A un mes de las elecciones, 5 encuestas presentaron la fotografía de los electores en la que se perfilan Cepeda, Abelardo y Paloma Valencia. ¿Qué están mostrando?
El periodista Mauricio Vargas se ha convertido en uno de los analistas más prestigiosos y solicitados para foros o incluso reuniones de alto nivel ejecutivo del sector privado, brindando elementos para comprender la realidad política del país.
A un mes de las elecciones de la primera vuelta y tras la entrega de resultados de 5 grandes encuestadoras sobre la campaña presidencial, Vargas, desde París donde reside, explica la fotografía de los electores con el candidato Iván Cepeda liderando y la apuesta para que no haya continuidad con el gobierno de Petro, que está dividida principalmente entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.
En esta conversación con Juan Manuel Ospina, mezcla, con la agudeza de un reportero y analista, datos, intuición y una mirada crítica. Se atreve con hipótesis y conclusiones, como lo suele hacer en sus columnas semanales en El Tiempo.
No llega a confirmar certezas, sino a cuestionarlas: en un escenario marcado por encuestas contradictorias, Vargas advierte que la fotografía del momento está lejos de ser la película final.
Para él, el corazón de esta campaña late en una anomalía: las encuestas ya no dicen lo mismo entre sí y, peor aún, podrían estar midiendo un país distorsionado. Señala dos factores clave: una ley que obliga a sobrerrepresentar zonas apartadas —y que, en su perspectiva, termina favoreciendo al oficialismo— y la existencia de un “voto oculto”, silencioso, que no se declara por miedo o presión. En ese terreno incierto, nombres como Iván Cepeda aparecen liderando, pero con interrogantes sobre la verdadera dimensión de su ventaja.
Vargas dibuja un tablero en el que la segunda vuelta parece casi segura para Cepeda, pero no así su rival. Allí emergen dos figuras que condensan el pulso de la derecha: Abelardo de la Espriella, impulsado por una campaña emocional y disruptiva, y Paloma Valencia, que intenta equilibrar estructura partidista y su ampliación hacia el centro. Entre ambos, dice Vargas, se juega no solo el paso a la segunda vuelta, sino el tipo de oposición que enfrentará al candidato del gobierno.
Pero más allá de los nombres, su tesis es más profunda: la política ya no se gana con argumentos, sino con emociones. En una Colombia donde los partidos han perdido fuerza y el voto se ha vuelto menos predecible, la capacidad de conectar —de movilizar miedo, esperanza o indignación— pesa más que cualquier programa. En esa tensión entre razón y emoción, entre lo visible y lo oculto, Vargas plantea en esta conversación con el analista Juan Manuel Ospina, una advertencia: esta elección no solo está abierta, también podría dar un giro inesperado en las últimas semanas.
Vea aquí completa esta la conversación:
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