La sismóloga Angie Lux, experta del Berkeley Seismology Lab y co-diseñadora del sistema de alertas sísmicas de Google que sorprendió a los venezolanos el pasado 24 de junio, propone el uso de sensores de bajo costo como alternativa viable ante la carencia de infraestructura preventiva en el país. La científica de Stanford advierte que, en un país sísmicamente activo, urge educar a la población en el uso de una tecnología donde cada segundo cuenta.
Angie Lux es sismóloga del Berkeley Seismology Lab de la Universidad de California (EEUU), uno de los centros de monitorización sísmica más antiguos del mundo. Forma parte del equipo que diseñó el sistema de alerta que decenas de venezolanos vieron activar en sus celulares el 24 de junio, segundos antes de que se sintiera el doble terremoto que enlutó al país.
“No es una predicción, es un sistema que detecta terremotos muy rápidamente, avisa a las personas de que el movimiento ha comenzado y que sentirán el temblor”, explica Lux a TalCual. Es ciencia. Y en un país sin preparación ni cultura antisísmica como Venezuela, pudo haber sido clave para evitar un mayor número de víctimas fatales.
La tarde del 24 de junio, a Susana el celular le comenzó a emitir un fuerte pitido cuando estaba estudiando sobre la mesa de vidrio del comedor de su casa a las afueras de Caracas. “Se puso una alerta que me quitó todo del teléfono. Me salió una advertencia alrededor de Curazao y, como estaba tan lejos, pensé que sería un temblorcito lo que sentiríamos”, rememora.
Ella se apartó de la mesa y avisó: “¡Mamá, hay un terremoto por Curazao, quizás lo vamos a sentir! ¡Pendiente!”, recuerda que alcanzó a decir antes de sentir el sismo. “Fueron unos segundos de diferencia, pero en mi caso lo bueno fue que no me sorprendió. Eso me hizo entrar con más calma a lo que estaba sucediendo”.
Alerta Sísmica de Google
Más de 2.500 millones de personas en todo el mundo pueden recibir hoy este tipo de alarmas a través de sus teléfonos Android, gracias a una alianza que firmó en 2020 el Berkeley Seismology Lab con Google. “Se basa en la aplicación MyShake, que fue desarrollada en el laboratorio. En este caso, se utilizan los acelerómetros de los teléfonos en lugar de los sismómetros tradicionales para detectar terremotos”, detalla Lux.
Estos “acelerómetros” son los responsables de que la pantalla de tu teléfono rote cuando lo pones en horizontal para ver un video, replique los movimientos de un volante cuando conduces en un videojuego o, incluso, cuente tus pasos a través del podómetro. Se trata de un sensor incluido en el celular que mide aceleración y gravedad.
Así se crea un trabajo colectivo donde nuestro teléfono es parte de este ejército, aunque nosotros mismos no lo supiéramos. “Todos los smartphones pueden detectar vibraciones, lo que indica que podría estar ocurriendo un terremoto. Si el teléfono detecta algo que cree que puede ser un sismo, envía una señal a nuestro servidor de detección de movimientos telúricos, junto con una ubicación aproximada de dónde ocurrió el temblor. Luego, el servidor combina la información de muchos teléfonos para determinar si está ocurriendo un sismo”, explica Google.
Una muestra del éxito de este sistema es el caso del terremoto de Venezuela. “Demuestra que la tecnología funciona. Si bien no puede asegurar la precisión de las estimaciones de magnitud o ubicación, el sistema Android detectó el terremoto mediante teléfonos cercanos al epicentro. Esto alertó a las personas más alejadas con suficiente antelación para que pudieran tomar medidas de protección”, explica Lux.
De acuerdo con el balance oficial de Google, solo en 2025 detectaron más de 11.000 terremotos en todo el mundo gracias a los teléfonos Android, con magnitudes que oscilan entre el 1.9 y 7.8. Aunque solo fue en 1.279 casos –cuando la fuerza del movimiento fue superior a 4.5– que el sistema emitió alerta a los usuarios: aproximadamente 60 terremotos al mes.
El sistema de alerta antisísmica viene activado por defecto en los teléfonos actualizados de Android. No hace falta descargar ninguna aplicación especial. Lo importante es tener una conexión de internet eficiente y la geolocalización del teléfono en funcionamiento porque Google necesita saber si estás dentro de la zona de riesgo.
Tras el sismo de magnitud 8.8 en Chile el 27 de junio de 2010 –que dejó más de 500 personas fallecidas– se instaló en ese país la Red Quake-Catcher (atrapa terremotos), donde participó Lux: “utilizaba acelerómetros MEMS (sensores microelectromecánicos) y computadoras de voluntarios para registrar los movimientos sísmicos. Empleé los datos para explorar las capacidades de detección rápida de terremotos de la red. La resolución de los sensores en ese momento era demasiado baja para calcular una buena respuesta, pero la tecnología demostró ser prometedora”.
Tres lustros después de este evento –y de la alianza en 2020 con Google para la inclusión del sistema de alerta antisísmica en los Android– se ha robustecido el sistema. “La tecnología me parece fascinante y siempre me ha gustdo la idea de poder proporcionar alertas tempranas de terremotos a países que no pueden mantener una red sísmica tradicional”, dice Lux.
Es el caso de Venezuela, donde incluso Funvisis admitió a inicios de julio que desconocía que había “desaparecido” un sensor de medición sísmico que se instaló en 2013 entre los estados Carabobo y Yaracuy para monitorear la falla de Boconó.
“Los sensores MEMS ciertamente podrían ser una solución viable en Venezuela y otros países. No puedo estimar la inversión sin una investigación significativa, pero ciertamente sería menos costoso que una red sísmica tradicional”, dice a TalCual Lux, quien cuenta con un doctorado en Geofísica de la Universidad de Stanford (EEUU).
La científica del Berkeley Seismology Lab detalla que estos sensores tienen un costo que oscila entre los 30 y 50 dólares cada uno, mucho menos costoso que un sismómetro tradicional que puede costar miles de dólares. “Aunque la calidad de los sensores MEMS es mucho menor que la de los sismómetros tradicionales, mediante el uso de numerosos sensores de bajo costo es posible detectar terremotos”.
En el caso de la experiencia chilena, los sensores MEMS se instalaron directamente en la base de algunos edificios. También en hogares de voluntarios, comisarías de policía, centros de salud y escuelas. Todos deben ser espacios que garantizen el acceso a una conexión de internet fija.
“Venezuela es una zona muy activa sísmicamente. Aunque puede haber períodos tranquilos en los que hay pocos terremotos, siempre existe la posibilidad de que se produzca un gran terremoto, y la gente debe prepararse para ello”, advierte Lux.
La sismóloga espera que su trabajo tenga “un impacto directo en las personas y que, con suerte, marque una diferencia positiva”. Pide aprovechar este momento en el país para resaltar la importancia de educar sobre los movimientos telúricos: “Muchas personas que recibieron la alerta de terremoto de Android no sabían qué era ni si debían confiar en ella”.
¿Con cuánto tiempo antes nos podrá avisar en el futuro la ciencia sísmica que se producirá un terremoto? “El tiempo de procesamiento del sistema ShakeAlert, en el que trabajo y que utiliza sismómetros tradicionales, es muy corto hoy, por lo que no preveo aumentos significativos en el tiempo de aviso que reciben las personas”, admite Lux.
Eso sí, la científica deja una advertencia: “Cuantos más sismómetros (o teléfonos) tengamos cerca de las fallas, más rápido podremos detectar terremotos”. Y los venezolanos aprendimos el pasado 24 de junio –de la peor manera– que cada segundo cuenta.
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