Tras seis años del colapso estructural que dio origen a la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV, el tramo del pasillo 5 sigue en el suelo. Su coordinador explica los motivos científicos detrás de la parálisis, detalla el estancamiento del proceso de restauración y confronta las críticas prespuestarias que marcan la relación entre el Ejecutivo y las universidades
El desplome de un tramo del pasillo 5 en el año 2020 fue el catalizador para la creación de la «Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV». Casi seis años después, el área permanece apuntalada y en el suelo. Tras la publicación del reportaje de TalCual, «Seis años de maquillaje oficialista en la UCV no alcanzaron para reparar un techo caído», el ingeniero Francisco Garcés solicitó un derecho a réplica para exponer los argumentos técnicos y presupuestarios que, afirmó, han impedido la reconstrucción definitiva de la obra de Carlos Raúl Villanueva.
Garcés, coordinador de la comisión, señala que la intervención ha estado marcada por hallazgos que obligaron a cambiar la estrategia inicial. «Lamentablemente, estos pasillos no tienen los planos completos», confiesa el funcionario y explica que el equipo ha tenido que recurrir a la «ingeniería inversa» a través del Instituto de Materiales y Modelos Estructurales (IMME) para descifrar la disposición del acero y la resistencia de los materiales originales, una información que no reposaba completa en los archivos universitarios.
Sobre la demora, el vocero detalla que tras el izamiento y estudio de las losas en 2021, se determinó que estas ya no eran competentes bajo los criterios de la Unesco. «Se estableció que los alambres internos de la viga se oxidaron y corroyeron, disminuyendo su sección y capacidad portante», apunta.
El diagnóstico de vulnerabilidad estructural –que podría extenderse a otros tramos– llevó a la Comisión a convocar un concurso internacional en 2022, que pretendía aportar «materiales novedosos y técnicas constructivas» de todo el mundo. No obstante, el proceso se estancó durante dos años y terminó siendo declarado desierto en 2025 al no hallarse una propuesta que satisficiera las condiciones.
El funcionario alega que, ante la emergencia operativa del campus, los esfuerzos iniciales se volcaron en habilitar salones, laboratorios y baños para más de 30.000 estudiantes que regresaban tras la pandemia. La solución definitiva del pasillo para alguno pareció haber sido postergada, en favor de la «capacidad para las labores fundamentales».
Sin embargo, Garcés afirma que el proyecto nunca pasó a segundo plano.
El proyecto, asegura el ingeniero, ha retornado a manos de profesores de la UCV, quienes trabajan en un plan de reforzamiento para los dos kilómetros del sistema que incluya capacidad para resistir eventos sísmicos.
A continuación, presentamos la transcripción de un diálogo que evidencia la distancia entre los tiempos de los procesos técnicos y la urgencia de una comunidad universitaria que, ante la opacidad oficial, cuestiona la efectividad de las obras en la UCV.
La propia admisión de Garcés sobre los fallos en la política informativa de la Comisión arroja luz sobre un problema de fondo: cómo el hermetismo y la falta de datos claros sobre el proceso científico han terminado por profundizar la desconfianza de quienes habitan un espacio patrimonio de la humanidad.
Francisco Garcés explica por qué la Comisión no se limitó a reconstruir el tramo caído y detalla las causas técnicas del desplome, el hallazgo de planos incompletos y el resultado del llamado internacional que no logró concretarse en la UCV.
–Luego de casi seis años, el tramo del pasillo sigue sin levantarse. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo?
— Es cierto, en el año 2020 colapsó este tramo del pasillo número cinco. Es la segunda vez que esta zona de los pasillos techados sufre un colapso; en 1965, muy cerca de aquí, falló uno de los tensores laterales. Después de seis años, hemos realizado un trabajo intenso en toda la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde uno de los temas centrales ha sido precisamente este pasillo.
No es algo que se haya dejado pendiente. Muchos preguntarán: «¿Por qué no hicieron simplemente esa columna, esa viga y los dos techos?». La respuesta es que el estudio de este tipo de estructura es más complejo que solo reponer esas piezas. El sistema de pasillos tiene más de dos kilómetros y ha mostrado ser vulnerable en dos ocasiones. Por lo tanto, se requiere un estudio profundo y no simplemente repetir la pieza, algo que habríamos podido hacer en cualquier momento. El reto es lograr que estos dos kilómetros sean seguros y es ahí donde reside la profundidad de nuestra labor.
–Profesor, cuando ingresaron a la universidad, ¿hubo algún obstáculo con la administración anterior que impidiera el avance de estos estudios? Por otro lado, existiendo planos de estos pasillos en la Casa Ibarra, ¿por qué apelar a un concurso internacional en lugar de acudir a la planoteca y a los especialistas de la UCV?
— Cuando comenzamos el levantamiento del techo hubo muy buena disposición de la profesora Cecilia García Arocha, nos reunimos y trabajamos en conjunto con Copred sin inconvenientes. Sobre la planoteca, lamentablemente estos pasillos no cuentan con los planos completos. Hemos tenido que realizar una «ingeniería inversa» a través del IMME para determinar la ubicación de los cables, la disposición del acero y la resistencia de los materiales. Esa información se tuvo que levantar de cero porque la existente no era completa.
Fuimos a un concurso internacional porque es la forma más transparente de tratar un Patrimonio de la Humanidad. Vale la pena preguntarle al mundo qué propuestas tiene. El intercambio con el mundo científico es algo natural para una estructura de este valor mundial.
–¿Cuál era la estimación del presupuesto en ese momento? ¿Se tiene idea de cuánto costaría el tramo o el reforzamiento de toda la caminería ahora?
— Eso depende de los materiales que usemos y de si se encuentran en el país o deben importarse; es un tema que establecerá el proyecto final. Actualmente estamos en fase de proyectos preliminares e incluso pensamos construir un prototipo que se pueda ensayar y medir, porque lo que hagamos aquí lo replicaremos en el resto de la estructura. La primera parte del estudio consiste en rehabilitar este tramo e ir reforzando los exteriores. Estos pasillos ya fueron objeto de reforzamiento entre 2000 y 2010, por lo que es una necesidad que la universidad ha tenido desde hace tiempo.
–¿En qué estatus ubicaría entonces la recuperación del tramo y de las caminerías de la UCV?
— Las caminerías han sido objeto de diversos trabajos de mantenimiento en impermeabilización, iluminación, drenaje y sonido. Falta la parte estructural final. De hecho, próximamente trabajaremos en la zona para descubrir las fundaciones, ya que no contamos con esos planos. Tenemos que ir directamente a la estructura para conocer el tipo de anclaje y la disposición del sistema, un trabajo que coordinamos con Copred.
–¿Qué le responde en pocas palabras a una persona que pregunte por qué no se ha construido el tramo y cuándo podría estar listo?
— Yo no haría esa pregunta de esa forma porque esos metros cuadrados representan una fracción mínima frente a las más de 200 hectáreas recuperadas. Se han impermeabilizado más de 150.000 metros cuadrados y se han recuperado más de 800 salones, 300 baños y 600 oficinas. Es importante hablar del pasillo número 5 y hay un equipo trabajando en ello, pero también hay que destacar el esfuerzo conjunto para recuperar un patrimonio de la humanidad.
Esto ha avanzado desde el principio con estudios técnicos y de materiales. Actualmente tenemos maquetas en 3D y ensayos. Entiendo que pueda haber premura, pero siempre digo que, aunque falte un pedazo, hay todo un universo recuperado gracias a un análisis científico profesional. Si fuera solo volver a hacer las dos losas y la viga ya lo habríamos hecho, pero debemos seguir los procedimientos internacionales y la vinculación con la Unesco. Tengan plena conciencia de que la comisión y Copred están trabajando para restituir el espacio de la mejor manera posible.
–¿Esa restitución implicaría mantener la estética del pasillo?
— Sí, por supuesto. Se trabaja en función de reproducir los mismos materiales y texturas originales, aunque no necesariamente con el mismo tipo de concreto. El proyecto será presentado por el gobierno nacional a la Unesco, a través de la Cancillería, para que podamos proceder tras su validación.
–Entiendo que tras los estudios infieren que debe rehabilitarse toda la caminería y no solo el tramo. ¿Pero al principio, tras el desplome, se le dio a la comisión alguna estimación de costo?
— Los análisis iniciales de la universidad incluían la demolición y el transporte. Históricamente, la universidad ha interactuado con el Estado para estos trabajos. Yo mismo, siendo estudiante de Ingeniería Civil, vi al Ministerio de Desarrollo Urbano realizar impermeabilizaciones. Es una responsabilidad compartida entre el Estado venezolano, que vela por el monumento histórico nacional, y la universidad, que debe administrar el bien.
El ingeniero Francisco Garcés, en orden de prioridades, permitió que más de 30.000 estudiantes retomaran sus clases, mientras que el pasillo –pese a ser la génesis del proyecto– quedó sujeto a un proceso de análisis científico que, a su juicio, no debe ser medido con la misma vara que el resto de las obras de mantenimiento y colorimetría del patrimonio.
–¿Todavía no hay una aproximación de cuándo podría estar lista la caminería?
— Sería irresponsable dar una fecha exacta. En la medida en que tengamos avances, los iremos mostrando. Quizá ha habido un fallo en explicar a toda la comunidad cuál es el proceso técnico en el que nos encontramos. Incluso debería haber un texto explicativo en el sitio para que la gente sepa qué se está haciendo.
–¿Podría resumir los avances desde 2020?
— Cuando llegamos, tras la pandemia, el deterioro de las instalaciones se había acelerado por falta de mantenimiento. El gobierno nacional evidenció este daño patrimonial y creó la comisión para acelerar la recuperación. Los pilares han sido: recuperar la capacidad operativa de la universidad, atender patologías estructurales profundas y restaurar las obras de arte. Además, hemos restituido las condiciones originales.
Hoy podemos ver colores y paisajes que no veíamos en décadas. Se han recuperado los tonos originales de la paleta de Villanueva en casi todas las facultades. Por ejemplo, en la Escuela de Geografía se restituyó un mural de Víctor Valera que había sido tapado por un salón. Es un motivo de orgullo que profesionales del país se hayan abocado a dar soluciones que son ejemplo para el mundo.
–Profesor, ¿cuál ha sido el presupuesto asignado para esta recuperación?
— Buenos, los presupuestos en este caso no son manejados por mí. Los presupuestos son manejados por la Fundación Venezuela Bella y otros componentes del Ejecutivo. También hay instituciones que colaboran con capacidades internas, como Metro Los Teques, que aporta maquinaria para el mantenimiento. No son siempre aportes monetarios directos, sino capacidades locales puestas al servicio de la universidad.
–¿Estas rehabilitaciones van de la mano con las recomendaciones de la Unesco?
— Absolutamente. Todas las intervenciones importantes se reportan anualmente a la Unesco. Hemos recibido su visita en dos ocasiones y se han mostrado sorprendidos por los avances en tan poco tiempo. Es un ejemplo de cómo trabajar adecuadamente el patrimonio.
Para lo que queda de 2026, estamos trabajando en la recuperación de auditorios y en estudios científicos profundos sobre los mosaicos deteriorados, como los de la Biblioteca Central. Buscamos reproducir los colores y texturas originales con materiales nuevos que garanticen un mejor desempeño. Todo se acuerda en conjunto con Copred en función de las prioridades de cada espacio.
–¿Tiene esta comisión una fecha de caducidad o se plantea su permanencia?
— La comisión seguirá trabajando según las necesidades. Las capacidades actuales de la universidad son limitadas debido a factores como el bloqueo y las sanciones que han debilitado a las instituciones. Entre 2019 y 2021, Venezuela recibió apenas el 1% de los ingresos que percibía en 2012. Es difícil esperar el 100% del presupuesto cuando el país recibe el 1%.
Venezuela fue bombardeada económicamente y eso afectó a universidades, hospitales y servicios públicos por igual. No es que se haya negado el presupuesto deliberadamente, es que el país no lo tenía debido al bloqueo severo. Nuestra preocupación ahora es hacer que esta recuperación sea sostenible y eficiente para no regresar a condiciones de deterioro. El entendimiento conjunto nos llevará a mejores estadios de vida.
–Para cerrar, es inevitable contrastar esto con el hecho de que antes de las sanciones (2013-2014) la universidad ya denunciaba déficit presupuestario.
—Todas las instituciones pasamos presupuestos y no necesariamente recibes el 100%. Pero si el país recibe el 1% de lo que percibía antes, las limitaciones serán generalizadas. Esta es una oportunidad para reflexionar y mejorar la convivencia. La UCV ha sido un ejemplo de ello: gobierno y autoridades universitarias se sentaron, con sus diferencias, para trabajar por el patrimonio. Queda mucho por hacer, pero debemos ser empáticos con la realidad que enfrentó todo el país.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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