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José Patines: La lucha de un sindicalista venezolano por derechos laborales y dignidad en un país marcado por la desigualdad

José Patines: La lucha de un sindicalista venezolano por derechos laborales y dignidad en un país marcado por la desigualdad

José Patines tiene apenas dos pares de zapatos. Uno se mojó hace poco bajo un palo de agua caraqueño. “Tienes que ver cómo quedaron”, dice entre risas. Son 53 años los que carga encima. Es alto, delgado y de ojos prominentes. Desde 2012 es el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Cancillería, donde laboró hasta ser despedido en 2018.

Años después se plantó ante el excanciller Jorge Arreaza y le dijo sin titubear: “usted me botó de la Cancillería por pelear mis derechos laborales”. La escena, impensable hasta hace muy poco, ocurrió el pasado 12 de marzo, cuando Patines, junto a un grupo de compañeros sindicalistas, irrumpió en el Palacio Federal Legislativo, otro hecho poco probable en la Venezuela previa al 2026.

Ese mismo día también encaró a varios diputados: “nosotros también queremos andar en las camionetas de 150.000 dólares que andan ustedes, nosotros también queremos vivir en Las Mercedes”, les reclamó a la cara.

Pero la realidad de Patines, y de la gran mayoría de los venezolanos, está muy lejos de esos lujos. Él se mueve a pie o en transporte público. Así llega a las convocatorias de la Coalición Sindical Nacional de Trabajadores, donde permanece atento, mirando siempre a los lados o hacía atrás. Es así como se mantiene alerta, ya que, en diciembre de 2025, estuvo en desaparición forzada por un par de días.

Es así como desde el 3 de enero —cuando una operación militar de Estados Unidos sacudió el tablero político venezolano—, Patines tomó la decisión de volver a la calle y retomar la protesta, esa forma de disidencia que por mucho tiempo estuvo adormecida en Venezuela.

—¿Cómo se dio ese face to face con Arreaza?

Lo encaré porque vi la oportunidad. Todos saben lo que sucedió el 3 de enero del 2026, eso abrió una oportunidad de protestar, sobre todo para los trabajadores. ¿Por qué? Porque antes del 3 de enero eso no se podía hacer en Venezuela. Si yo le hubiera dicho eso a Arreaza antes del 3 de enero, desde ese momento hubiera ido preso.

Cuando logramos entrar a la AN, después de atravesar las barreras policiales, y veo a los diputados, que, por cierto, nadie eligió, fueron impuestos a dedo, él estaba allí y aproveché y le dije que era un violador de derechos humanos.

Gracias a Dios se me dio la oportunidad, se lo dije, se lo debía a mi familia, yo se los prometí, que donde lo viera, se lo iba a decir.

—¿María Corina Machado y Edmundo Gónzales son sus jefes?

Conozco a Edmundo González porque es diplomático de carrera, ¿qué quiere decir? Que él es una persona que iba a buscar su cajita (beneficio laboral de alimentación) a la Cancillería, aparte de que es afiliado del sindicato que yo represento. Por eso conozco a Edmundo.

A María Corina Machado evidentemente también la conozco. Estuve en su comando de campaña, trabajando con ella en pro de un cambio democrático. ¿Por qué no decirlo? Esa es la verdad. A María la conozco como la conocen todos los venezolanos, porque es la que ha dado la lucha y ha marcado la diferencia a nivel político.

—¿Qué piensa de las personas que lo catalogan como un ‘vende patria’?

Para mí son opinadores de oficio, prepagados por el gobierno que hoy representa Delcy Rodríguez, la encargada impuesta por el gobierno de los Estados Unidos.

Ellos tranquilamente pueden decir lo que quieran, la cosa es que lo demuestren. Cualquiera de ellos es invitado a mi casa, yo no tengo ningún problema, vayan y revisen mi nevera. Revisen mi ropa o cómo vivo.

Sí, vivo dignamente, pero con la ropa vieja, porque aquí uno quiere andar bien vestido, como anda el 5 % que se baña en lujos a costillas del sufrimiento de todos los trabajadores, pero en este momento me encuentro como muchos venezolanos, en pobreza.

—¿Ha recibido amenazas desde aquella confrontación en la AN?

El 16 de abril, cuando marchamos hasta la embajada de Estados Unidos, fuimos perseguidos, me imagino que por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana, por no decir ‘colectivos’. Creo que por mi casa han estado de nuevo, la diferencia es que ahora no andan en una patrulla del Sebín, sino de civil, pero de que lo persiguen a uno, lo persiguen.

Lo hacen porque hay gente que se pregunta de dónde sacamos los recursos, la respuesta es: de ningún lado. Se los repito: de ningún lado. Los trabajadores de Venezuela nos apoyan, el venezolano de a pie nos apoya porque quieren un cambio en el país.

—Viene un aumento salarial el 1 de mayo. Delcy dijo que sería un “aumento responsable” ¿Cómo debería ser ese aumento responsable?

Un aumento responsable tendría que ser basado en el costo de la canasta básica alimentaria. Es decir, 700 dólares mensuales. Basta de que el trabajador venezolano tenga que seguir pagando por la crisis que ellos mismos (el gobierno) crearon. Mientras que ellos viven entre lujos y nosotros en pobreza.

30, 20, 10 dólares, lo que sea que tengan planteado aumentar, todo lo que no esté en función del artículo 91 de la Constitución Nacional, de no ser así, el venezolano de a pie, el trabajador venezolano va a seguir protestando.

El mes de mayo será de lucha laboral, política y social, porque ya es un problema de todos los venezolanos. Ya no se trata solo del salario, es el tema de los servicios públicos, del sistema de salud, del sistema educativo. Tiene que ver con el problema de los presos políticos, y también tiene que ver con la exigencia de elecciones libres.

—¿Qué piensa de que ahora la defensa de Nicolás Maduro y Cilia Flores se pueda pagar con recursos del Estado?

Nosotros lo vemos como una ironía. Es increíble, teniendo aquí a más de 600 personas presas políticas, de hecho hay trabajadores presos en ese lote, y que nunca se les ha dado la oportunidad de tener un abogado privado, sino que el gobierno les impone un abogado público que no hace nada por defenderlos.

Pero, bueno, hoy los venezolanos tenemos que pagarle los abogados a Maduro, solo porque dice que es presidente, aunque nosotros sabemos que perdió las elecciones presidenciales del 28 de julio del 2024.

—¿Tiene algo que decirle a Donald Trump?

El mensaje que yo le daría es que mire bien lo que está pasando en Venezuela, que active al nuevo encargado de negocios, John Barrett. Lo invitamos a que asista a la marcha de este 30 de abril y a que escuche el cacerolazo convocado para la noche, que será con las luces apagadas, en solidaridad con todos los estados del país que pasan los días sin luz.

Que ponga los ojos otra vez en Venezuela y entienda que en esta transición que está llevando a cabo, tienen que estar incluidos los trabajadores, la sociedad civil, los partidos políticos y los estudiantes. Sin esa ecuación no va a haber transición y evidentemente no va a haber paz en Venezuela. Ese es mi mensaje para Trump.

—¿Y cuál es su mensaje para Delcy Rodríguez?

Mi mensaje para la presidenta interina es que atienda a los trabajadores. Tiene una gran oportunidad este 30 de abril. Atienda a los jubilados y a los pensionados. Deje que lleguemos a Miraflores, porque somos venezolanos y tenemos derecho. Usted habla de democracia, habla de reconciliación. Todo eso pasa por allí… porque todos los venezolanos podamos caminar por las calles sin temor a ser reprimidos o detenidos.

Somos nosotros los que estamos en la calle luchando, no los dirigentes sindicales que usted tiene sentados en una mesa y que se ajustan a su medida, y que sencillamente avalan todo lo que usted está planteando.

Respete a los trabajadores, respete a los jubilados y pensionados de este país. Este 30 de abril tiene la gran oportunidad de bañarse en democracia. Nosotros vamos con fe y con la mejor disposición.

—¿Cómo era su vida antes del 3 de enero?

Mi vida y la de muchos compañeros era bastante difícil porque nosotros no podíamos salir de las casas. En diciembre pasado, un día medio salí y me llevaron preso o me secuestraron, mejor dicho.

A mí me agarraron en la puerta de mi casa, me apuntaron con una pistola, me pusieron una capucha y me llevaron para un comando. Me hicieron las preguntas que me hicieron. En mi caso no me torturaron, pero tenían tiempo persiguiéndome. Nosotros no podíamos movernos, no nos podíamos montar en un autobús y recorrer el país, como lo estamos haciendo ahora.

Ninguno de nosotros podía salir del país. No podíamos protestar, nos caían los colectivos. Las alcaldías y gobernaciones se prestaban para la persecución. Así era la vida como dirigentes sindicales. Prácticamente presos en nuestras casas. En mejores condiciones que los presos políticos, claro está.

Durante la manifestación del pasado 9 de abril hubo represión y varias personas fueron detenidas, poco después liberadas. Podría describirme cómo fue el comportamiento de los funcionarios durante esa protesta.

La manera en que reprimieron evidentemente nos fue igual a como lo hacían en 2014, 2017, 2024, entre otros tantos ciclos de protesta en el país. El 9 de abril era solo con escudos, no estaban armados, eso es muy importante decirlo. De hecho, muchos policías nos decían: ‘sigan echándole pichón’, ‘mi mamá es jubilada’, ‘mi papá es pensionado y no tiene salario’, ‘yo mismo como policía gano solo dos dólares’.

A través de las cámaras se vio que muchos trataron de ayudar y no se atrevían a golpearnos, pero sí hubo infiltrados, incluso agentes cubanos y los mal llamados colectivos.

Señor Donald Trump, todavía existen los colectivos, no se han desarmado. Todavía sigue el Sebín, a lo mejor como civil, amedrentando en las calles. Lo vemos en el compañero que acaban de detener por un panfleto sobre la controversia del mono, cosa con la que no estoy de acuerdo,  menos yo en mi propia condición, pero es evidente que sigue la represión.

—Cuénteme sobre su despido de la cancillería…

En el año 2018, Arreaza nos dijo a los sindicalistas de la cancillería que teníamos dos opciones: o nos quedábamos tranquilos, viajando para Cuba a hacer cursos, o que allí estaba la puerta. Hoy todo el mundo sabe por qué me despidieron, preferí luchar por los derechos laborales y luchar por toda la problemática del sector laboral del país.

Entonces, todo el que estaba en contra ya era traidor, era terrorista y todo lo demás. A mí me acusaron de todo eso y fui despedido, como también fueron despedidos dos compañeros más del sindicato y una diplomática. Mi esposa también fue despedida. La botaron simplemente por ser mi esposa, en ese momento teníamos una niña de 2 meses de nacida, tenía inamovilidad laboral.

—¿Hasta qué edad piensa seguir en las calles?

Hasta que tenga fuerza voy a seguir marchando en favor del derecho laboral, en favor de la democracia y en favor de la justicia. Hasta que tenga fuerzas voy a estar en la calle. Ese es mi compromiso con mi familia, con mi esposa, con mi mamá, con mis hijos, con toda mi familia, con la gran familia de trabajadores de Venezuela.

Desde la Coalición Sindical Nacional de Trabajadores y el Sindicato de Trabajadores de la Cancillería voy a seguir luchando hasta que Dios me dé vida.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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