Siendo que Venezuela se mantiene rezagada por las dinámicas autoritarias (ausencia de empleo, desconexión de un proyecto de vida estable, pérdida de capacidad de ahorro, migración forzada, reinvención o destrucción de profesiones, apartheid político y segregación financiera), no existe un solo venezolano que no haya padecido esta serie de condiciones diseñadas ex profeso para el control y la obediencia. Además, pareciera que el país político siempre se las ingenia para darle una patada nueva a la sociedad, para que muchos dejen su tierra, su familia y sus sueños.
Así las cosas, hagamos un dibujo libre con un plan esencial distribuido en áreas sensibles (políticas, tácticas, estratégicas, económicas, sanitarias, sociales y educativas). Las organizamos, luego del sacudón físico y emocional, en forma secuencial aproximada para una mejor pedagogía. Estas son: respuesta inmediata (días), estabilización (semanas) y recuperación (meses/años).
¿Qué hubiese sido lo procedente en términos de darle respuesta a la crisis natural? Algunas acciones ya las vimos; otras se supone que han pasado o están sucediendo; otras, posiblemente, ni las veamos o imaginemos. Unas dependen del protectorado de EE. UU.; otras, supuestamente, obedecen a la dirección desde el Ejecutivo y demás órganos del Estado.
Declarar un Estado de Emergencia Nacional, crear y activar un Comité de Crisis Multisectorial con mando único claro (coordinación entre gobierno central, regional y local). Lo más natural hubiese sido designar a un «Zar de la Reconstrucción» con poderes ejecutivos temporales.
Desplegar equipos de búsqueda y rescate (USAR), junto con hospitales de campaña y triage masivo. Priorizar la atención a heridos, la prevención de infecciones y el abastecimiento de agua potable y medicamentos esenciales.
Implementar vigilancia epidemiológica inmediata para prevenir brotes de enfermedades diarreicas, respiratorias y tétanos. Distribuir kits de higiene y cloro para la purificación de agua.
Establecer un Centro de Operaciones de Emergencia (COE) operativo las 24 horas, los 7 días de la semana, con mapas en tiempo real de los daños, utilizando drones y comunicaciones satelitales.
Crear albergues temporales seguros con separación por familias, atención a grupos vulnerables (niños, ancianos y personas con discapacidad) y protocolos contra la violencia de género, el abuso y la explotación sexual.
Activar un Fondo de Emergencia Nacional (con recursos reasignados y donaciones internacionales) y suspender temporalmente el pago de impuestos y créditos hipotecarios para los damnificados.
Implementar vouchers o transferencias directas en efectivo (cash transfer) a las familias damnificadas para que compren bienes básicos y reactiven la economía local, mediante la emisión de tarjetas creadas específicamente para quienes perdieron todas sus posesiones, incluidos sus documentos de identidad.
Coordinar con organismos internacionales (ONU, Cruz Roja y Banco Mundial) para obtener ayuda rápida y transparente. Publicar un dashboard público de ingresos y gastos en tiempo real para combatir la corrupción, el robo de insumos y su posterior reventa en el mercado.
Abrir escuelas temporales en carpas o módulos seguros lo antes posible, combinando educación básica con apoyo psicológico y detección temprana de traumas en niños.
Iniciar campañas masivas de vacunación y atención en salud mental (equipos de psicólogos en los albergues). Monitorear la salud de rescatistas y voluntarios para evitar el síndrome del burnout.
Diseñar un Plan Maestro de Reconstrucción con enfoque de Build Back Better (reconstruir de forma más segura, eficiente y resiliente), aprobado por una asamblea constituyente o extraordinaria, con supervisión de los rescatistas internacionales y una nueva y repotenciada Protección Civil.
Crear un programa de subsidios y créditos blandos para micro, pequeñas y medianas empresas afectadas, priorizando sectores clave como construcción, agricultura y turísmo.
Establecer zonas económicas especiales temporales con incentivos fiscales para atraer inversión privada destinada a la reconstrucción de infraestructura crítica (puentes, hospitales y escuelas).
Implementar un nuevo currículo enfocado en la «Educación para la Resiliencia» en las escuelas: simulacros, primeros auxilios, preparación sísmica y valores de solidaridad comunitaria.
Fomentar comités vecinales de reconstrucción con participación ciudadana real para priorizar obras y resolver conflictos locales de forma pacífica.
Reformar la legislación sobre ordenamiento territorial y normas antisísmicas, fortaleciendo su obligatoriedad y fiscalización, con sanciones reales para los incumplidores y su correspondiente juzgamiento penal.
Crear un Fondo Nacional de Mitigación de Riesgos, alimentado con un porcentaje fijo del presupuesto anual y seguros obligatorios, para responder a futuras emergencias.
Fortalecer el sistema de salud pública mediante hospitales modulares antisísmicos y redes de telemedicina en zonas de alto riesgo.
Desarrollar una campaña nacional de cultura de prevención sísmica a través de medios, redes sociales e influencers, junto con programas escolares obligatorios de preparación familiar.
Llevar adelante una evaluación independiente externa (auditoría internacional) de toda la respuesta y publicar un informe completo con las lecciones aprendidas, rindiendo cuentas públicas para fortalecer la confianza institucional.
Transparencia: toda contratación pública debe realizarse mediante licitación electrónica abierta y con supervisión ciudadana.
Coordinación: utilizar un único sistema digital de registro de damnificados para evitar duplicidades y fraudes.
Sostenibilidad: integrar criterios ambientales y de cambio climático en la reconstrucción (energía renovable, agua y gestion de residuos).
Evaluación: definir indicadores KPI claros (viviendas reconstruidas, niños escolarizados, casos de enfermedades y reactivación económica), con reportes mensuales.
Este texto es lo más cercano a un papel de trabajo flexible y adaptable, según se vayan conociendo los efectos y daños del terremoto, los recursos disponibles y el contexto social que la indolencia e inoperancia producen sobre las bases de credibilidad del sistema de actores políticos. La clave del éxito de todo plan de reconstrucción radica en la coordinación rápida, la transparencia y la participación ciudadana.
Explicando el pasado todos somos unos geniuses; viviendo el presente es cuando realmente se prueba el material del que está hecho el liderazgo, a todo nivel. Un reacomodo político frente a imponderables y golpes de la naturaleza constituye la primera parte de la prueba de fuego sobre la sostenibilidad —o no— de un esquema de poder y organización nacional enfocado solamente en su propia supervivencia.
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