí para trabajar por ellas”.
Para ella y para el gobierno en general el reto no es menor. El país espera que se haya aprendido la lección dejada por el terremoto en el Eje Cafetero de 1999. Hace veintisiete años el Fondo de Reconstrucción (Forec) enfrentó numerosos cuestionamientos y debatitos de control político por desafueros administrativos.
El programa “cosecha solidaria”, potenciado a la N, volverá a escena con rango institucional. Lo anticipó durante su campaña Abelardo De la Espriella y lo ratificó el 7 de agosto durante su discurso de posesión en el Cantón Militar Pichincha, en Cali.
Por fuerza de las circunstancias, la inversión social del gobierno tendrá como primer eje la solidaridad con las comunidades que sufren por causa de la tragedia. El tamaño del desafío está dibujado en un balance -todavía provisional- presentado por la Asociación de Ciudades Capitales (Asocapitales): 181 muertos, más de mil heridos, 1.575 viviendas afectadas. 61 edificaciones derrumbadas y seis terminales aéreas con daños que afectan su operación.
El rostro social de la atención del desastre estará encarnado en una joven mujer de 38 años, administradora de empresas de la Pontificia Universidad Javeriana y experta en procesos de calidad y cumplimiento.



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