Reencontrándose con la Libertad: La Resiliencia de Ángel Godoy Tras la Cárcel
El ingeniero y periodista Ángel Godoy reconoce que, más allá de las torturas que sufrió y que todavía le pesan en la psique y el cuerpo, lo “quebraron” al separarlo de su familia. Tras un año y seis meses, salió de la cárcel dispuesto a ayudar, aferrado a Dios y pidiendo superar “cualquier atisbo de odio”
‘Dios contigo, Dios con nosotros, sácanos de aquí’. La frase que le dijo Luis Malavé al ingeniero Ángel Godoy cuando se enteraron de su excarcelación no ha dejado de retumbarle en la cabeza. Es su motor de lucha desde el pasado 14 de enero, cuando cruzó las puertas de la cárcel de Yare II para reencontrarse con su esposa Adriana y su hijo Miguel Ángel, sus vecinos, con otros ex presos políticos con quienes compartió durante el año y seis días que estuvo tras las rejas.
Ahora, Godoy busca recomponer el tiempo en prisión ayudando. No solo en casa, sino apoyando las protestas de familiares de presos políticos, recogiendo insumos para llevar a la cárcel, retomando su trabajo como especialista en seguridad de datos y periodista del portal web Punto de Corte.
También compagina ese tiempo buscando ayuda para sí mismo. Las secuelas del encierro y las torturas, de las que prefiere no hablar en detalle pero que se extendieron durante tres días, lo han llevado a consultar una psicóloga debido a la ansiedad y falta de sueño que ha sufrido, además de las visitas a otros especialistas por los continuos dolores que padece en su espalda.
“Reajustarse tras la cárcel” forma parte de una serie de entrevistas a personas detenidas por razones políticas en Venezuela, que recoge sus vivencias y cómo se reencuentran con su vida cotidiana tras meses o años en prisión. Esta es la historia de Ángel Godoy.
“Todos Godoy, te los estamos violando todos”
El ingeniero fue apresado el 8 de enero de 2025 en su urbanización en Los Teques (estado Miranda) por funcionarios encapuchados, pero que reconoció como del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) por su forma de manejarse. Desde ese momento hasta su excarcelación pasó por cinco lugares: La base territorial “La Macarena”, una base territorial en Maiquetía, frente a rampa 4 del aeropuerto internacional de Maiquetía conocido como La Playa, un sitio que presume es “La Tumba”, El Helicoide y la cárcel de Yare II.
Desde el momento de su detención arbitraria recuerda decir que no cometió ningún delito, que quizás se habían equivocado de persona, increpar a los funcionarios porque ellos sí estaban violando sus derechos. En La Playa, donde pasó 19 días, se lo dejaron claro.
—Yo recuerdo que un día le digo al comisario Becerra. ‘Comisario, ¿será que usted me puede facilitar una Constitución?
—Él me dice, ¿y qué quieres verificar, Godoy? ¿Qué artículos estamos violando? Todos Godoy, te los estamos violando todos.
Se lo reafirmaron cuando de La Playa lo trasladó una comisión del Sebin que, a mitad de camino, lo encapuchó “por su seguridad y la nuestra” y lo llevaron a un lugar donde fue torturado. De eso prefiere no hablar, se quiebra, sigue procesando lo que pasó.
“Hubo interrogatorios, antes de que ocurrieran cosas me sentaron con un tipo barbudo, gordo… Me decía ¿dónde está María Corina? Yo le dije que no sabía, si ellos tenían un trato, su jefe tenía un trato con ella y la escoltan, yo no tengo cómo incidir en eso, Pregúntale a tu jefe. Me dice, es que tu te la das de gracioso. Desenfunda un arma y me la pone en la cabeza. Me dice ‘lo que me provoca es meterte un tiro en la cabeza’. La combinación de miedo, el sentimiento de impotencia. Lo que se me ocurrió decirle fue que si yo creo que estoy donde creo que estoy, si me metes un tiro me haces un favor porque yo creo que de aquí no voy a salir más”, recuerda.
Ángel Godoy pasó casi 10 meses en manos de funcionarios del Sebin, acusado de delitos como terrorismo e incitación al odio.
Luego de esos tres días lo llevaron al Helicoide, donde también lo interrogaron varias veces por unas presuntas armas. Ahí lo reseñaron por primera vez y elaboraron un acta, donde se mencionan unas armas e incluso que había sido detenido ese mismo día de su traslado a ese lugar. Ahí lo metieron en una celda aislado del resto de los detenidos por algunos días, fue presentado en una audiencia telemática sin conocer a su abogado defensor, pasó a conocer a otros presos políticos como él, pasó 96 días incomunicado de su esposa e hijo.
“A la final la tortura más dura, lo que realmente te afecta es la separación familiar. En lo personal, es lo que considero que más me afectó porque nosotros estamos acostumbrados a estar siempre juntos, eso me afectó muchísimo, fue lo que realmente me quebró. Lo demás es circunstancial, pero si ellos querían hacerme daño real, lo lograron. Separarme de mi familia, lo lograron, me quebraron. Pero en lo sucesivo me llené de fuerza. Trabajé el tema espiritual, conocí a muchísima gente que me ayudó”, reconoce.

Uno de los mensajes que todavía conservan Ángel Godoy y su esposa Adriana Briceño, junto a la boleta de excarcelación.
Si el Helicoide fue incomunicación, Godoy define a la cárcel de Yare II como “saña”. A esa prisión fue trasladado el 14 de octubre de 2025, día de su aniversario de bodas. “Adviertes la realidad de un ministerio que olvidó su principal objetivo, que es el mantenimiento de ese sistema y sobre todo del tema humano”.
—Aquí tú eres un preso más, eres un huevón más, le recibió uno de los directores.
Fue a parar a un tigrito, un espacio de “adaptación” y castigo a los detenidos. “Es lo peor que puede vivir un ser humano, ahí no tienes colchón, no tienes absolutamente nada. Solo tienes una letrina. Es muy oscuro, muy lúgubre, con muchísimo calor. Ves a los gusanos salir de la letrina, convives con los gusanos”.
Cuando salió del lugar empezó una convivencia distinta bajo el régimen militar: pararse a las 5:00 de la mañana a cantar el número, más tarde pasar los recipientes plásticos donde recibirían “una comida inhumana”, y entregar la basura. Leer, conversar con otros presos de su mismo módulo, jugar ajedrez o cartas para matar el tiempo. Así fue hasta su libertad.
Presos afuera y adentro
Si bien el sistema está creado para que los presos políticos se sientan solos, dice Ángel Godoy, había una “solidaridad automática” entre todos los detenidos. La realidad, apunta también, es que la represión impone esa misma prisión a familiares y carceleros por igual.
“Los familiares también viven una situación inhumana. Ellos tienen a sus familiares presos, pero ellos también están presos en las puertas de los centros penitenciarios. Hay una obligación histórica y moral que te obliga a hacer algo… Lo que se ve afuera es terrible también”, expone.
A los funcionarios que le brindaron algún apoyo le decían que si un superior se enteraba, “capaz y el día de mañana estoy ahí con usted. Es una siembra de miedo a los cuerpos de seguridad del Estado que asumo debe ser de arriba hacia abajo”.
Algunos custodios les decían “nosotros también estamos ligando que esto termine porque nosotros estamos presos aquí con ustedes. Esa es la gran verdad.”
Godoy también cuestiona cómo puede el Estado saldar la deuda que tiene consigo y su familia, cómo él mismo puede entender todo lo vivido en prisión. “¿Cómo digerir todo lo que me pasó? Todo el daño que me hicieron ¿Cómo cuantificarlo? ¿Cómo saber cuánto vale ese daño? El daño que le hicieron a mi esposa, el daño que le hicieron a Miguel Ángel, el daño que nos hicieron como familia porque parece ser que la idea hubiese sido querer destruir el núcleo familiar. Les informo, no pudieron ni van a poder porque hay suficiente fe, suficiente valor.”
Con la libertad no se juega en la cárcel
Ese día de la libertad coincidió con una visita conyugal. Adriana sabía que era un día distinto. Mientras estaba en misa, recibió una llamada que no pudo contestar a tiempo. Su hermana también. Al ver la insistencia y que era de la cárcel, decidieron salir de inmediato de la iglesia, bajo la mirada de confusión del sacerdote y la curiosidad de los feligreses.
Se encaminaron a Yare con un bolso e hicieron fila. Tras unas cuantas horas de cola pudo ingresar y enseguida fue llamada por uno de los directores. Pensó que había sucedido algo dentro de la cárcel, hasta que le anunciaron que “se lo puede llevar”.
Desde adentro, Ángel recuerda que primero llamaron a Omario Castellanos, un joven reportero del estado Lara que estaba preso junto a su hermano en el mismo módulo y letra. “Nosotros no le conocíamos pareja porque apenas tenía dos meses (en Yare). Además su hermano estaba preso. Ese día, ya estamos conscientes de que su mamá estaba presa, su papá vive muy lejos, cuando dicen ‘Omario Castellanos, libertad’.”
La algarabía de los reclusos fue contagiosa. Ángel estaba deambulando entre el “casino”, un área de descanso, y su propia celda.
“Comienzan a llamar a fulano, zutano, aquello era un desorden. Pero en una de esas dicen ‘Ángel Godoy’, en ese momento pensé ‘Llegó Adriana’, pero el custodio tiene un listado en la mano y dice ‘Ángel Godoy, libertad’. Con esa palabra en la cárcel no se juega. Aquello fue un reventón, un fragor, una locura. Cuando me paro que voy caminando me encontraba con un mar de rostros que me iban diciendo cosas, me agarraban y siempre recuerdo a Jesús Castillo, es un merideño muy bajito y me agarraba por la pechera y me decía ‘te vas en libertad, tú eres el que nos vas a sacar de aquí’, y me lo decía con un fragor”, expresa.

Con boleta de excarcelación en mano, ahora espera por la decisión de amnistía que ya introdujo en tribunales.
El custodio le dijo ‘recoge tus cosas que te vas’. Pero Ángel en su incredulidad no creyó y siguió avanzando por el pasillo. Ya en la entrada, en “La Fosa”, uno de los directores de la cárcel le ratificó que se iba de Yare.
—Le dije que no me podía ir todavía, yo tengo que buscar unas cosas importantes, recuerda.
—¿Qué vas a estar buscando chamo, te vas pa’ tu casa, le respondió.
—No, yo tengo que buscar unas cosas importantes. Yo soy delicado con dos cosas, con mis libros y con mi familia.
—Bueno, lleven al cerebrito de nuevo para que busque sus libros.
Cuando regresó al módulo, ya el resto de los presos políticos le tenían en una bolsa plástica sus libros. “Nosotros sabíamos que los ibas a buscar. No olvido el momento en que viene Luis Malavé y me dice ‘Dios contigo, Dios con nosotros, sácanos de aquí’ es lo que me dijo. Uno empieza a pensar tantas cosas y después que voy saliendo, eso se que me quedó aquí (en la cabeza). Sácanos de aquí. Ahí se estableció un compromiso moral, ético, con todo lo que está ocurriendo”, dice Ángel.
El reajuste para Ángel Godoy
“Es que Ángel no ha parado”, dice su esposa Adriana sobre esa reorganización dentro de casa tras la cárcel.
Lo reconoce él mismo. “No he parado porque aquel sácanos de aquí de Luis Malavé, me levanto con eso todos los días. Yo no tengo cómo sacarlos. Ojalá yo tuviera el poder para sacarlos, si yo tuviera el poder ninguno estuviera (en prisión), de hecho si yo tuviera el poder esto que estamos viviendo en los últimos 26 años no ocurriera”.
Con ese mandato en mente se levanta todos los días para llamar a diputados como Antonio Ecarri, a su jefe Nicmer Evans y cualquier otra persona que pueda contribuir con la libertad de los que aún permanecen detenidos –526 al 2 de marzo según el Foro Penal– y el apoyo a los familiares.
“Cada vez que va saliendo uno se va sumando a la gesta del apoyo, de la solidaridad, a la gesta del acompañamiento, incluso para darles la seguridad de que alcen la voz… Se ha reunido con algunos familiares para darles un mensaje porque dice ‘si no lo hago no soy yo’”, dice Adriana.
Comenta que no han logrado del todo ese “proceso de adaptación” dentro de casa debido a las rutinas “rigurosas” que adoptó Ángel dentro de la cárcel. “Cuando llegó casi que me quería tumbar la cocina y volverla a hacer, limpiaba la campana, limpiaba el baño, haciendo mil cosas como queriendo ayudar un poco más”.
Entiende que su esposo está “deseoso de hacer muchas cosas” por el compromiso con sus amigos, aunque también no quieren dar “excusas” para que sea encarcelado nuevamente.

Ángel Godoy espera compaginar su trabajo como ingeniero y periodista con un emprendimiento junto a su esposa.
Para Ángel, regresar al trabajo “ha sido un tema” porque debe hacerlo con “mayor cuidado”.
“Ha sido un proceso que si bien me ha hecho mucho bien, también ha sido difícil porque no solo escribo para Punto de Corte sino que hago otras cosas. Soy especialista en seguridad de datos, atiendo varios clientes. Bueno, atendía porque parece que tuvieran miedo de llamar a Ángel Godoy.”
“De equis cantidad de clientes que podía tener, hoy no tengo uno solo y yo los comprendo y no los condeno porque uno puede entender el tema del miedo. Fueron 26, 27 años de esa siembra del miedo, del desasosiego, del terror”, dice.
También reconoce que gestionar las secuelas psicológicas ha sido “de las cosas más complejas… Yo escucho un timbre y me lleno de ira, o escucho un candado, eso creó algo en mí”. Pero agradece al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa por ayudarle a conseguir esa ayuda que lo ha ayudado a canalizar esas “tormentas” internas.
“Vienen recuerdos, muchos sueños. No paro de soñar cosas terribles, cosas que viví, cosas que ví además, de las que fui testigo. Esas cosas vienen recurrentemente a la mente y es muy doloroso. A veces me paro de madrugada, sin son ni ton, y recuperar el sueño es difícil, pero con la ayuda primeramente de Dios, de mi familia y con ayuda psicológica uno va superando eso, porque el daño fue inconmensurable”, afirma.
Sin embargo, dice que no se va “a quedar atrás” y ya maneja iniciar un emprendimiento bajo la venta de quesos y lácteos para poder suplir su hogar junto a su esposa. “Como decíamos en estos días, hay bastante barrio en esta sangre para salir adelante sin tener que andar lloriqueando a nadie. Mucho pundonor y mucha hidalguía”.
Avanzar sin odios
Ángel Godoy sabe que perdió un poco de fe mientras estuvo desaparecido, lejos de su familia, preguntándose dónde estaba Dios al sentirse tan solo. Pero sus compañeros en el Helicoide, en Yare II, lo sostuvieron con consejos, palabras de aliento, con oración constante, con mayor fe. Es lo que muestra sin tapujos con un rosario que cuelga en su cuello, en la sala de su casa donde reposa una Virgen de Coromoto con un papel: “Que sean todos”.
Cuando uno pasa por tantas cosas, dice, “es muy fácil llenarse de odios, de llenarse de rencor, de todo ese sentimiento humano que no alimenta para nada al futuro. Mi mensaje es que superemos cualquier atisbo de odio, de rencores, de incomodidades, y avancemos sobre la base de olvidar todo eso y colocarle a la acción que vayamos a desarrollar más amor, pero el amor bien entendido, el amor por las cosas que de verdad quieres hacer, que te nazcan del corazón, y que olvidemos todo aquello que no nos suma.”
Pide comprender que el odio sostiene y permite el horror. “Avancemos desde el corazón y siempre acompañados de la figura de Dios, de ese Dios que nos permitió ver la luz de la libertad nuevamente. Yo no quiero más nunca un país de gente que se odie y actúe con antivalores. Es la hora de la familia, del venezolano, la hora del país.”



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