Duelo de Lobbies en Venezuela: Rodríguez y Machado se Enfrentan Ante la Incertidumbre Electoral
Politólogos y expertos en comunicación política analizan las estrategias de Delcy Rodríguez y María Corina Machado, quienes despliegan campañas ante la incertidumbre del calendario electoral en Venezuela. Mientras la gestión interina ejecuta una reingeniería interna para dilatar el proceso, la líder democrática busca activar la movilización ciudadana, configurando un duelo de lobbys que traslada la fijación de la fecha electoral a los despachos de Washington
Delcy Rodríguez y la líder opositora María Corina Machado están encampañadas. Tras la captura y extracción de Nicolás Maduro a inicios de año, la actividad política de ambas se intensificó. Las estrategias de la officialista y de la fundadora de Vente Venezuela chocan en una carrera electoral por la presidencia que, hasta ahora, no tiene fecha en el calendario.
El momento político lo caracteriza el rol que el gobierno de Estados Unidos asumió en la dinámica venezolana luego del 3 de enero: autoridades de ese país y no el Consejo Nacional Electoral (CNE) han asomado períodos de tiempo, alrededor de nueve meses, en los que podría celebrarse un proceso electoral para escoger al nuevo presidente o presidenta del país.
En este interín, la administración Rodríguez ensaya modificaciones de imagen, acercamientos con sectores empresariales y discursos conciliadores que buscan frenar el descontento que se ha acrecentado en los últimos años hacia el Partido Socialista Unido de Venezuela. En contraposición, Machado apunta a mantener la tracción de los estudios de opinión y fomentar la organización ciudadana con el fin de presionar por la aceleración del calendario electoral. Todo esto ocurre mientras se acerca el 2 de julio, fecha en la que vencen los plazos legales para el interinato del Poder Ejecutivo establecidos en los artículos 233 y 234 de la Constitución.
Expertos consultados por TalCual coinciden en que la ausencia de una fecha oficial en el calendario no ha congelado el tablero, sino que ha desplazado el eje de la confrontación hacia la diplomacia internacional. Los analistas concuerdan en que tanto Rodríguez como Machado operan bajo la lógica de una campaña permanente y un «duelo de lobbies» en direcciones opuestas ante Washington: mientras el oficialismo busca gestionar plazos holgados que le permitan consolidar su reingeniería interna, la disidencia presiona por la aceleración del cronograma, convirtiendo la fijación del día de la votación en el principal catalizador de sus respectivas estrategias de movilización nacional.
Campaña «por sí acaso»
Piero Trepiccione, politólogo y subdirector del Centro Gumilla, sostiene que la actividad pública de ambas líderes no puede aislarse de los manuales de la estrategia contemporánea. Explica que, más allá de la parálisis institucional, el posicionamiento ante la opinión pública es un motor que nunca se detiene.
En este proceso, dice, Rodríguez está en el poder político institucional y Machado busca justamente alcanzar esa posición de poder. En este escenario, afirma que buena parte de las acciones públicas de ambas figuras obedecen a una estrategia de posicionamiento y de crecimiento en lo que respecta a respaldo a nivel de la opinión pública venezolana.
Por su parte, el sociólogo Damián Alifa coincide en que la ausencia de certezas sobre el calendario, lejos de desmovilizar a las maquinarias, las empuja a mantenerse en un estado de alerta constante y a competir en un entorno de neblina informativa donde las filtraciones de prensa internacional sustituyen a los anuncios del Consejo Nacional Electoral (CNE).
«El mundo político venezolano está organizándose alrededor de las expectativas de unas elecciones que no tienen una fecha, al menos no tienen una que sea de conocimiento público. Los tiempos constitucionales no existen y buena parte de lo que pueda ocurrir depende de la presión de EEUU», menciona.
Alifa asegura que hay una incertidumbre enorme en los polos políticos. Ante este panorama recalca que «todo huele a campaña».
«Se hace campaña porque sí y por si acaso, incluso pudiéramos especular que tal vez ni Rodríguez ni Machado tengan claridad acerca de la fecha de unas elecciones presidenciales. Lo que sí es evidente es que a una le conviene postergar lo más posible las elecciones, pues busca diseñar un escenario electoral más conveniente para ella y la otra, sabiéndose con más apoyo popular, procura que sea lo antes posible», analiza Alifa.
Rebranding de Delcy
Para Trepiccione, el ascenso de Delcy Rodríguez ha forzado una metamorfosis en las estructuras del PSUV. Advierte que la funcionaria ha tenido que asumir la tarea de «recoger las velas» de un movimiento golpeado por el descontento social y el desgaste de los últimos años para intentar construir un nuevo eje político.
«Delcy Rodríguez trata de recoger las velas del chavismo, obviamente aplicando un criterio de reconversión de imagen, de reingeniería político-electoral para tratar de recuperar esas bases y esos márgenes de población que con el paso de los años han ido perdiendo un afecto importante por el PSUV y por el partido de gobierno básicamente», apunta.
A su juicio, el accionar de la oficialista busca justamente recuperar terreno perdido, pero al mismo tiempo concentrar fuerzas de respaldo político en el seno del chavismo en torno a su figura. Comenta que el chavismo siempre ha estado acostumbrado a funcionar bajo la característica del hiperliderazgo o la concentración del liderazgo «y es lo que intenta en esta fase de posicionamiento».
Damián Alifa rememora que Rodríguez ascendió con Maduro hasta llegar a una posición de poder similar a la que pudo tener Rafael Ramírez, exministro de Petróleo, con Chávez. Apunta que el ascenso de la encargada «está marcado por la soledad de Maduro en sus primeros años de poder» y la necesidad de buscar aliados confiables frente a las tensiones internas con otros aspirantes a sucesores.
«Lo hizo (junto a su hermano) además sin ser una líder carismática dentro del partido, sin que ella o su hermano viniesen del mundo militar. Tampoco tuvo nunca -a diferencia de su hermano- un cargo de elección popular en el que pudiera desempenar alguna labor importante, mostrar gestión, etc», menciona.
Para el investigador, el avance de Rodríguez dentro del poder está marcado «por el ajedrez palaciego, las negociaciones tras telones, los nexos y los tejidos que pudieron construir en este tiempo», entre ellos, hace referencia a relaciones con el mundo empresarial y con círculos opositores.
De acuerdo con el sociólogo, la salida del juego de Maduro puso a Delcy Rodríguez en una posición impensable para cualquiera hace tres o cinco años atrás, pero también la enfrenta a un momento muy crítico dentro del país y dentro de las filas del chavismo.
Alifa considera que este giro pragmático ha despojado al movimiento de sus banderas tradicionales, dejándolo expuesto ante la crisis de los servicios públicos y el colapso económico.
«Desde hace tiempo se viene intentando hacer eso que llaman un ‘rebranding’ en las filas del chavismo, cambiar colores, cierto rechazo implícito a los discursos más próximos a la izquierda, eliminar rostros conflictivos, presentar chivos expiatorios como muestra de un cambio de dirección. Y en cierta medida, en el periodo de Maduro hubo un vaciamiento de los marcos ideológicos presentes en el discurso de Chávez y en el imaginario chavista en general. Esto creo un movimiento más amorfo, mas dócil a la ‘línea de arriba’, más ‘disciplinado y resiliente’ dirían en el Psuv, pero también le restó horizonte, propósito y por lo tanto, poder de convencimiento», describe.
Subraya que «si a esta crisis de sentido le sumas el descontento por la desastrosa y corrupta gestión económica, tienes la debacle del chavismo resumida».
Alifa cuestiona hasta la viabilidad de que la debacle del chavismo se solucione con un movimiento más tecnocrático, empresarial, «propio de la mentalidad de un chavismo cuya dirección cambió de estrato social». Duda que esta nueva corriente pueda devolver al chavismo «alguna esperanza de futuro deseable».
La estrategia Machado
En la acera contraria, la estrategia de María Corina Machado se distancia de las discusiones normativas para concentrarse en la acumulación de fuerza social.
Al respecto, Trepiccione señala que la dirigente ha consolidado una ventaja en los estudios de opinión que oscila entre los 20 y 30 puntos porcentuales con respecto a Rodríguez en la encargaduría, capitalizando el anhelo de transformación del país. Explica que el reto de Machado es traducir esa simpatía estadística en presión de calle.
«Creo que el gobierno no está contento con la situación de tutelaje geopolítico en la que está envuelto, obviamente. Sin embargo, pues ha procedido a realizar un proceso de mutación o de metamorfosis en aras de mantener el poder y de tratar de mantener el respaldo político interno», considera el politólogo.
Sobre esa base, añade, el Ejecutivo juega a mantener una buena relación «con quien ejerce el tutelaje por sometimiento». Como no tienen poder para contrarrestar el tutelaje, apunta Trepiccione, «juegan a hacer mutación política adaptándose a las circunstancias, pero reordenándose para eventuales nuevos ciclos».
Con respecto a María Corina Machado dice que más allá de lo jurídico, este momento «es un tema absolutamente emocional y de siembra de esperanza y que esa esperanza efectivamente se transforme en movilización».
A su juicio, Machado necesita apuntalar la movilización emocional, la movilización orgánica de la población para forzar un adelantamiento de elecciones en el marco del plan de EEUU, cuyo cronograma de tiempo no existe, o al menos no está definido públicamente.
«Necesita mover o incorporar en la ecuación política del país el factor emocional y el factor movilización popular», afirma Trepiccione, sin dejar de reconocer que esta ruta no está exenta de obstáculos severos.
Alifa, en tanto, advierte que las fracturas organizativas y el impacto del aparato represivo del Estado condicionan la capacidad real de ebullición de las bases sociales, ensanchando la distancia entre el deseo ciudadano y la acción concreta.
«Creo que el escenario ideal para María Corina Machado ahora es que las manifestacions salariales, las estudiantiles, la de los presos políticos y otras tantas demandas, entraran en un estado de ebullición que se le salieran de las manos a una Delcy Rodríguez que aunque puede reprimir, no puede hacerlo de la misma forma que lo hizo Maduro. Mientras que Machado se presenta ahora como una figura capaz de llegar a pactos para presentarse como opción de estabilidad», enfatiza Alifa.
Del mismo modo, advierte que las dificultades que se presentan es que la capacidad de movilización de la sociedad venezolana está muy mermada por la represión y también por la ausencia de partidos políticos más allá de plataformas electorales. Por otro lado, agrega, «es difícil imaginar, incluso para muchos en Estados Unidos, a una María Corina Machado capaz de tender puentes y llegar a acuerdos con sectores claves dentro del chavismo en estos momentos».
Reloj electoral confiscado
Carmen Beatriz Fernández, experta en comunicación política y campañas electorales, detalla cómo el «rodriguismo» se ve obligado a actuar a «doble banda» debido a un factor externo que no responde a los hilos de Miraflores: ahora no es quien maneja el reloj a su conveniencia.
Para Fernández, debido a la intervención de la Casa Blanca en la dinámica venezolana, el control total de los tiempos ya no lo tiene el chavismo.
«La realidad es que nosotros no tendremos un cronograma electoral en tanto el Departamento de Estado, los Estados Unidos, no decidan que sea así. Eso hace que el ‘rodrigato’ se maneje en una incertidumbre que hasta ahora nunca habían sentido. Hasta ahora la incertidumbre de los tiempos era solamente un tema de la oposición, y ahora la incertidumbre de los tiempos es de ellos también», menciona.
La experta infiere el oficialismo ahora trabaja a una doble banda: «ellos no quisieran tener elecciones o quisieran tener las elecciones lo más tarde posible, pero esa variable no la administran ellos, entonces no depende de ellos».
En consecuencia, apunta, el panorama se resume en un choque de influencias donde tanto la administración de Delcy Rodríguez como el liderazgo democrático dirigen sus esfuerzos hacia el mismo receptor en el extranjero, buscando dominar a su favor «las agujas del reloj político venezolano».
«Ellas están en campaña, porque hay una certeza: que en Venezuela, más temprano que tarde iremos a un proceso electoral cuando Trump, Marco Rubio, el Departamento de Estado, los Estados Unidos decidan que sea así», recalca.
En este sentido, señala que el oficialismo trata de influir ante los Estados Unidos para que las elecciones sean lo más tardías posibles, pero por otro lado, ante la incertidumbre, están en campaña y hacen campaña.
«Lo que hemos visto es una campaña con todas las de la ley. Lo que hemos visto con esa peregrinación, lo que vemos con el autobucito, lo que vemos con los rotulados, lo que vemos con los lemas, incluso, lo que vemos con el cambio de color. Delcy sí está en campaña», manifesta.

Sobre Machado, la experta afirma que la opositora nunca ha dejado de estarlo. Asegura que tampoco es una campaña «sui generis», sino que también intenta «hacer un ejercicio también de lobby, de influencia, tratar de influenciar a quien efectivamente está a cargo».
Considera que esto implica presionar por la aceleración del proceso electoral, en sentido opuesto, analiza, al trabajo que viene haciendo Delcy Rodríguez.
«En resumidas cuentas, ambas están tratando de hacer incidencia en dirección opuesta ante quien efectivamente está manejando las reglas del juego», concluye Fernández.


Publicar comentario