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El mandato de la comisión Figuera: Desconfianzas y expectativas en las elecciones venezolanas

El mandato de la comisión Figuera: Desconfianzas y expectativas en las elecciones venezolanas

Los venezolanos tenemos muchas aprensiones respecto a las conversaciones que se están llevando a cabo entre una comisión de la Asamblea Nacional de 2015 y una de la de 2025. El objetivo proclamado de tales tratativas es el establecimento de las condiciones para la realización de unas elecciones creíbles. Los motivos de la desconfianza que muchos sienten son claros y sencillos. Uno es la suerte de varios ensayos anteriores que supuestamente tenían parecido objetivo. Otro es el modo de designación de la comisión que se supone representa a la oposición y la ausencia en ella de la principal figura de las fuerzas democráticas del país. Son dos motivos legitimos y poderosos.

Aquí vamos a proponer otro ángulo de aproximación al tema. La comisión que, encabezada por Dinorah Figuera, va a sentarse frente a la delegación de las autoridades interinas tiene un mandato implícito de parte de la sociedad democrática venezolana. El mismo mandato que hubiera recibido explícitamente de haber sido esas fuerzas las que la hubieran escogido para representarlas. No es tal mandato otro que el de convenir, y asegurar su ejecución, las medidas necesarias para que se lleven a cabo elecciones presidenciales creíbles, en plazos admisibles para tales fuerzas democráticas.

La comisión Figuera es responsable ante ellas, aunque no sean ellas las que la escogieron. Eso quiere decir que esa comisión tiene que rendir cuentas a su mandante, independientemente de que también haya de rendir cuentas a quien en los hechos la designó, es decir, el gobierno estadounidense. De modo que le toca a esa comisión actuar como si hubiera sido nombrada por las fuerzas democráticas, y a estas actuar como si hubieran sido ellas las que la designaron.

En el caso concreto que nos ocupa, eso significa que las fuerzas democráticas tienen que hacer estrecho seguimiento de lo que vaya aconteciendo en las conversaciones que hayan de tener lugar y hacer sentir, con los instrumentos democráticos que para ello tengan a la mano, su satisfacción o su insatisfacción con la marcha del proceso. Ello en el entendimiento de que solo una marcha y unos resultados satisfactorios para tales fuerzas aseguran la salida de la situación de incertidumbre e inestabilidad en la que el país se encuentra y que, en caso contrario, perdurará con todos sus resultados negativos para el plan de las tres fases del que ha hablado el Departamento de Estado.

Aseguran, esto es, el éxito de la «iniciativa Figuera», llamémosla así. No atender el mandato social implícito de cumplir con la tarea democrática significa el fracaso de tal iniciativa, fracaso que traería consigo el del plan de las tres etapas. Es decir, sería el fracaso de la estrategia general diseñada por el Departamento de Estado. Ese es un gran instrumento del que disponen las fuerzas democráticas para hacerse valer.

Por la fuerza de los hechos, el principal rol en ese proceso de seguimiento, de evaluación y de llamado a la responsabilidad ante el mandato del que hemos hablado recae sobre la dirigencia real de las fuerzas democráticas y, en especial, sobre su principal figura. En ese marco interpretamos el comunicado que sobre el tema que tratamos emitieron ella y el Presidente Electo hace pocos días.

La forma de designación de la comisión Figuera y sensibles ausencias no ayudan a que esa tarea sea realizada con el tacto y el pulso adecuados. En todo caso, no se trata de hostilizar o arrinconar, ni mucho menos, a Dinorah Figuera y sus acompañantes. Por lo demás, el destinatario final de las señales de inconformidad que haya que emitir no es exactamente la comisión, sino quien la seleccionó. Sea oportuno mencionar que, a nuestro juicio, Figuera ha mostrado discreción y equilibrio en sus apariciones.

Hay una opinión muy difundida de que ya todo, con los ajustes menores que sean necesarios, está básicamente programado por Washington. Es posible que así sea. Lo ideal sería que el mandato por el que la comisión Figuera es responsable ante la sociedad democrática y las instrucciones o «mandatos» del gobierno estadounidense coincidan, de modo que la rendición de cuentas ante ambas instancias en realidad sea una sola.

Como no sabemos cuáles son esas instrucciones externas, que por lo demás no tienen por qué ser inmovibles, nos corresponde a los demócratas venezolanos hacer entretanto la tarea que como mandantes nos toca.

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