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Refugios para damnificados bajo vigilancia del Sebin: Seguridad y restricciones en tiempos de crisis tras el terremoto

El acceso y funcionamiento de varios refugios para damnificados habilitados tras el doble terremoto que sacudió al país está regulado por organismos policiales y de inteligencia. Los responsables aseguran que las restricciones buscan proteger a las familias y mantener el orden. Una refugiada dice que adentro el centro también está vigilado con cámaras de seguridad

Fotos: Luna Perdomo

Las puertas de los refugios habilitados tras el doble terremoto que afectó el país el pasado 24 de junio, y que golpeó gravemente a La Guaira, están fuertemente custodiados por diversos grupos policiales. Algunas de las escuelas acondicionadas para recibir a familias afectadas están rodeadas por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), Guardia Nacional (GN) y otros cuerpos como la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y PoliSucre, que son quienes controlan los accesos, restringen el paso, en especial a la prensa, y limitan el contacto con quienes perdieron sus viviendas.

Durante un recorrido realizado por TalCual por varios refugios, llamados por las autoridades «campamentos transitorios», en distintas zonas de Caracas, solo fue posible ingresar a la Escuela Gran Colombia, ubicada en El Cementerio, uno de los principales centros de atención tras la emergencia. En el resto, la respuesta siempre fue la misma: no está permitido el ingreso de periodistas ni se pueden tomar fotografias.

En el campamento ubicado en El Coliseo de La Urbina, un funcionario de PoliSucre informó que en el lugar habían recibido a 110 personas afectadas y dijo que a ese espacio llevaban casos considerados de emergencia, pero no ofreció detalles de cuáles serían. Ante la solicitud de ingresar, respondió que la orden era impedir el acceso a cualquier medio: «Ni VTV pasa», afirmó.

*El Sebin también custodia las inmediaciones de la Escuela Mariano Picón Salas, en Petare.

El día que este medio visitó el lugar, a la institución ingresaban recreadores para niños, terapeutas, equipos de trabajo de altos funcionarios como ministros, de Delcy Rodríguez y del diputado Jorge Rodríguez: ese día habría una actividad gubernamental.

La escena se repetía en la Escuela Técnica Industrial Leonardo Infante, ubicada en Campo Rico: funcionarios del Sebin y de la Dgcim custodiaban las inmediaciones y tampoco permitieron el ingreso de la prensa, ni siquiera se pudo fotografiar carteles pegados en las paredes con personas desaparecidas puestos cerca del refugio. Tras la reja principal apenas se alcanzaba a ver un punto de atención médica.

La presencia de organismos de seguridad no se limita a los refugios o sus inmediaciones. Este medio pudo constatar que por toda la ciudad han desplegado nuevos puntos de control del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, lo que se traduce en un despliegue policial más visible previo al doble terremoto, con funcionarios armados y, en algunos casos, encapuchados.

«Aquí nadie está preso»

El único refugio al que TalCual pudo ingresar fue el instalado en la Escuela Gran Colombia, resguardado por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional.

Este plantel que se activó inmediatamente tras el doblete sísmico como centro de acopio para recibir donaciones, alberga actualmente a 860 personas que quedaron sin vivienda en La Guaira, 83 de estas pertenecen a la etnia Wayúu que vivían en Los Corales. Su capacidad es para 1.200. Siete edificaciones conforman el complejo educativo y cuatro de estos están acondicionados con refugiados.

Este centro está bien abastecido y una de las coordinadoras llamada Yinet Madrid afirmó que desde allí envían insumos a otros centros.

Madrid defendió las restricciones a los refugios y explica que a los damnificados no se le permiten las visitas para «evitar el desorden y proteger a los niños y adultos». Añade que tampoco se autorizan fotografías por el riesgo que supone que después circulen en redes sociales.

«Aquí nadie está preso, pero aquí hay normas», aseveró.

La coordinadora sostuvo que los refugiados pueden salir a trabajar y dijo que deben regresar al espacio en los horarios establecidos: «No se puede permitir que lleguen tarde porque estaban parrandeando», manifestó.

Dentro de esta institución, buscan que la rutina de los afectados se parezca a la normalidad: en la cancha, adultos y niños jugaban baloncesto, mientras otros conversaban sentados en el piso y otros leían. Algunos adultos cargaba bolsas con ropa o cajas de un lado a otro.

En la Gran Colombia, los salones están acondicionados con literas, ventiladores, sábanas y almohadas. Madrid explicó que tratan de mantener los grupos familiares unidos y que una de ellas, formada por 45 personas, fue ubicada en salones contiguos.

Una mujer alojada en la Escuela Mariano Picón Salas, damnificada de La Guaira, describió una dinámica similar. Dijo que les dan desayuno, almuerzo y cena y que a los infantes les organizan actividades recreativas, contó que les entregaron pelotas y otros juguetes.

Fotos obtenidas por TalCaual del refugio de la Escuela Picón Salas en Petare

Esta afectada admitió que en su refugio el suministro de agua representa una dificultad y detalló que en un espacio común instalaron un gran televisor, especialmente para ver los partidos del Mundial de Fútbol. También contó que en el espacio «hay muchas cámaras (de segurdad)».

Convivir con el duelo

El personal médico de la Escuela Gran Colombia confesó que más allá de las heridas físicas, el personal médico ha identificado otras emergencias entre los damnificados: el convivir con el duelo de haber pérdido a seres queridos y sus hogares.

David González, coordinador del área médica de la Escuela Gran Colomabia, detalló que los niños llegan con síndromes diarréicos, cuadros febriles, heridas menores y, sobre todo, con afectaciones emocionales. Añadió que en los adultos predominan pacientes hipertensos, condición que aseguró se ha convertido en la principal demanda de medicamentos dentro del refugio.

«Hay muchas personas en shock. La principal afectación es la parte emocional por haber perdido a sus madres, hijos, sobrinos. Son bastantes choques emocionales», admitió.

En este espacio, además de atención médica, se ofrece apoyo psicológico, psicoemocional y psiquiátrico, de acuerdo con la evaluación de cada paciente. González indicó que con los infantes se realizan actividades recreativas para sobrellevar el duelo y agregó que en esa estrategia se suman los adultos mayores, que también son de los más vulnerables tras los terremotos.

Aunque en este refugio sobreabundan las donaciones, tanto en insumos personales como en ropa, zapatos, alimentos no perecederos, agua, entre otros, y afirmaron que las comidas están garantizadas por el Ministerio de Alimentación, el especialista médico reconoció que insumos de mayor uso como vendas, gasas y guantes son los más necesitados.

Mientras los damnificados se adaptan a sus nuevas condiciones de vida, voluntarios organizan los espacios, el Ministerio de la Cultura desarrolla actividades recreativas, el Ministerio de la Juventud distribuye alimentos preparados, se avanza en la instalación de un hospital de campaña colombiano en un lateral del colegio.

Yinet Madrid agradece, en nombre de los afectados, la solidaridad de los venezolanos y de extranjeros: «Mis hermanos de La Guaira nos necesitan. Todo lo que la gente ha donado lo ha hecho con amor. La receptividad del pueblo ha sido muy bonita», afirmó.

Sin embargo, cuando habla de los desaparecidos la voz se le quiebra y los ojos se inundan de lágrimas: «Es muy doloroso ver tanto dolor y no poder hacer nada. Tengo una compañera de trabajo que no aparece: Es como que se la tragó la tierra», dijo.

El llamado de Madrid a los venezolanos es dejar la política fuera de la catástrofe: «Pido sacar la política de esta tragedia. Estamos para ser hermanos. Nos debemos unir más. No podemos seguir peleando».

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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

rpoleoZeta

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