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María Teresa Arizabaleta: La Última Sufragista Colombiana y su Lucha por el Voto Femenino en Colombia

María Teresa Arizabaleta: La Última Sufragista Colombiana y su Lucha por el Voto Femenino en Colombia

Las sufragistas, entre ellas María Arizabaleta y la tía abuela de Paloma Valencia, se estrenaron en las urnas en 1957 para tumbar la dictadura de Rojas Pinilla.

Aunque María Teresa Arizabaleta de García nació en un mundo hecho para hombres, nunca aceptó el relegadx y estrecho lugar que estaba destinado para ella. Su madre, presidenta de las madres católicas, profundamente preocupada por la imagen que pudiera proyectar su hija, intentó convencerla de no ser una rebelde. Pero María Teresa nunca se sintió cómoda obedeciendo reglas que la pusieran en desventaja frente a los demás.

Uno de sus primeros gestos de rebeldía fue negarse a usar falda cuando apenas era una niña, y preferir ponerse un overol como sus cinco hermanos, para treparse a los árboles igual que ellos.

Su padre, orgulloso del carácter de su hija, se encargó de inscribirla en colegios donde amedrentaran lo menos posible su espíritu inconforme. Aquella decisión resultó clave en la formación de quien terminaría siendo una de las mujeres que lucharon para que las colombianas fueran reconocidas como ciudadanas y no como delicados objetos de compañía de los hombres.

 - Una caleña rebelde es la última sobreviviente de las que lucharon por el derecho de las mujeres a votar en ColombiaMaría Teresa Arizabaleta de García, arquitecta y gestora del voto femenino en Colombia.

En la década de 1930, la mujer de moda era Esmeralda Arboleda, doce años mayor que María Teresa, y una de las primeras mujeres que pudo ser bachiller en Colombia gracias a un decreto firmado por el expresidente Olaya Herrera. Como si fuera poco, Arboleda se inscribió en la Universidad del Cauca y se graduó como abogada. Desde allí comenzó una batalla decidida por los derechos de las mujeres.

Esmeralda visitó en varias ocasiones el colegio Gimnasio Femenino del Valle, donde estudiaba María Teresa, para conversar sobre la situación de las mujeres en Colombia. María Teresa tenía apenas doce años y quedó cautivada por las conversaciones que Esmeralda sostenía con los profesores e importantes personajes políticos.

Un día la vio hablando junto a un puesto ambulante de flores. La niña pidió permiso para salir del salón con el pretexto de comprar un ramo. Cuando llegó al puesto, Esmeralda se fijó en ella y le preguntó si le gustaban las flores. María Teresa respondió: no, me gusta escucharla a usted. La respuesta sorprendió a la abogada. Según recuerda María Teresa, en ese instante nació una amistad que solo separaría la muerte.

En los años siguientes, María Teresa se vinculó al movimiento feminista colombiano, en el que también participaban figuras como Josefina Valencia, hermana de quien años después sería presidente de la República, Guillermo León Valencia. Aunque María Teresa creía que nunca se enamoraría, un muchacho humilde de familia conservadora la conquistó llevándole libros a la salida del colegio. Con el tiempo se convirtió en su esposo y en un compañero incansable de sus luchas políticas.

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Con una ciudadanía a medias, el grupo de feministas luchaban para que las mujeres pudieran votar, algo que ya había sido visto en Colombia, aunque brevemente: durante el siglo XIX, cien años antes del logro de María Teresa, en la provincia de Vélez, Santander, un decreto llegó a permitir que todos los hombres y mujeres mayores de edad participaran en las elecciones. Sin embargo, aquella decisión apenas duró unos meses antes de ser anulada por las autoridades de la República de la Nueva Granada.

En 1930, las sufragistas —como se conocía a estas mujeres— retomaron la lucha. El camino estaba lleno de trabas y prejudicios machistas. Mientras tanto, el país vivía uno de los momentos más críticos de la confrontación entre liberales y conservadores. En medio de esa crisis, el teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla tomó el poder con el respaldo de sectores que creían que a Colombia le hacía falta la mano dura de un militar.

 - Una caleña rebelde es la última sobreviviente de las que lucharon por el derecho de las mujeres a votar en Colombia - Una caleña rebelde es la última sobreviviente de las que lucharon por el derecho de las mujeres a votar en ColombiaEsmeralda Arboleda, la única mujer en la Asamblea de las Naciones Unidas.

Pero la guerra no se solucionó con mano dura. Con el paso del tiempo, el país se le fue escapando de las manos a Rojas Pinilla, quien terminaría siendo recordado como el único dictador que ha tenido Colombia.

El 26 de julio de 1954, la Corte Suprema de Justicia designó a la conservadora Josefina Valencia, tía abuela de la hoy candidata presidencial Paloma Valencia, como delegada para participar en la Asamblea Nacional Constituyente con el objetivo de defender la plena ciudadanía de las mujeres. Para equilibrar las fuerzas, Esmeralda ocupó el mismo cargo, pero en representación del partido Liberal. A pesar de sus múltiples desaciertos, Rojas Pinilla apoyaba la idea de permitir que las mujeres votaran.

El 25 de agosto de 1954, María Teresa se quedó pegada a la radio en Cali escuchando el debate que se desarrollaba en el Capitolio. Un sector retrógrado del Partido Conservador intentó tumbar la reforma argumentando que las mujeres perderían su feminidad si participaban en las votaciones. Sin embargo, esos opositores eran minoría frente a quienes apoyaban la propuesta.

Cuando comenzó la votación, los detractores del voto femenino se vieron acorralados. Intentaron entorpecer la aprobación abandonando la asamblea para que no hubiera cuórum. Al final, veinte se retiraron y sesenta permanecieron en sus curules, justo el número mínimo necesario para tomar una decisión. El resultado fue contundente: sesenta votos a favor y ninguno en contra.

María Teresa recuerda que, al escuchar la noticia, sintió que le faltaba el aire. Sus padres y su esposo la abrazaron. No podían creer que, después de tantos años de lucha, las mujeres finalmente hubieran conquistado el derecho al voto.

Poco tiempo después, Esmeralda se convirtió en opositora del gobierno de Rojas Pinilla. Por esa razón fue destituida de la Asamblea y comenzó a ser hostigada hasta el punto de verse obligada a exiliarse en Boston. Aunque María Teresa se quedó sin su mentora, no abandonó la lucha.

 - Una caleña rebelde es la última sobreviviente de las que lucharon por el derecho de las mujeres a votar en Colombia - Una caleña rebelde es la última sobreviviente de las que lucharon por el derecho de las mujeres a votar en ColombiaEn 2020 Claudia López colgó un cuadro en honor a las sufragistas en el Palacio Lievano.

En 1957, Esmeralda regresó para apoyar la caída de la dictadura de Rojas. El proyecto se llamó Frente Nacional y estuvo liderado por Laureano Gómez y Alberto Lleras. Consistió en un acuerdo para alternarse el poder entre liberales y conservadores durante dieciséis años. Esmeralda convocó a las mujeres para que votaran en el plebiscito, y fue calificada como el primer político con falda por la prensa de la época.

El 1 de diciembre de 1957 el país era una fiesta. A las cuatro de la mañana, María Teresa ya estaba en pie porque la ansiedad y la felicidad por participar por primera vez en unas votaciones no la habían dejado dormir. Tenía claro que iba a votar por el “Sí”. Despertó a sus padres y a su esposo. Los cuatro se alistaron y llegaron a las urnas una hora antes de que se abrieran.

A María Teresa todavía le sudan las manos cuando recuerda ese día. El acuerdo apaciguó la violencia partidista, pero dio paso a nuevas problemáticas. La lucha feminista siguió intentando desmontar el patriarcado de las entrañas de la política. Con gran dificultad ocuparon cargos públicos con el paso de los años. Como fue el caso de Josefina Valencia que fue la primera gobernadora de Colombia en el departamento del Cauca. Territorio que años después su descendiente Paloma Valencia, propuso que se dividiera entre indigenas y el resto de la población.

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El 16 de abril de 1997, Esmeralda falleció. María Teresa sintió que una parte de sí misma también murió ese día. Aún recuerda a su mentora y amiga, y mientras espera volverse a encontrar con ella, María Teresa Arizabaleta se da el lujo de poder decir que es la única de las sufragistas que sigue viva y votando.

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